Desde la heterodoxia

A las puertas de una nueva Gran Recesión

Paseando este fin de semana por las calles de un pueblo costero me sorprendió cómo había aumentado el número de apartamentos que colgaban los famosos carteles “se vende”. ¿Qué puede pasar por la cabeza de alguien que, tras cuatro años de crisis, pone ahora a la venta su casa o apartamento, en la playa o en la montaña? Simple y llanamente la necesidad forzosa de reducir su deuda a toda costa.

Esta pequeña anécdota me sirve para introducir un riesgo evidente no contemplado por las autoridades económicas, patrias y foráneas. La actual crisis sistémica está a punto de entrar en una nueva fase de profundización de la misma. Nos aproximamos, si nadie lo remedia, a una depresión económica que se conoce como deflación por endeudamiento. Es el resultado de un diagnóstico erróneo de la actual crisis económica sistémica, promovido y alentado por las élites extractivas. No hemos aprendido nada.

Sirvan dos datos como muestra. Este viernes se publicó el consumo y la renta personal de Estados Unidos correspondiente al mes de enero de 2013. La tasa de ahorro del país norteamericano se situó en el 2,4% de la renta personal disponible, cifras próximas a los mínimos de 2007, y muy alejadas de su media histórica, alrededor del 7,5%, a la cual revertirá, no les quepa ninguna duda.

O aumenta la renta disponible mediante incrementos salariales, y paralelamente se reduce de la carga financiera de la deuda de las familias mediante una reestructuración de la misma, ojalá; o las familias tratarán de reducir sus deudas mediante un ajuste brutal en el consumo privado, y en algunos casos malvendiendo el colateral de la misma. Es el inicio de la deflación por endeudamiento que nunca entendió el monetarista Bernanke.

En nuestro país, la situación asusta. En un blog previo ya comentamos cómo la dinámica de precios nos aproxima a una deflación por endeudamiento. Nuestro IPC en enero de 2013, a impuestos constantes, registró un crecimiento interanual del 0,6%, y la inflación subyacente del 0,2%. Estas cifras reflejan no una ganancia en competitividad, como algunos afirman, sino un hundimiento puro y duro de nuestra demanda interna en plena recesión de balances. Si no se frena la actual política económica España se encamina a una deflación por endeudamiento.

Qué es la deflación por endeudamiento

Para poder entender los verdaderos riesgos de la deflacióndebemos distinguirentre sus versiones positiva y negativa: deflación benigna, y deflación por endeudamiento.

Una de deflación benigna consiste en un descenso en los precios asociado a progresos tecnológicos y mejoras de productividad, bien sea en determinadas industrias o en la economía en general. Como consecuencia con el mismo salario tenemos más capacidad de compra. Para que sea benigna, la deflación generalizada debe estar bajo control, ser moderada en cuanto a su evolución, y estar asociada a un continuado crecimiento económico. Un ejemplo de deflación benigna es el período 1869-1896 en los Estados Unidos, donde los precios descendieron de promedio un 2,9% anual, mientras que el PIB real crecía un 4,6% anual de promedio. Corresponde a las décadas tras la Guerra Civil, asociadas a tremendos avances tecnológicos.

Por el contrario, la deflación por endeudamiento consiste en un descenso en los precios causados por la incapacidad de los deudores para pagar sus deudas. La forma natural de llegar a una deflación por deuda sería la siguiente: una burbuja especulativa termina; los precios de los activos (acciones y casas) se colapsan; los especuladores, e inversores apalancados son incapaces de pagar sus deudas. La severidad de tal espiral deflacionaria puede variar desde una recesión moderada, a la Gran Depresión de los años 30.

Ambas deflaciones se asocian a dos efectos de la deflación diametralmente opuestos: el efecto estático o “a la Keynes” versus el efecto dinámico o “a la Mundell, por ser dichos economistas, Keynes y Mundell, quienes los detallaron.

El efecto estático consiste en un aumento de la holgura monetaria como consecuencia de la caída de precios. Con una determinada cantidad nominal de dinero se puede comprar más bienes, por lo tanto, los saldos reales aumentan. La curva de demanda agregada es pronunciada. La caída en demanda agregada afecta a los precios más que a la producción. La deflación”sustituye” a la depresión.

El efecto dinámico funciona a través de las expectativas. Si la gente espera que la deflación continúe, prevén que los precios serán aún más bajos en el futuro que ahora. Como consecuencia se abstienen de hacer adquisiciones en espera de poder beneficiarse de unos precios inferiores; son reacios a pedir préstamos a cualquier tipo de interés nominal, porque tendrán que devolver el préstamo en unos euros ó dólares que valdrán más cuando los precios sean inferiores a los de ahora. En resumen, los tipos de interés reales se elevan por encima del tipo nominal (por ejemplo, supongamos un tipo de interés nominal de un depósito es el 2% y la inflación del -1%, luego el tipo de interés real será del 3%). La deflación “causa” depresión.

Nos aproximamos a una Gran Recesión

En la crisis económica actual, de fuerte sobreendeudamiento del sector privado, que hasta ahora apenas se ha reducido, la política monetaria es ineficiente, y el efecto de las políticas fiscales expansivas es limitado. O se produce una reestructuración de la deuda o nos veremos abocados a una intensa depresión económica. Los argumentos los podemos encontrar en el último Irving Fisher, aquel que tras arruinarse en bolsa durante la Gran Depresión dejo ser monetarista, y ofreció la mejor explicación que hasta ahora se ha dado sobre en qué consiste y cuáles son las consecuencias de la deflación por deuda, en su artículo magistral de 1933 publicado en Econometrica“The Debt Deflation Theory of Great Depressions”.

Irving Fisher describió como un proceso de desapalancamiento como el actual podría llevar a una deflación por deuda: la liquidación de la deuda obliga a vender los activos en una situación de dificultad o apuros, a una contracción de los depósitos, y a una desaceleración en la velocidad de circulación del dinero. El mecanismo ya lo detallamos en un blog previo.

Los últimos datos económicos, leyéndolos de manera adecuada, nos sugieren que se está abriendo una puerta que creíamos cerrada, porque la lucha contra la deflación en una recesión de balances como la actual jamás se debería haber hecho mediante una política monetaria expansiva y duros ajustes fiscales y salariales. Llevamos mucho tiempo avisando, para que luego no digan que nadie lo predijo, y el reloj continúa corriendo su curso, tic-tac, tic-tac, tic-tac.


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