Desde la heterodoxia

El problema no es el mercado laboral, sino la banca

He de confesar mi perplejidad y sorpresa nada más leer, releer, y escuchar en los distintos medios de comunicación los “sesudos” análisis en torno al último dato de empleo publicado por el Instituto Nacional de Estadística. En la mayoría de ellos hay una plena y llamativa coincidencia en el análisis, lo cual sugiere que hay gato encerrado.

Todos los medios de comunicación atraviesan una difícil situación económica, en parte por la megalomanía de sus directivos y propietarios, y están participados por distintas empresas vinculadas a los dos grandes sectores causantes de la actual crisis económica, la banca y las constructoras.

A partir de aquí cualquier persona libre, con espíritu crítico, debe realizar un análisis honesto de lo que está pasando. Trataré de resumir brevemente mi aproximación.

Primero. La actual crisis económica nada tiene que ver con los elevados salarios de los trabajadores, ni con la rigidez del mercado laboral. La participación del factor trabajo en la renta nacional se encuentra en niveles mínimos históricos, y los salarios en muchos casos no garantizan una exclusión de la pobreza, algo intolerable. Además, despedir es muy fácil, a los datos de empleo me remito.

Segundo. Si el desempleo en nuestro país fuera consecuencia de la legislación laboral, por qué País Vasco y Navarra presentan tasas de paro europeas, por debajo del 14%.

Tercero. España presenta una crisis de deuda. Los sectores privados (familias, empresas, y entidades financieras) están altamente endeudados en torno a un colateral, la vivienda, cuyo precio aún no ha caído todo lo que debería hacerlo según distintas métricas. La semana pasada La Caixa estimaba que la vivienda en España debería caer desde máximos un 60% -sólo ha descendido alrededor del 30%.

Cuarto. Como consecuencia, los sectores privados ni consumirán ni invertirán. Sólo ahorraran para reducir su deuda. Este proceso se ve exacerbado por las autoridades económicas, al favorecer políticas deflacionistas: rebajas salariales, aumentos impositivos, y además ni un triste intento por reducir o reestructurar la deuda. Al final lo acabarán haciendo.

Quinto. La banca presenta un problema de solvencia, no de liquidez. Se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. La Comisión Europea reconoce que en los tres últimos años ha aprobado en ayudas a los bancos 4,5 billones de euros el 36,7% del PIB de la Unión. Incluyen medidas de impulso de liquidez en el sistema, garantías y avales que son ejecutables si las entidades financieras no son capaces de sanear sus cuentas, y ayudas directas a la recapitalización. En España se necesitará al menos un 20% del PIB según nuestros cálculos. O lo pagan los acreedores o lo pagan los contribuyentes.

Sexto. En este contexto la banca no hace su labor, es decir, prestar. Han decidido dejar de prestar a quienes no les van a devolver. Además habrá futuros fallidos de sus viejos préstamos, lo que implicará futuras pérdidas que recortarán más su capital.

Séptimo. Finalmente, y frente a opiniones muy cualificadas, Europa decide optar por la restricción fiscal. Recuerden, “la letra con sangre entra”.

Octavo. Si juntamos todo, nos encontramos con que la demanda efectiva se ha hundido. Y como resultado de ello aumenta el paro. No al revés. La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta y de las dotaciones existentes.

Llevamos ya cuatro años perdidos, no solo en España. La condición necesaria para recuperar el empleo es reducir la deuda, pero no a costa del crecimiento. La banca debe reducir de manera brutal el tamaño de sus balances y que paguen los platos rotos sus acreedores, es decir, accionistas y bonistas. Y el gobierno podría, a la vez que recapitaliza los bancos, buscar mecanismos de reducción de la deuda de los agentes económicos, estableciendo procedimientos de recuperación de dicha quita en el caso de que aumentara el valor de los activos. No hay nada que descubrir, todo ello se hizo con éxito en el pasado.


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