Desde la heterodoxia

Hacia una nueva moneda reserva mundial

Puede sonar muy atrevido, quizás un poco ingenuo, pero está claro que es necesario implementar y experimentar con otras medidas de política económica, distintas a las que se han venido aplicando globalmente desde 2008.

Han pasado más de tres años desde que comenzara la actual crisis sistémica, y por desgracia es evidente que no sólo no se resuelve, sino que, por el contrario, se está agravando. Hay una pérdida de confianza en las monedas fiduciarias, y en el sistema bancario occidental. Desde mayo de este año se está produciendo una nueva recaída de la economía mundial que acabará en recesión, y puede que en depresión. Todo ello se traduce en un continuo aumento del paro, un crecimiento explosivo de la deuda pública de los países occidentales, y un malestar creciente de los países emergentes ante un antiguo orden que Occidente se niega a revisar.

Aquellos que no fueron capaces de prever y anticipar la actual crisis económica sistémica, siguen imponiendo sus recetas económicas. La actual combinación de políticas fiscales restrictivas, monetarias expansivas, junto a los ajustes a la baja de rentas y salarios, acabará provocando, si nadie lo remedia, una nueva depresión económica global.

Pero, qué se propone desde la heterodoxia, desde aquellos que en su momento analizaron correctamente lo que iba a pasar, lo que está sucediendo. Evidentemente medidas muy distintas a las que machaconamente el establishment político, económico, y académico están recetando, y que en última instancia tratan de proteger a la élite que generó la crisis.

Dos de aquellos economistas que sí anticiparon lo que está pasando,Nouriel Roubini, y Franck Biancher, director de Leap/Europe 2020, a quien Voz Populi entrevistó la semana pasada, coinciden en las recetas.

En primer lugar es necesario crear una nueva divisa internacional de referencia en lugar del dólar estadounidense que ya es incapaz de desempeñar el papel de pilar del sistema monetario mundial. Obviamente hay dos perdedores, Estados Unidos y Reino Unido, y sus centros de poder, Wall Street y la City.

En segundo lugar, simultáneamente, procurar que el poder público tome el control de los grandes bancos que se han convertido en verdaderos agujeros negros que succionan la liquidez global, sin garantizar en última instancia su solvencia. Se podría hacer mediante la nacionalización u otros métodos. Además es necesario una reestructuración de la deuda.

Algunos economistas propusimos un “Club de Pekín”, teniendo en cuenta que China es el principal acreedor mundial, para llegar a acuerdos de quita. La enorme deuda privada, en gran medida del propio sistema financiero, en la mayor parte de los países desarrollados es lo que lastra su capacidad de recuperación económica, de generación de empleo y de garantía de su estado del bienestar. Por eso la solución menos costosa en términos sociales para los países desarrollados altamente endeudados, pasaría por la constitución de un “Club de Pekín”, similar al Club de Paris instaurado en 1956 para llegar a acuerdos de quita y demora en la deuda que los entonces países subdesarrollados tenían con los entonces países desarrollados.

Este “Club de Pekín” debería acordar una reducción global de la deuda, que es fundamentalmente privada, ya que es impagable a escala mundial, y consecuentemente una reducción del sector financiero privado mundial, el desarrollo de eficaces instituciones financieras públicas y democráticas de ámbito global, y una nueva política monetaria a escala mundial en la que debe considerarse una nueva moneda de reserva diferente al dólar.

Finalmente es necesario, y aquí vuelven a coincidir Nouriel Roubini y Frank Biancher, un programa de inversión pública centrado en energía, transporte, educación, investigación y desarrollo e infraestructuras de tratamiento del agua. Desde la ortodoxia se está haciendo lo contrario.

Frank Biancheri, además, propone que el FMI realice una auditoría a fondo de los sistemas financieros estadounidense, británico y suizo, corazón del sistema financiero mundial, y origen de la crisis actual y de una corrupción global generalizada. Un ejemplo son los test de resistencia que se están implementando, donde se sobrevalora el capital de las entidades financieras, se infravalora el volumen de sus activos, y no se tiene en cuenta el apalancamiento real de las mismas.

Seguro que habrá políticos, académicos, analistas, y economistas que no querrán ni oír hablar de estas propuestas, e incluso que de nuevo volverán a aplicar adjetivos calificativos de despreció hacia las mismas. Recordemos que a Nouriel Roubini despectivamente se le denominó “Doctor Doom”, y a Frank Bancheri “Mr. Apocalypse”. Pero es que ya estamos próximos al precipicio, donde cualquier pequeña gota de agua generará un estallido social de consecuencias incalculables.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba