Desde la heterodoxia

Los países emergentes han dicho basta

Dos hitos de 2013 pueden convertirse en las bases para una nueva arquitectura de la gobernanza mundial. Por un lado, la quinta reunión anual de los países BRIC que se celebra estos días en Durban, y, por otro, la cumbre “Por una divisa global sostenible, desde el caos monetario a la divisa global” que se celebrará del 26 hasta 28 septiembre 2013 en el centro de convenciones internacional de Xi'an, China.

Occidente está inmerso en una profunda crisis económica sistémica asociada a un fuerte sobreendeudamiento del sector privado y a la insolvencia de su sector bancario. La crisis se ha visto agudizada por una combinación de políticas económicas que han fracasado de manera estrepitosa, incrementando el desempleo, aumentando la pobreza, y disparando las desigualdades.

En este contexto, los principales países emergentes, aquellos que más crecen, empiezan a levantar la voz, y exigen un cambio radical del actual sistema monetario internacional, desde la composición de los organismos multilaterales, hasta la propia moneda reserva mundial.

La situación coincide con un hartazgo generalizado en gran parte de las opiniones públicas occidentales. Agotadas por las consecuencias de la crisis y asustadas por la ineficacia de las acciones emprendidas para resolverla, ahora, en todo el mundo, las opiniones públicas están dispuestas a apoyar o acompañar los grandes cambios del ordenamiento que reinó en las últimas décadas, tanto al nivel socioeconómico como geopolítico. Esta actitud será positiva sólo si se orienta a proyectos de solución ambiciosos que reflejen los intereses de la mayoría; de no ser así se transformará, con carácter global, en una furia destructiva dirigida al sistema y los dirigentes en ejercicio.

La cumbre anual de los BRIC

El primer día de la quinta cumbre anual del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ha servido para conocer su intención de poner en marcha unbanco propio, que sirva de contrapeso a un Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional que los BRICS consideran controlados en exceso por Europa y Estados Unidos. Además, sobre la mesa, se estudiará la creación de un fondo conjunto de reservas de divisas extranjeras, así como el establecimiento de un centro de estudios propio y de un consejo de negocios de los BRICS.

Queda claro que los países emergentes se sienten decepcionados por el comportamiento y actitud tanto de países como Estados Unidos o Reino Unido, como de los principales organismos multilaterales –FMI, OCDE, Banco Mundial…- en la crisis actual. Actúan, según ellos, bajo una prepotencia que no se corresponde ni con la realidad económica actual ni con el potencial futuro de sus economías. Y en vez de buscar una solución cooperativa, Occidente quiere seguir conservando sus privilegios.

Por eso ya se han puesto manos a la obra, empezando por acuerdos bilaterales de canje de divisas entre los distintos bancos centrales de los países BRIC con el objetivo de facilitar el comercio entre dichos países independientemente de las condiciones financieras internacionales. Así, por ejemplo, el acuerdo de canje de divisas alcanzado entre Brasil y China tiene un valor de 30.000 millones de dólares, con una vigencia de tres años y el objetivo de proteger los intercambios comerciales entre las dos economías de las fluctuaciones del dólar y las turbulencias financieras internacionales.

La cumbre por una divisa global sostenible

En realidad lo que se está buscando es una alternativa al dólar estadounidense como moneda reserva mundial. Las razones son bastante obvias. ¿Cómo puede la Fed conducir una política monetaria con el objetivo de apoyar las necesidades nacionales de Estados Unidos sobre una moneda reserva global? Obviamente el cartel de la banca anglo-americana luchará por evitar una nueva moneda reserva, ya que el control de la moneda es poder, y, además, tanto Estados Unidos como Reino Unido tendrían problemas de refinanciación de su deuda, pública y privada.

Sin embargo, desde Europa, y obviamente desde los países BRIC, se sabe que esta situación es insostenible. Por eso el Foro Económico Euro Asia, impulsado entre otros por think tanks europeos como el LEAP 2020, ha organizado la Cumbre por una Divisa Global Sostenible que se celebrará del 26 al 28 de septiembre en el Centro de Convenciones Internacional de Xi'an, China.

Tal como se señala en la presentación de la cumbre, “debido a los desequilibrios en el comercio mundial, los distintos países y regiones han adoptado diferentes políticas monetarias para desarrollar y defender sus economías, provocando una grave crisis monetaria internacional, incluso las guerras de divisas y colapsos de deudas soberanas… … Estas circunstancias nos han llevado a promover el establecimiento de un mecanismo internacional para crear una moneda global mediante la organización de la Cumbre por una Divisa Global Sostenible, donde participen economistas y responsables políticos relevantes. El objetivo es que sirva como plataforma internacional para el análisis de los fracasos de los sistemas monetarios actuales y pasados, la discusión y resolución de la crisis monetaria internacional, y para la determinación de las necesidades futuras de todas las naciones y del comercio mundial, mediante la definición de una solución global y sostenible, tal como se anunció en la Cumbre de Río del G20”.

En diferentes blogs he manifestado la necesidad de un sistema monetario internacional centrado en la economía real. Ello requiere, por un lado, una nueva divisa de reserva mundial, a la vez que se materializa una reducción y reestructuración del sistema bancario occidental. Por otro, es necesario, además, una reforma radical de efecto inmediato de las composiciones del capital y de las instancias dirigentes de las principales organizaciones mundiales (FMI, Banco Mundial, OMC, Consejo de Seguridad).

Sin estas reformas, el actual sistema monetario internacional continuará año tras año zozobrando en un creciente caos, afectando terriblemente al comercio mundial, a la economía global y a la cooperación internacional, alimentando el aumento del paro y el empobrecimiento de las clases medias occidentales, y disminuyendo considerablemente el desarrollo de las economías emergentes.


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