Desde la heterodoxia

¿Por qué es necesaria una victoria de Syriza?

Hoy más que nunca, frente a la resignación y el miedo, la codicia y el abatimiento, es necesaria una amplia victoria de Syriza en las próximas elecciones generales griegas. Europase encuentra política, económica y socialmente al borde del abismo. Dirigida por una clase gobernante absolutamente paralizada, petrificada, genuflexa al dictado de lobbies, oligopolios, grandes corporaciones, nuestra vieja democracia necesita despojarse de todos aquellos elementos que la han ido transformando en las últimas décadas en un Totalitarismo Invertido. Por eso es vital, para empezar, como condición necesaria, aunque no suficiente, un triunfo de la formación dirigida por Alexis Tsipras. No solo es una cuestión de higiene política y democrática, sino de eficacia económica.

Desde un punto de vista estrictamente democrático, aquellos que llevaron a Grecia al actual desastre –Nueva Democracia y PASOK- deberían, además de pedir perdón a sus conciudadanos, ser reducidos a la nada electoral, y obviamente refundarse. Es hilarante ver a diversos políticos europeos –entre ellos nuestro inefable Rajoy- apoyando al actual primer ministro heleno, Andoni Samarás, miembro de un partido, Nueva Democracia, que mintió deliberadamente sobre las cifras económicas oficiales de Grecia -de aquellos barros, estos lodos-. Y del PASOK mejor ni hablemos, simplemente es un cadáver político.

Eficacia económica

Sin embargo, desde una perspectiva española son razones estrictamente de eficacia económica las que nos deberían llevar, racionalmente, a desear una amplia victoria de Syriza. En primer lugar, esta formación política cuenta con el asesoramiento del mejor equipo de economistas posible. Ninguna formación europea en estos momentos puede aspirar mínimamente a reunir semejante plantel.

Además del profesor Euclid Tsakaloto, que suena como ministro de economía en caso de una victoria de Syriza, ésta formación cuenta con el apoyo y asesoramiento expreso de economistas heterodoxos de medio mundo, postkeynesianos en su mayoría, que sí diagnosticaron y previeron la actual crisis sistémica. Nos referimos a académicos europeos de la talla de Yanis Varoufakis o Stuart Holland, que junto al profesor estadounidense James Kenneth Galbraight presentaron en su momento “A Modest Proposal for Resolving the Euro Crisis. Version 4.0.

Pero hay muchos más –Steve Keen, Dimitri Papadimitriou, John Geannakoplos,..-, la mayoría de ellos formados y/o pertenecientes a la plantilla de universidades inglesas más relevantes, o a “think tanks” de prestigio como el Levy Economics Institute. Nos referimos, más específicamente, a todos aquellos lugares y espacios académicos que hace tiempo invalidaron la ortodoxia económica dominante, y que aspiran a buscar el paradigma perdido.

Permítanme hablar brevemente de Euclid Tsakaloto. Hace dos años, en el verano de 2013, fue invitado por la Fundación 1º de mayo a participar en unas jornadas sobre la deuda, donde además de un inglés impecable, de Oxford, lugar en el que se formó, realizó una presentación económica brillante, tanto académica como políticamente. El hilo argumental de su conferencia “Solving European Debt or Solving the European Economy?” era contundente. En su ponencia demostró que desde el inicio de la crisis de la eurozona había soluciones más justas y eficaces al problema de la deuda: reestructuración de la banca, condonación de la deuda, menos austeridad…

Entonces, por qué después de tanta evidencia se continúan recomendando e imponiendo las mismas recetas. Sólo caben dos respuestas, la incompetencia estructural, o el instinto de clase. Tsakalotos demostró que hay una mezcla de las dos hipótesis, pero el empecinamiento de la implementación de políticas fracasadas hace que la balanza se decante finalmente por la segunda. Detrás de las políticas económicas de la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea, y Banco Central Europeo) se encuentra la defensa de los intereses de las clases dominantes que no están dispuestas a pagar ni un solo euro de su bolsillo por los desaguisados que ellas mismas generaron.

¡Es la deuda, estúpidos!

Los economistas convencionales no vieron venir esta crisis porque sus modelos ignoraron el papel de los bancos, la deuda privada y el dinero, aspectos esenciales de una economía de mercado, y que tienen que ser incluidos en los modelos económicos. Tratar de describir el comportamiento de una economía capitalista sin incluir los bancos, la deuda o el dinero es como diseñar un avión sin alas. Y la crisis actual es una crisis de deuda, generada y esparcida, como auténtica porquería, por el sistema bancario occidental, ése mismo que doblego a nuestras moribundas democracias derogando la ley Glass-Steagall e imponiendo la cultura de “demasiado grande para quebrar” que nos ha traído hasta aquí.

El problema de deuda es generalizado, de ahí que Ministro de Finanzas irlandés Michael Noonan haya expresado públicamente un amplio apoyo a la idea de una conferencia de la deuda europea tras las próximas elecciones generales en Grecia. Según fuentes gubernamentales irlandesas cualquier conferencia europea sobre la deuda debería considerar no sólo la deuda griega, sino también la irlandesa, española, portuguesa…, como parte de un nuevo enfoque de los problemas que enfrentan a los distintos estados rescatados de la Unión Europea. ¡Exactamente igual que la conferencia de Euclid Tsakalotos! Syriza como esperanza.

Resultan patéticos los intentos de desviar la atención de Alemania. Mienten quienes dicen que Syriza pretende salir del euro, y aquellos que sugieren su salida en caso de negarse a asumir los acuerdos alcanzados. Todo lo contrario, simplemente exigen políticas más eficaces y justas, exactamente igual que los irlandeses. ¡Entérese ya señor Rajoy! Y ello es todavía más llamativo cuando vamos conociendo la realidad alemana. Los datos sobre el dinero público dedicado a sostener el sistema bancario teutón insolvente ponen los pelos de punta. La gestión de Ángela Merkel ha sido desastrosa, calamitosa, vergonzante, endeudando a los alemanes para sostener su caótico sistema bancario en más de 1,079 millones de euros, superando el 100% del PIB anual de España. La pregunta es, ¿cómo han pasado inadvertidos estos datos tanto para la ciudadanía alemana, como al del resto de Europa? Todo un misterio.


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