Desde la heterodoxia

Los mercados financieros generan pobreza

La semana recién acabada es un fiel reflejo de las contradicciones inherentes de todo lo que viene aconteciendo por estos, esos y aquellos lares. Los mercados financieros, ávidos de riesgo a cualquier precio, siguen inflando la mayor burbuja financiera de la historia. Mientras, la pobreza y las desigualdades avanzan inexorablemente sus posiciones, conquistando y ocupando el espacio y territorio de nuevas familias, en una guerra que parece perdida.

Los precios de los activos, sustentados por una droga de nuevo diseño suministrada por los Bancos Centrales, no dejan de escalar posiciones. Y todo bajo la aquiescencia de unos gobiernos, élites económicas y académicas que no tienen ni idea de la que nos viene encima cuando la bicha estalle por los aires. Nuestra burbuja inmobiliaria, un simple juego de niños.

Simultáneamente, cada nuevo dato que se publica aporta más evidencia de que la pobreza vuelve a instalarse aquí y allá con toda su intensidad. Un buen amigo mío, veterano activista comprometido con las causas perdidas, me llamaba esta semana alarmado por una realidad, la nuestra, donde miles de familias sufren la pobreza en soledad. Mientras, como el mismo me señalaba, los políticos, y nosotros los economistas, mirando a otro lado, preocupados por aspectos irrelevantes para la mayoría de los ciudadanos.

Nuevas llamaradas especulativas

Desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998 la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

Detrás del origen, expansión, y estallido de todas y cada una de las burbujas o inflaciones de activos se encuentran los Bancos Centrales. Temerosos de caer en un proceso de deflación por endeudamiento se han dedicado a gestionar el riesgo. Para ello relajaban excesivamente la política monetaria como consecuencia de la preocupación que les generaba determinados eventos que, aunque tuvieran una baja probabilidad, pudieran tener un impacto muy negativo en la actividad económica.

Se trata de una política monetaria preventiva de estabilización que genera un tremendo problema de riesgo moral, porque al final los inversores terminan incrementando aún más su apetito por el riesgo, aumentando su apalancamiento, haciendo todavía más vulnerable a la economía global. Desde el punto de vista de la valoración, se modifica el perfil temporal de los rendimientos de los activos mobiliarios e inmobiliarios, inflándolos hiperbólicamente. Al final estas exuberancias irracionales acaban pinchándose, pero cuando estallan, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria, terminan provocando recesiones-depresiones.

Da igual que los precios se encuentren sobrevalorados, basta solo con que una panda de iluminados, al servicio de unas élites bancarias, digan que harán todo lo posible para luchar contra la deflación, es decir, nada, salvo incendiar los mercados de riesgo -las otrora “llamaradas especulativas” que diría Luis Ángel Rojo-.

Los Bancos Centrales, además de no supervisar correctamente las entidades bancarias de medio mundo, son los responsables últimos del proceso de deflación por endeudamiento que ahora pretenden corregir. Y por ende del actual proceso de empobrecimiento masivo de la ciudadanía. No tienen ni idea. Menos Ben Bernanke o Milton Friedman y más Hyman Minsky.

La pobreza, fruto del rescate a las élites

La crisis ha sido aprovechada en Occidente por quienes la generaron -gerencia bancaria y sus acreedores- para hacer un ajuste de cuentas con la ciudadanía. El colapso causado por el fraude bancario generalizado apenas ha afectado a sus hacedores, en tanto que ha acabado con la mayor parte de lo acumulado durante los años de crecimiento por las clases medias y bajas. Esta situación ha sido en gran medida el resultado de las decisiones políticas y fiscales tomadas por los gobiernos occidentales en los últimos veinte años, en el que se fomentó una economía financieramente depredadora.

Si se reestructurara el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, y aún estamos a tiempo, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Pero sucede lo contrario, con la ayuda de unos gobernantes mediocres se ha diseñado una estructura de ahorro donde la riqueza de los más ricos se mantiene. Y lo han hecho a costa de un empobrecimiento masivo de la ciudadanía. Existe, en última instancia, una relación causa efecto entre rescates bancarios, la subida de los mercados financieros y el empobrecimiento masivo de la población. Todo va unido.

Les adjunto, a modo de ejemplo, la evolución de la renta en la ciudad de Chicago entre 1970, antes de que los “Chicago boys” metieran sus sucias manos en la economía, y la actualidad. Sin comentarios, igual que aquí, miseria y más miseria. Como economistas tenemos la obligación moral, y es nuestro deber, de ofrecer respuestas claras y justas para una ciudadanía desesperada y dar un paso hacia adelante. Se lo debo a mi amigo. 


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