Desde la heterodoxia

La política económica ha fracasado

Llevamos años en los que los políticos de turno, éstos y los anteriores, no dejan de tratarnos como niños, de esconder una realidad dolorosa, de ocultar el empobrecimiento de la inmensa mayoría de los españoles. Y todo por proteger un entramado político, económico y mediático quebrado. Nos mienten descaradamente, compulsivamente, cínicamente. Estábamos en ésas cuando, de repente, inesperadamente, los datos de empleo de la Encuesta de Población Activa del primer trimestre del año en curso nos devuelven a la dura realidad, España continúa destruyendo empleo. Profundizando un poquito más en los datos, veremos como la radiografía es aún peor de lo que aparenta.

Por eso, llama la atención la reacción del ínclito monclovita, “estoy muy contento, las cosas van bien”. Alucinante, ¿verdad? Tratan de desviar la atención y, en plena anestesia colectiva suministrada por los discípulos “goobelianos” patrios, estiman que sus conciudadanos ya admiten cualquier trágala. Ahora se agarran a los datos de crecimiento económico, del PIB. Pero háganme caso, olvídense de ellos. Serán “ajustados” a la baja en las revisiones posteriores que el propio Instituto Nacional de Estadística (INE) hace, tanto en agosto de este año y, sobretodo, en 2015, una vez dispongan de toda la información necesaria. Ya pasó con los datos de 2010 y 2011. Y donde dije digo, ya verán que sorpresa.

El mercado laboral continúa en la UVI

Las cifras del mercado laboral correspondientes al primer trimestre de este año no pueden ser más desalentadoras. Pero por encima de todo hay tres rasgos duros, muy duros. Primero, la ocupación baja en 184.600 personas este trimestre, hasta un total de 16.950.600, niveles de 2002. Pero la gran sorpresa para la inmensa mayoría de los economistas patrios es que además también desciende el número de ocupados cuando se ajustan por estacionalidad.

Segundo, el número de activos cae en este trimestre en 187.000 personas, hasta situar la población activa en 22.883.900. La tasa de actividad se sitúa en el 59,46%, la más baja desde el segundo trimestre de 2007. Con ello se está hundiendo nuestro crecimiento potencial. Únase a ello la realidad demográfica, un envejecimiento acelerado de la población.

Tercero, el tipo de empleo es muy precario. El empleo indefinido sigue cayendo (210.000) mientras el temporal repunta (152.500); los contratos por horas suben (55.700) y los de jornada completa descienden (-135.200). Además las horas extra no pagadas crecen hasta representar el 60% del total. Como corolario final, se hunden los salarios, de ahí que la recaudación de la Seguridad Social corra su curso, a la baja. Y de estos lodos, la actual deflación.

Fracaso de la política económica del Gobierno

Lo que subyace en la dinámica de nuestra querida España, es el fracaso más estrepitoso de la política económica, de los economistas. Todos los análisis que se hicieron sobre la economía española presentaban dos clarísimas deficiencias. En primer lugar, un diagnóstico erróneo sobre las razones que provocaron la actual crisis sistémica. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, las recetas ofrecidas ahondaron aún más el empobrecimiento de nuestro país.

España ni tenía ni tiene ningún problema de competitividad. Nuestras exportaciones crecen de manera espectacular desde principios de los 90, tanto en márgenes intensivos como extensivos. El problema era otro, un modelo de crecimiento económico muy lucrativo para las élites patrias, oligopolios varios y sus apéndices políticos. Salvo el sector industrial y exportador, todo lo demás era una gran mentira, un puro espejismo, una mera burbuja inmobiliaria y una orgía de endeudamiento masivo inducido por un sistema bancario descontrolado.

Llevamos más de cinco años de mentiras, de engaños, de falsedades. Los organismos multilaterales y nuestras autoridades económicas están ocultando la realidad de España. La situación de nuestro país bajo la actual dinámica es insostenible. Tenemos un volumen de deuda privada y pública que no se va a poder pagar, salvo que pretendamos arruinar las expectativas de vida de los españoles. Lo que empezó siendo un problema de deuda privada ha acabado contaminando definitivamente a la deuda pública. Las dinámicas de ambas están ya fuera de control. Bajo este escenario, quien financió esta deuda, el sistema bancario, es insolvente. Todo se resume en una idea sencilla, no hay dinero para implementar ninguna política económica. Y esta es nuestra realidad.

Cómo generar empleo

Es curioso, aquellos que se llenan la boca a la hora de hablar de rigideces, de exigir reformas, eufemismo con el que se refieren a la necesidad de recortar salarios y de acabar con el Estado del Bienestar, se olvidan realmente de que son ellos quienes representan una carga para sus conciudadanos. Obvian que son sus oligopolios –sistema bancario, constructoras, eléctricas, petroleras, telecomunicaciones…- quienes lastran la modernización de nuestro país.

Si realmente queremos reformar nuestra economía, empiecen por mejorar las condiciones salariales y formativas del factor trabajo e implementen definitivamente aquello que urge. Busquen y creen mecanismos de financiación alternativos al bancario. Solucionen el problema energético de nuestro país, atrévanse a fijar el precio de la energía como un mark-up o margen sobre sus costes fijos. Hagan todo lo necesario para que la vivienda sea un bien de uso accesible y no un bien de inversión. Obliguen definitivamente a que los pagos a proveedores se hagan en un plazo máximo de 20 días. No se olviden de reordenar y reducir el sistema bancario a costa de sus acreedores y gerencia. Y, por favor, tiren de una vez por todas a la basura toda la teoría económica neoclásica en la que se apoyan. Además de ser una farsa, es lúgubre, esperpéntica, triste.

Ah, se me olvidaba, léanse uno de los últimos trabajos recientes del Fondo Monetario Internacional, me imagino que nada sospechoso para ustedes, ¿verdad? Se titula Redistribution, Inequality, and Growth, algo así como Redistribución, Desigualdad y Crecimiento, donde se demuestra que la baja desigualdad después de impuestos está altamente correlacionada con un crecimiento más alto y duradero, y que las políticas redistributivas no tienen un impacto negativo en el crecimiento, al revés el gasto en sanidad y educación es positivo. ¡Y miren que hace tiempo que les recomiendo seguir a los postkeynesianos!


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