Desde la heterodoxia

La ortodoxia se empieza a asustar

Después de más de seis años de intensa recesión, ninguna de las causas que originaron la actual crisis sistémica -un volumen brutal de deuda y una banca insolvente- se ha solucionado. En vez de corregir estos dos desequilibrios, mediante una reestructuración de la banca y una quita ordenada de deuda, se han aplicado una serie de políticas económicas que han empobrecido a la ciudadanía y que no han solventado ninguno de estos problemas.

La deuda y el déficit público que se pretendían reducir con recortes y más recortes no paran de crecer. Además, las autoridades políticas y económicas tratan de ocultar la situación real del sistema financiero occidental. Sin embargo, la situación está ya fuera de control. Bastará solo con que aumente la aversión al riesgo de los mercados y eso, tarde o temprano, pasará.

Estas ideas que en principio enarbolábamos economistas desde la heterodoxia, resulta que empiezan también a ser asimiladas por parte de la ortodoxia dominante. Se puede decir que la ortodoxia se empieza a asustar. Veamos dos botones de muestra, una conferencia a finales de noviembre de uno de los economistas por antonomasia del establishment, Larry Summers, y las últimas declaraciones de uno de los últimos premios Nobel de economía, Eugene Fama.

Las hipótesis de Summers y Fama

Summers sostiene que sobre la economía mundial se cierne la amenaza de un estancamiento de 30 años. Su argumento es contundente: la economía mundial padece de un exceso de ahorro en relación con las inversiones. Si el tipo de interés real es negativo, argumenta el otrora asesor de Bill Clinton y Barack Obama, el sector privado, incluso en condiciones favorables, muestra poco interés en la inversión.

¿Se acuerdan ustedes de nuestro argumento? Exactamente, la paradoja del ahorro. En el blog anterior comentábamos como una de las mayores sandeces que uno puede leer en ciertos informes es que la reducción de deuda de empresas y familias, y por ende el incremento del ahorro de ambos, es un síntoma de recuperación de la economía. Justamente es lo contrario, es el diagnóstico de que estamos en una recesión de balances. Por lo tanto, la argumentación de Summers se encuadraría en la paradoja del ahorro.

Para enfrentarse a esta situación del estancamiento permanente, Wolfgang Münchau, coeditor del Financial Times y columnista del semanario alemán Spiegel, propone tres medidas muy distintas a las utilizadas hasta ahora. Por un lado, abolir el dinero en efectivo. Eso permitiría a los bancos centrales rebajar los tipos de interés por debajo de cero, porque la gente ya no podría guardar en casa el dinero en efectivo. Por otro, nacionalizar también todo el sector financiero y rebajar los intereses del crédito a la inversión, situándolos por debajo del tipo de interés de los mercados. Y por último, puesto que lo que tenemos es una carencia de inversiones en relación con el ahorro, también, el Estado podría promover inversiones públicas masivas para subir el tipo de interés de equilibrio.

Pero no sólo ha sido Lawrence Summers. Esta semana, Eugene Fama, quien recogió su premio Nobel de economía por sus teorías y modelos de economía financiera, basados en hipótesis falsas, mostraba su preocupación por la deuda. Concretamente prevé que los crecientes y elevados déficits y deudas públicas de los países europeos y Estados Unidos, en parte como consecuencia de las medidas que el mismo fomentaba, implican un riesgo de recesión global en 2014: "Podría llegar un punto en el que los mercados financieros digan que ninguna de sus deudas mantiene su credibilidad y que no se pueden autofinanciar… Si se produce otra recesión, va a ser mundial", advirtió. Ello se debería extender al brutal volumen de deuda privada, impagable.

La segunda fase de la Gran Recesión (2014-2016)

En septiembre de este año publiqué un documento de trabajo en la Fundación 1º de mayo, bajo el título La Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016). Lo que pretendía era no solo poner en duda las afirmaciones de recuperación económica global sino demostrar que estábamos ante una salida en falso de la crisis. La dinámica de la actual crisis sistémica se agudizará en los siguientes trimestres y el colapso a nivel económico, financiero y social de Occidente podría ser total. Para ello bastará solo con que aumente la aversión al riesgo de los mercados.

Como la mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. Recientemente Financial Times ha recogido los resultados de un pequeño estudio desarrollado por el economista Andrew Wilkinson en Miller Tabak & Co donde se muestra la fuerte sobrevaloración de distintas índices bursátiles mundiales. En dicho estudio el índice bursátil más sobrevalorado es el Ibex 35, es decir, la bolsa española.

¿Qué pasará si los mercados incrementan la aversión al riesgo? Muy sencillo. Los tipos de interés a largo plazo repuntarán con fuerza, las bolsas caerán, los diferenciales de crédito se ampliarán, las materias primas se debilitarán, y la volatilidad se disparará. En ese escenario se activará un círculo infernal que se irá retroalimentando: crisis de deuda-crisis bancaria-deflación por endeudamiento. Entonces, la recesión global emergerá con fuerza.


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