Desde la heterodoxia

Por qué es positiva la victoria de François Hollande

El diagnóstico de la ortodoxia sobre la crisis de la Zona Euro además de incorrecto esconde el fracaso de las políticas económicas dominantes. Las medidas de austeridad fiscal implementadas por las autoridades europeas, junto a los recortes salariales y al empeoramiento de las condiciones laborales, son los responsables últimos de la recesión económica en la que ya está inmersa la Zona Euro.

La victoria de François Hollande abre una muy pequeña puerta a la esperanza, especialmente para nuestra querida España. Los actuales gobernantes patrios, por cuestiones ideológicas o por puro desconocimiento, han diseñado una política económica encaminada única y exclusivamente a proteger a unos acreedores y a una élite financiera que asumieron excesivos riesgos y cuya avaricia llevó a una expansión incontrolada de los balances bancarios, actualmente insolventes.

Cambios estratégicos

A principios de año asistí a una reunión informal en Stuttgart de distintos movimientos paneuropeos, donde se discutió sobre el futuro de la Zona Euro. Uno de los ponentes fue Frank Biancheri, responsable de uno de los más importantes think tank de Europa, el francés LEAP 2020, quien analizó las consecuencias de una más que probable victoria de François Hollande, que finalmente se confirmó, y que se recogen en el informe de abril de dicho think tank.

Según Biancheri la victoria de Hollande activará una serie de cambios estratégicos que afectarán profundamente a Europa, acelerando considerablemente las transiciones geopolíticas que se están desarrollando a nivel mundial desde el comienzo de la crisis global en 2008. Llegó a afirmar que los resultados y las consecuencias de la elección presidencial francesa tenían mucha más importancia que la de la próxima elección presidencial estadounidense de noviembre de 2012. Aunque Francia es un país mucho menos poderoso que los Estados Unidos, ocupa una posición estratégica tanto en Europa como a nivel mundial que lo convierten en un actor clave en el surgimiento del “mundo de mañana“, citando el título del último libro de Franck Biancheri.

François Hollande tiene un planteamiento propio sobre Europa y el papel que debe cumplir Francia y ha manifestando claramente su intención de explorar activamente las oportunidades de colaboración con los nuevos poderes emergentes (BRICS). Ello significará una quiebra importante con la ausencia de visión y de estrategia europea de los cinco años de presidencia de Nicolas Sarkozy marcados por una subordinación sin precedentes en la historia reciente de su país al dominante poder estadounidense.

Biancheri subraya dos tendencias notables que van a caracterizar los dos primeros años del nuevo poder francés. Por un lado, la afirmación de Francia en una política europea-gaullista o mitterand-gaullista, es decir, una política exterior europea que hace de la independencia una prioridad estratégica. Por otro lado, una acelerada exploración de las posibles relaciones económicas con los BRICS, particularmente en un contexto de una futura colaboración Euro-BRICS.

Política exterior europea mitterand-gaullista

Nicolás Sarkozy llevó a cabo la reintegración de Francia en la organización militar de la OTAN. Sin embargo, el presidente saliente no negoció nada, y consiguientemente nada obtuvo a cambio del retorno de Francia a esta organización militar.

Con Hollande, según Biancheri, habrá una acción en dos tiempos. En primer lugar, la exigencia de un cierto número de contrapartidas en cuanto a posiciones militares claves para Francia en el seno de OTAN. En segundo lugar, la implementación, a más tardar en 2015, de un pilar europeo de defensa fuera de la OTAN pero relacionado a ella.

Francia podrá contar con el apoyo de la mayoría de los países europeos continentales a quienes las aventuras libias y afganas convencieron definitivamente de la necesidad de cambios substanciales en el seno de la Alianza Atlántica. A través de un mayor apoyo presupuestario de los europeos para sus propios gastos de defensa, Estados Unidos, frente a una drástica reducción en su presupuesto militar, no le quedará más remedio que aceptar la nueva situación. Sólo el Reino Unido se opondrá a este desarrollo antes de sumarse, ya que no tiene más recursos financieros, militares y diplomáticos para su política.

Consecuencias económicas globales

En materia económica global, tras Alemania, ya muy avanzada en el proceso de cooperación diplomática con los BRICS, Francia se comprometerá en un enfoque más estratégico, con una sentido europeo comunitario dirigido a formular ejes comunes Euro-BRICS de acción en las organizaciones internacionales (reformas del FMI, del Consejo de Seguridad de la ONU) y sobre todo reforma fundamental del sistema monetario internacional (la sustitución del dólar como pilar del sistema).

Según Biancheri, la cumbre del G20 en Moscú durante el primer semestre 2013 será la primera materialización en esta dirección. Estimulando sólo estos dos cambios, el nuevo poder francés habrá contribuido de manera decisiva al desarrollo de la gobernanza mundial post-crisis.

Consecuencias económicas para Europa y España

Desde este humilde blog llevamos tiempo defendiendo la necesidad de un programa de infraestructuras paneuropeo centrado en energía, transporte, educación, investigación y desarrollo, e infraestructuras de tratamiento del agua. Se trataría de un nuevo Plan Marshall. Pensamos que dicho programa se verá favorecido por la victoria de Hollande.

¿Cómo se financiaría? Diversas voces hablan abiertamente de la propuesta de Michel Rocard que ya detallamos en el blog Frente al BCE, un sí a la propuesta de Michel Rocard”. Recordémosla brevemente. Lo primero es rehabilitar la capacidad de generar crédito de algunos estados europeos altamente endeudados. Una solución a corto plazo es la propuesta enunciada por el ex-primer ministro francés Michel Rocard. Según Rocard, el BCE podría, sin ningún impedimento legal, prestar a un interés del 0,01% al Banco Europeo de Inversiones (BEI), en vez de comprar deuda pública en los mercados secundarios permitiendo que se encarezca el crédito y dando beneficios a los inversores privados que intermedian. De esta forma el BEI podría financiar al 0,015% a los estados castigados por los mercados financieros reduciendo drásticamente el coste de su deuda.

Los actuales estatutos del BCE no le autorizan a prestar a los estados miembros, pero los artículos 21.3 y 23 del estatuto del sistema europeo de bancos centrales establecen que el BCE puede prestar sin límite a los organismos públicos de crédito y a las organizaciones internacionales. Esta propuesta permitiría que no se extendiera la quita sobre la deuda pública griega a otros países en dificultades como Portugal, Irlanda, Italia y España. Opción que no habría que descartar en el futuro, si las cuentas de esos países quedan lastradas por las medidas de ajuste que se están imponiendo desde Berlín y París, así como por la exigencia de que sean sólo los estados nacionales quienes que avalen la deuda de sus bancos.

Bajo este análisis mejorarían algo mis previsiones para España recogidas en el blog “Política Económica de Rajoy: España será intervenida”. La política fiscal retomaría su papel en una recesión de balances, y evitaría una depresión económica. Haría falta que el equipo económico de Rajoy entendiera esta idea, aspecto que aún no tengo nada claro. La propuesta de Michel Rocard disminuiría la dependencia de la deuda pública española de los mercados, y al final reduciría nuestra prima de riesgo. En caso contrario atémonos los machos.


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