Desde la heterodoxia

El principio rector de las élites gobernantes

Este martes participé en el XIII fórum de la educación madrileña donde compartí y debatí con los allí presentes mi modesta visión sobre el actual escenario económico y las perspectivas de corto y medio plazo. La idea central de las jornadas, que se extenderán el martes próximo con la proyección cinematográfica de la película de David Trueba “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, era transmitir que sí se puede, que existen otras políticas económicas y sociales.

Frente a mi pesimismo derrotista, la gente allí presente transmitía optimismo, confianza en que algo se está moviendo, la percepción de que las movilizaciones y las protestas no caen en saco roto. En contraposición a la desmovilización cívica, implícita en el Totalitarismo Invertido en el que vive nuestra querida España, la apatía, y el miedo que todo lo paraliza, una parte importante de la ciudadanía se moviliza bajo la firme creencia de que pueden cambiar la dirección y el destino de nuestro devenir futuro. Confían en que aquellos que de manera continuada nos han expoliado, mentido, y empobrecido inmisericordemente darán su brazo a torcer. Y ya no me refiero a los dirigentes políticos actuales, absolutamente insignificantes.

Para ello es fundamental la forma de informarnos y educarnos. Frente a una máquina de propaganda institucionalizada a través de medios de comunicación aduladores con el poder, la ciudadanía empieza a buscar fuera de los canales habituales su propia opinión. La jerarquía de noticias de los voceros mediáticos del poder en la sombra, hace tiempo que dejó de coincidir con la percepción de la realidad de una gran parte de la ciudadanía. La realidad está siendo muy dura. La pobreza, la miseria, el paro, la precariedad, las mentiras y los abusos continuados de quienes en un principio fueron elegidos democráticamente para hacer todo lo contrario, configuran el escenario alternativo al de los medios dóciles.

El instinto de clase

Mi presentación quiso dejar claro que desde el inicio de la actual crisis sistémica había soluciones mucho más justas y eficaces al problema de la deuda privada y recesión de balances. De ello ya hemos hablado largo y tendido desde esas modestas líneas. La pregunta es: ¿por qué fueron ignoradas? Además de la incompetencia estructural de una ortodoxia económica que mamaba de una teoría neoclásica basada en hipótesis de partida falsa, el problema de fondo era otro, el instinto de clase. Y es así donde ese optimismo que me transmitía la gente desaparece de inmediato. El 1% más rico, aquellos que de verdad han dirigido nuestros destinos, acabó imponiéndose definitivamente en la resolución de la actual crisis sistémica. Nos referimos a aquellos que nos aseguraban que cualquier ruptura radical con las políticas del pasado acabarían en catástrofe. En realidad la catástrofe ha sido inmensa, más allá de lo que algunos pesimistas preveíamos.

El problema actual es que estas mismas élites continúan trabajando duro, diseñando cambios muy radicales que les permita mantener su status-quo. Todos hemos visto la disminución de los niveles de vida y somos muy conscientes de los cambios que nos afectan directamente. Pero el verdadero significado de los cambios que pueden desarrollarse durante los próximos meses me aterra. Su objetivo último es proteger la riqueza y poder de la superclase, y no duden que si hiciera falta, promoverán un desmantelamiento político radical de lo que queda de nuestra democracia. Sí, lo sé, quizás sea demasiado pesimista. Pero déjeme explicar cómo lo van a intentar hacer.

Deuda global, oligopolios, sistema financiero

La superclase intentará conservar y consolidar su control sobre el sistema global de la deuda. Para ellos es vital porque si al final acaba imponiéndose la visión de aquellos que consideramos que hay que reestructurar el sistema financiero a costa de gerencia y acreedores, y renegociar una deuda de Occidente que no se va a poder pagar, automáticamente se arruinarían y perderían el control del poder. Es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que emerja una nueva clase política que asuma estas medidas. El problema es que esta realidad es desconocida e ignorada incluso por aquellos que se están movilizando activamente.

Siguiendo el Totalitarismo Invertido de Sheldon Wolin, la superclase intentará que definitivamente el poder de regular los distintos oligopolios deje de corresponder a los gobiernos y sea efectivamente controlado por las corporaciones. Aquí nos jugamos mucho. En nuestro país la batalla ya está perdida desde el momento que dichos oligopolios, vía powert point, consiguieron que el actual ínclito monclovita agrupara todos los organismos de control de la competencia en uno solo.

La superclase trata además de “profesionalizar la gobernabilidad”. Según ellos la democracia puede y debe ser castrada. Para ello insisten en que los funcionarios electos deben tomar el consejo de profesionales, asesores, esos mismos que ahora dicen digo donde antes decían Diego. A través de ellos imponen las actuales políticas económicas.

Finalmente, y ello es cada día más evidente y aterrador, el sistema financiero insolvente necesita con urgencia activos no comprometidos para alimentar el sistema de emisión de deuda. Y estos activos en los últimos años son la deuda soberana, que ya no se financia con nuestros impuestos, sino que es una banca insolvente la que llena sus carteras masivamente para sí continuar chantajeando y de qué manera a nuestra clase política. Lo sé, quizás estoy siendo demasiado pesimista, pero la historia demuestra que si la ciudadanía no reacciona al final la involución acabará imponiéndose. El principio rector de las élites gobernantes era, es y seguirá siendo trivial: cuando el cambio amenaza con imponerse, entonces se cambian las reglas. No obviemos en nuestro posibilismo esta regla elemental, anticipémonos, reaccionemos, cojámosles a contrapié.


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