OPINIÓN

Los privilegios de las élites: la fuente de la desigualdad

Las cúpulas empresariales y bancarias están copadas por psicópatas, capaces de arruinar economías y sociedades.

Los privilegios de las élites: la fuente de la desigualdad.
Los privilegios de las élites: la fuente de la desigualdad. EFE

Es un hecho evidente que la desigualdad está aumentando a nivel mundial, y este aumento es profundamente desestabilizador, autodestructivo. Varias preguntas nos acechan de inmediato. ¿Podemos evitar el destino marcado por la desigualdad? ¿O nos veremos abocados a caer en un futuro sombrío, similar al descrito en Los Juegos del Hambre? Para ello debemos responder sólo a una pregunta, ¿por qué el abismo entre la superclase y el resto de la ciudadanía se ha ampliado tan dramáticamente? La respuesta se reduce a una palabra: privilegios.

Hay muchos tipos de privilegios, pero todos comparten unos rasgos comunes: brindan beneficios, riqueza y poder no derivados del trabajo

Hay muchos tipos de privilegios, pero todos comparten unos rasgos comunes: brindan beneficios, riqueza y poder no derivados del trabajo. Por eso, el privilegio es desestabilizador. Reduce la productividad, genera incentivos perversos y alimenta la injusticia social. El problema es que quienes obtienen los privilegios no han escatimado esfuerzos para que sea el Estado quien les confiera parte de los mismos a costa de los derechos y libertades del resto de la ciudadanía. ¿Cómo? A través de la represión, que adopta diferentes caras.

Nos referimos a la represión de los trabajadores, mediante una congelación o disminución de sus salarios, y un empeoramiento de sus condiciones de trabajo. Lo que se persigue es sustituir un sistema laboral decente por el modelo de Bangladesh. Nos referimos a la austeridad, cuyo objetivo último es acabar con el estado de bienestar, sustituyendo las prestaciones sociales por leyes de pobres. Nos referimos a la represión financiera, mediante la cual siempre se protege la riqueza de la superclase. Nos referimos a la represión de los contribuyentes, bien sea mediante el rescate de pérdidas privadas con dinero público, a costa del gasto social e inversión pública; o bien permitiendo paraísos fiscales y/o facilitando las extracción de rentas del suelo, todo ello a costa de incrementar hasta límites intolerables la imposición al factor trabajo y el IVA.

Erradicar los privilegios

Se trata de un nuevo vasallaje, donde los señores feudales -el capitalismo corporativo- se apropian de nuestra renta y riqueza. La única manera de fomentar la estabilidad sostenible es desmantelando todos los privilegios institucionalizados. Por lo tanto, es un imperativo moral erradicarlos. El privilegio es inmoral, ya que la creciente desigualdad es la única salida posible para mantener el actual statu-quo de privilegio. El privilegio es explotador, parasitario, depredador y destructivo para la sociedad y la economía, y genera desigualdad por su propia naturaleza. Despojado de su esencia, el privilegio no es más que un chantaje institucionalizado. Recuerden la idea extendida en plena Gran Recesión de rescatar bancos para defender a los depositantes. ¡No, gracias! Solo se estaba protegiendo a los acreedores y a la gerencia. Por eso la única forma de revertir la creciente desigualdad es cortar por lo sano su fuente: el privilegio. ¿O es que se piensan que la mayoría de los multimillonarios lo son por su capacidad de trabajo? Echemos una ojeada a lo sucedido en las últimas décadas: pura distopía.

A los que antes se consideraban ricos, ahora, por obra y gracia del lenguaje, se les presenta como aquellos que trabajan muy duro para obtener una recompensa

Las élites no han dudado en manipular, enfangar y poner sus sucias manos hasta en los conceptos más románticos, en esos sueños y héroes de la literatura popular presentes en el subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los humillados. Los poderosos se han apropiado del mito de Robin Hood para su beneficio. En la nueva versión de Robin Hood los otrora pobres y débiles -desempleados, discapacitados, refugiados…- han sido recolocados en el cuadro conceptual donde solíamos situar a los más ricos y poderosos. Son ellos, la categoría social previamente etiquetada como "pobre", a quienes se les acusa de vivir en grandes casas, revolcarse en el lujo y no tener ganas que trabajar. Les presentan como vagos, perezosos, parásitos. Mientras que los que antes se consideraban ricos, ahora, por obra y gracia del lenguaje, se les presenta como aquellos que trabajan muy duro para obtener una recompensa más o menos justa. Bajo ese lenguaje perverso, “hay que apoyar a esta nueva categoría de pobres”, los otrora ricos. En esta nueva versión del mito, Robin Hood es el que rebaja los impuestos a los ricos. Hay que sabotear al sheriff de Nottingham y sus malvados dispositivos de recaudación de impuestos, entre ellos el de sucesiones y herencias.

Se trata de ganar pasta a toda costa

Si tuviéramos que buscar una explicación "general" sobre el por qué la gran mayoría de los hogares españoles se encuentran a final de mes con el agua al cuello, recurriríamos a dos hechos. Por un lado, el estancamiento de los ingresos. Por otro, la puesta en acción de los privilegios. Las élites corporativas, esos nuevos rentistas, a la vieja usanza de los otrora señores feudales, con la ayuda inestimable de los políticos de turno, en nombre del libre mercado, exigen que los gastos esenciales de las familias se dejen al libre albedrío del mercado. Nos referimos a la vivienda, a la educación, a la salud, a la energía, al propio trabajo (pensiones). Todos estos costes, gota a gota, están esquilmando los ingresos de los hogares, mientras que una generación entera, la más joven, se transforma en siervos de la deuda utilizada para financiar el acceso a los mismos.

El objetivo ideal de las élites psicópatas es llegar a una situación similar a la de los Estados Unidos. ¡Qué todo se deje al albedrío del libre mercado!

El objetivo ideal de las élites psicópatas es llegar a una situación similar a la de los Estados Unidos. ¡Qué todo se deje al albedrío del libre mercado! Ya sabemos las consecuencias. Si dejamos la educación al libre albedrío del mercado, se iría despojando a los hogares de sus ingresos a medida que generaciones enteras se transformarán en siervos por el pago de la deuda de préstamos estudiantiles. Lo mismo pasaría con la sanidad, la vivienda,… En este último caso, las inflación de activos creadas por los bancos centrales han ido inflando el precio de las casas, de manera que la vivienda en propiedad queda fuera del alcance de muchos, empujando la demanda de viviendas de alquiler que ha llevado a su vez a la estratosfera los alquileres en ciudades como Madrid o Barcelona. Tal como sostiene Jon Ronson, autor de “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, y, sobre todo, “¿Es usted un psicópata?”, las cúpulas empresariales y bancarias están copadas por psicópatas, capaces de arruinar economías y sociedades. Lo peor es que al final no se les exige ninguna responsabilidad por las consecuencias de sus actos, mientras que destrozan la vida de miles y miles de familias, de manera que el Totalitarismo Invertido continua avanzando. La pregunta es ¿hasta cuándo?


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