Desde la heterodoxia

Las ocurrencias de banqueros y Gobierno

La ocurrencia y caradura de las élites extractivas de nuestro país alcanza límites insospechados. Durante la semana hemos asistido atónitos a ciertas propuestas pintorescas relacionadas todas ellas con la insolvencia de nuestro sistema financiero. Por un lado, la patronal de la banca (AEB) considera que la solución para proteger a las personas en peligro de perder su casa es, y no es una broma, "construir más casas y dar más crédito hipotecario, y no poner más trabas para que el crédito hipotecario no resurja cuando se necesite”. Por otro, el Gobierno, ese mismo que no ha querido enfrentarse a una reforma legal en profundidad del mercado hipotecario para hacer frente a la inmoralidad de los desahucios, dice ahora que está estudiando cambiar la ley de Extranjería para otorgar el permiso de residencia a los extranjeros que adquieran una vivienda en España por importe superior a 160.000 euros.

No hay palabras para expresar el más absoluto desánimo, estupor, y desprecio ante las soluciones propuestas, tanto por aquellos que deberían velar por los intereses generales, nuestros políticos; como por los que desde sus puestos de responsabilidad privada, los banqueros patrios, aún no han pedido perdón por el inmenso daño causado a la sociedad española.

Estas ocurrencias constituyen una auténtica ofensa al sentido común, y una afrenta en toda regla a nuestros conciudadanos. Pero lo peor de todo es que obedece a la defensa de los intereses de una élite financiera quebrada, insolvente, que malvive gracias a las distintas líneas del Banco Central Europeo

Recesión de balances y reestructuración de la deuda

En realidad esta dinámica, donde las élites extractivas, con la complicidad de los gobiernos de turno, imponen a la ciudadanía la defensa de sus intereses espurios, no afecta solo a España. La economía global presenta graves problemas. Existe una insuficiencia de capital de la banca occidental, Europa está ya en recesión y Estados Unidos se encamina a ella, se desaceleran los países emergentes, se contrae el comercio mundial, aumentan los créditos fallidos, el desempleo se generaliza. Todos estos problemas aparentemente inconexos, están íntimamente relacionados con un único tema central: la falta de voluntad absoluta de los políticos de todo el mundo para aceptar y continuar con la inevitable reestructuración de la deuda tóxica, y su preferencia por la defensa de los tenedores de bonos de un sistema financiero fundamentalmente podrido.

La actual crisis económica global, de naturaleza sistémica, presenta una serie de rasgos comunes a otros episodios de crisis similares que se han dado en la historia. Pero por encima de todos, destaca el perverso papel que jugó el sistema financiero, que se convirtió en sí mismo en un fin último de la economía, y no en un medio para mejorar el sistema productivo. El mayor peso del sistema financiero en la economía se suele producir en períodos donde el “laissez-faire, laissez-passer” constituye la ideología dominante, de manera que se deja que el sistema financiero se autorregule por normas de buen comportamiento.

Teniendo en cuenta que la dinámica de los mercados se guía por el miedo y la avaricia, y no por la racionalidad de los inversores, estas fases suelen acabar en inflaciones de activos y endeudamientos privados descomunales, de manera que cuando se desploma el precios de los activos colaterales que soportan el endeudamiento, se produce una brutal caída de la riqueza, un descenso de la renta, un aumento del desempleo, un incremento de las quiebras de entidades privadas y públicas, incluidos Estados, posteriores períodos deflacionistas o hiperinflacionistas, y guerras de divisas.

El origen de la actual crisis económica se encuentra en el sobreendeudamiento privado. Cuando el colateral que “apoyaba” ese endeudamiento colapsa, los distintos sectores económicos tratan de reducir a toda costa sus niveles de deuda. Las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro, las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes. La crisis se retroalimenta. La banca, que fue quien otorgó esa deuda es insolvente. Nos encontramos ante lo que técnicamente se denomina recesión de balances.

La condición necesaria para salir de la crisis pasa por una reducción del tamaño del sistema bancario global que conlleve una reestructuración del mismo a costa de gerencia y acreedores. Es necesario además una reestructuración ordenada de esas deudas que no se van a poder cobrar. Sin embargo ello aún no ha ocurrido. Por eso estamos donde estamos, peor que ayer, y mejor que mañana. Más aún, los rescates bancarios se han hecho a medida de los intereses de quienes han provocado esta crisis, el lobby bancario y financiero.

Los rescates bancarios disparan la miseria social

Nuestros líderes ni siquiera consideran que podrían estar equivocados. Siguen insistiendo, como lo han hecho desde el principio, en que "no hay alternativa". Llámenlo rescate bancario, expansión cuantitativa, política monetaria, o suicidio. Lo que importa es que todavía siguen haciendo lo mismo, es decir, depositar miles y miles de millones de euros de nuestros bolsillos para mantener bancos totalmente zombis, que jamás volverán a hacer aquello para lo cual fueron creados.

Algunos ingenuos pensaban que cuando aquellos líderes se embarcaban en una política de rescate de las deudas de los bancos privados, al menos eran sinceros, que realmente trataban de arreglar las cosas a favor de la ciudadanía en general. La realidad es bien diferente. Ahora queda terriblemente claro que banqueros, políticos, y expertos, ninguno de ellos, tiene la menor intención de estar al lado de la ciudadanía en todo aquello que se nos está imponiendo.

Si se reestructurara el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo ha hecho a nuestra costa.

En España la situación se complica

En España la situación se complica todavía más. La ignominia de un modelo financiero e inmobiliario que sorbe a sus clientes y luego los desahucia, se acentúa en España en contraste con Europa y Estados Unidos. En nuestro país funciona una ley de 1909 que no se cambió. Se trata de una ley de préstamo, no de hipoteca en el sentido internacional. En otros países, cuando no puedes pagar pierdes la casa y se acabó. Pero aquí te quitan la casa, la valoran entre un 50%-60% del precio, aumentan los gastos legales, aplican intereses de demora usureros, y te endeudas para siempre. De ahí la creciente correlación positiva suicidios y desahucios.

La oposición de las entidades financieras para condonar deudas y aceptar la dación como pago definitivo tiene una explicación: la devaluación de sus activos inmobiliarios cuando están siendo rescatados por las instituciones europeas. Se está actuando al dictado de unas élites, según las cuales la quiebra de parte del sistema financiero exige el rescatar a los bancos de sus deudas a costa de los contribuyentes y a condición de no perdonar las de sus clientes que ellos hicieron quebrar. Ello se llama inmoralidad.

Tienen que ser la gerencia y los acreedores de esas entidades financieras quebradas, como cualquier otro negocio, los que deben pagar los platos rotos. Siempre que se ha hecho así, las cosas han vuelto a la normalidad con relativa rapidez.


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