Desde la heterodoxia

2014, piensen lo mejor y prepárense para lo peor

Nuestras previsiones para 2014 suponen, como ya conocen ustedes, una continuidad de la crisis sistémica que se inició en 2008. Al igual que en 2011 se produjo una doble recesión, anticipamos para 2014 un "triple dip" o triple recesión. Tras el repunte de la actividad en la parte final de 2010, el consenso de los economistas patrios se echó a la piscina previendo para 2011 una expansión promedio del 1,8%. Casualidades de la vida acertaron en valor absoluto, pero el signo fue el contrario, negativo, es decir, el crecimiento fue -1,8%. Pelillos a la mar. La situación a finales de 2013 es objetivamente peor que en la parte final de 2010.

La práctica totalidad de los economistas que participan en el consenso de mercado para nuestra economía se encuadran dentro de la ortodoxia neoclásica. Nunca han entendido el papel de la deuda privada en la actual crisis económica. No anticiparon la brutal contaminación de la misma sobre la deuda pública. Infravaloraron el papel del dinero y del crédito tanto en la aceleración del ciclo en la fase de expansiva como en la actual fase recesiva. Y siguen sin incluir los ciclos de propensión-aversión al riesgo en los mercados financieros en sus previsiones macroeconómicas.

Como consecuencia jamás, ni en sus peores escenarios de riesgo, contemplaron una situación tan caótica como la que vive nuestro sistema bancario. Para colmo siguen sin comprender los efectos desestabilizadores de la flexibilidad de precios y salarios que ellos mismos propugnan, lo que eufemísticamente denominan devaluación competitiva. Pero vayamos por partes.

Deuda privada y crecimiento

Una de las mayores tonterías que uno puede leer en las previsiones de ciertos economistas es que la reducción de deuda de empresas y familias, y por ende el incremento del ahorro de ambos, es un síntoma de recuperación de nuestra economía. Justamente se trata de todo lo contrario, es el diagnóstico de que estamos en una recesión de balances.

Como consecuencia del descenso del colateral y los elevados niveles de endeudamiento, las familias disminuyen el consumo y recuperan, si pueden, ahorro; las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. El objetivo es reducir la deuda a toda costa. Se entra en una recesión de balances.

La pregunta que deberían hacerse estos economistas es hasta cuanto debe reducirse la deuda para poder volver a crecer. Los modelos de Steve Keen, economista postkeynesiano que sí previó esta crisis, sugieren que siguiendo patrones históricos la crisis no acabará hasta que no se recorte la deuda privada de manera substancial y represente entre el 75% y el 100% del PIB. Al ritmo de reducción de los últimos años, desde el actual 312% del PIB necesitaríamos varias generaciones.

La insostenibilidad de la deuda pública

Una vez que el sector privado de nuestra economía entra en una recesión como la actual, técnicamente denominada recesión de balances, se hunden los ingresos fiscales, si bien en nuestro querido país lo han hecho más allá de lo usual para economías desarrolladas. Sin embargo, es desde el lado de los gastos donde la situación se ha hecho todavía más insostenible. La carga financiera de nuestra deuda pública así como los diferentes rescates y avales a distintos sectores privados amenazan, en nuestro escenario para 2014, con acabar provocando una crisis de deuda soberana.

La deuda pública se hace insostenible si durante un período de tiempo largo la carga financiera real de la misma es superior al crecimiento económico real del país. Pero si desde la ortodoxia se propone un ajuste fiscal para generar superávit primario que compense esa diferencia, la realidad ha demostrado que se genera una contracción de la actividad económica todavía mayor, iniciándose un círculo vicioso que se va retroalimentando.

La falacia de la devaluación competitiva

Recientemente la OCDE en su informe sobre Grecia advertía, frente a sus propias previsiones y recomendaciones, que las bajadas salariales reales ni han mejorado la competitividad ni han aumentado la demanda. Todo ha ido a márgenes empresariales. Obvio, puro modelo kaleckiano de demanda efectiva. ¿Pero en qué estaban pensando? La economía es dirigida por la demanda, no por las restricciones que dependen de la oferta y de las dotaciones existentes.

Los factores del lado de la oferta no constituye ninguna restricción ni siquiera a largo plazo, el principio de demanda efectiva se aplica en todas las escalas temporales, dado que la inversión determina causalmente el ahorro. Existen infinidad de equilibrios de largo plazo que dependen de las restricciones impuestas por la demanda y las instituciones. Al final los factores de oferta van a ajustarse, y el efecto renta domina al efecto sustitución, recordemos la paradoja de costes de la que tanto hemos hablado.

El detonante de la triple recesión

El detonante y acelerador de esta nueva ruptura de la tendencia de fondo será un empeoramiento significativo en los mercados financieros. La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos.

Si los mercados incrementan la aversión al riesgo, los tipos de interés a largo plazo repuntarán con fuerza, las bolsas caerán, los diferenciales de crédito se ampliarán, las materias primas se debilitarán, y la volatilidad se disparará. En ese escenario emergerán los problemas de las aquellas economías occidentales altamente endeudadas -Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda, o España entre otras-, y sus sistemas bancarios necesitarán recapitalizarse de nuevo. Se iniciará una tormenta perfecta, que se irá retroalimentando: crisis de deuda-crisis bancaria-deflación por endeudamiento. El crecimiento económico se parará, la recesión se intensificará con fuerza. España continuará con su crisis sistémica. Por eso, piensen lo mejor, que realmente el consenso de mercado tiene razón; y prepárense para lo peor, que mis negros augurios finalmente, y espero equivocarme, se cumplen.


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