Opinión

No permitamos la descomposición de España

No permitamos la descomposición de España
No permitamos la descomposición de España EFE

En nuestro país las desgracias no suelen venir solas. El devenir de nuestra historia nos muestra cómo los períodos de libertad, prosperidad y convivencia pacífica son la excepción. La incultura, la barbarie, la superstición, la mentira, la indecencia son las monedas de cambio de aquellos que pretenden medrar en períodos difusos, confusos. Siempre recurren a lo mismo, al “patriotismo de hojalata”. Y ahora estamos sometidos a una nueva olla a presión donde al Totalitarismo Invertido patrio le ha salido un aliado inesperado, para que todo siga igual, prietas las filas. Sí, me refiero a los separatistas catalanes que cuan vulgares funambulistas, han salido en ayuda de una élite patria corrompida hasta la médula. Despertando los más bajos instintos, ambos nacionalismos pretenden lo mismo: “indultar” a los suyos, a quienes nos llevan medrando durante décadas, sino centurias. Borrón y cuenta nueva. Pobre España. Pero los nacionalistas catalanes han dado un paso más allá, pretenden la descomposición de España. Y llegado este momento, no puedo ser equidistante.

La que han montado los sediciosos catalanes no tiene nombre. Su victimismo es hipócrita, falso. Democráticamente en nuestro país se pueden defender todas las ideas, y lo saben. Pero no todo vale, y no se puede actuar fuera de la ley. ¿Es tan difícil entender este principio básico? No valen los atajos. Su referéndum además de ilegal fue un esperpento. El derecho a la autodeterminación no existe, no está reconocido en la Constitución de ningún país democrático. Ni siquiera la ONU lo reconoce como parte de la declaración universal de los derechos humanos. Y todo ello aderezado con un revisionismo histórico profundamente hilarante, si no fuera por todo el daño que están infligiendo a la ciudadanía española. Está repleto de mitos falsos, de agravios inventados, y es profundamente supremacista. Lo más alucinante es observar cómo, tras la represión franquista a la que estuvieron sometidos muchos catalanes, los nacionalistas se han comportado exactamente igual que los otrora fascistas. ¿Y saben por qué? Para medrar. ¿Pero se han mirado al espejo? ¿Son conscientes que la decadencia de Cataluña es de la misma naturaleza e intensidad que la del resto del país?

No quieren diálogo

El “prusés” separatista fue una estrategia política del nacionalismo catalán para recuperar el control de las calles que se les escapaba con el movimiento del 15-M de 2011, centrado en cuestiones sociales, y muy alejado del nacionalismo. El “patriotismo de hojalata”, a ambos lados, es lo que tiene: cual bálsamo de Fierabrás, desvía la atención de los problemas reales por los que atraviesa el país, favoreciendo en realidad el mantenimiento del statu-quo actual, tanto en Cataluña como en el resto de España, por supuesto. Si es que en realidad se necesitan. Ambos buscan un enemigo con el que alimentar a sus huestes. Pero llegado cierto momento, tanto alimentar al monstruo, los nacionalistas catalanes empiezan a creerse su papel, esa misión divina para la que nacieron, la independencia, y se echan al monte. Ya saben cómo suelen acabar estas aventuras. Pero mientras dure, ¡viva el vino!

El 'patriotismo de hojalata', a ambos lados, es lo que tiene: cual bálsamo de Fierabrás, desvía la atención de los problemas reales por los que atraviesa el país, favoreciendo en realidad el mantenimiento del statu-quo actual"

Los independentistas se presentan ante el mundo como víctimas, cuando son ellos los que llevan décadas utilizando el dinero de todos los catalanes para financiar a los suyos, creando un clientelismo digno de la España más cutre y zafia. La TV3 y RTVE, por ejemplo, son dos caras de la misma moneda, la de la manipulación. Pero además han utilizado ese dinero para llevar a cabo un proceso de sedición en toda regla. Y eso es ilegal. ¿Tanto cuesta entenderlo? ¡No se puede, ni se debe jugar con la salud de la ciudadanía española!

Es otra vuelta al teatro del Barroco, al de las apariencias. Hablan de diálogo, ese nuevo falso señuelo. ¿Saben por la que están pasando estos días numerosos alcaldes catalanes no independentistas, básicamente socialistas? Están siendo sometidos a una presión agobiante, nada pacífica, nada democrática. ¡Que se lo digan a sus guardaespaldas! No hay nada que dialogar con aquellos que en realidad aspiran a cumplir con su épica final, la independencia. No hay nada que dialogar con quienes pretenden declarar unilateralmente la independencia, aunque sea en diferido, con apenas un 30% de los posibles votantes. Y el resto de los españoles ya estamos hastiados de realizar concesiones. Ya no es posible hacer más concesiones, ni en el ámbito del diseño territorial ni de la financiación autonómica. No podemos ofrecer un sistema federal sin un presupuesto federal. Si lo hiciéramos Cataluña sería para el resto de España exactamente igual a lo que ahora representa Alemania para nuestro país, ante la genuflexión más escandalosa de nuestras élites, políticas y económicas.

No puedo ser equidistante

Los cantos de sirena independentistas ocultan la dura realidad catalana, exactamente la misma que la del resto del país. Corrupción, burguesía en declive, mediocridad, pobreza, desigualdad son rasgos distintivos de la Cataluña actual. El nacionalismo burgués catalán ha fracasado. Y de ahí, toda la movida que han montado. Porque en el fondo se trata de eso. En la historia reciente siempre se han dedicado a medrar, al más puro carácter rentista castizo, como en la Mesta, como en la Revolución Industrial. Es exactamente todo lo contrario de lo sucedido en el País Vasco, que vive un momento histórico dulce, y su burguesía también. Pero los independentistas catalanes ya tienen un chivo expiatorio al que echar la culpa, el gobierno de Madrid, que “con su falta de diálogo les ha obligado a echarse al monte”.

Corrupción, burguesía en declive, mediocridad, pobreza, desigualdad son rasgos distintivos de la Cataluña actual. El nacionalismo burgués catalán ha fracasado"

Pero el ejecutivo del actual ínclito monclovita no les va a la zaga. No ha tardado ni dos semanas en rebajar fuertemente el crecimiento económico de nuestro país. Ya lo avisamos, nos la volverían a meter doblada. El efecto de los factores transitorios (política fiscal más permisiva, actuación del BCE, y caídas de los precios de materias primas) que ayudaron a activar el crecimiento español en el período 2014-2017 se está diluyendo como un azucarillo. Si además juntamos la desaceleración global en curso, unos activos financieros sobrevalorados, el aumento previsible de la aversión al riesgo en los mercados financieros globales, en un contexto de niveles récord de deuda soberana y externa patria, entraremos en recesión en algún momento de 2018. ¿Y quiénes serán los culpables según Rajoy? El independentismo catalán. Ya les digo yo, se necesitan mutuamente.

Sin embargo, llegada la gravedad del momento no podemos ni debemos ser equidistantes. El objetivo de los separatistas catalanes es mucho más perverso que el de unas élites extractivas castizas corruptas. Si se cumpliera su objetivo, la independencia, se produciría la descomposición de nuestra querida España, y no se lo podemos permitir, por el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos. Hemos de frenarles con todas las de la ley, porque su objetivo final simple y llanamente no es posible, es una quimera.


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