Desde la heterodoxia

Los mercados financieros apestan

Algo apesta en los mercados financieros, cuando, historia tras historia, sin que nadie haga nada, no dejamos de conocer las manipulaciones en la fijación de precios de distintos activos. Siendo ello muy grave, peor es la miopía de todos aquellos que imbuidos por un paradigma, el de la ortodoxia neoliberal, cuyas hipótesis de partida son falsas, confían a pies y puntillas en la eficiencia de los mercados.

Digámoslo claramente, desde 2002, tras la crisis bursátil de las tecnológicas y, especialmente, a partir de 2008, con el subsidio implícito otorgado por los gobiernos y bancos centrales a los bancos, las élites empezaron a trasladar el riesgo al balance bancario. Pero los bancos occidentales, auténticos zombis vivientes, necesitan recapitalizarse de manera constante y urgente, cuan vampiros sedientos de sangre. Da igual a costa de quien lo hagan, los contribuyentes, y a cambio de qué, la manipulación de los mercados. Se han convertido en alumnos mediocres del príncipe de Maquiavelo, el fin justifica los medios.

Del escándalo del Libor a la manipulación de las divisas

Los escándalos se suceden y alcanzan proporciones gigantescas, sin que nadie haga nada. Mientras, los reguladores y supervisores, a verlas venir, no se enteran ni de la mitad. Primero conocimos la manipulación de los tipos de interés Libor, el referente mundial para 550 billones de dólares en derivados financieros de todo tipo de contratos, y que también influye en tipos hipotecarios, préstamos estudiantiles o tarjetas de crédito. El daño causado a los consumidores del mundo adquirió proporciones históricas. Además de las multas pertinentes, muy limitadas, se llevo por delante algún que otro ejecutivo – entre otros el otrora consejero delegado de Barclays Bob Diamond-, pero nada más. Nadie pisó cárcel alguna.

Los tipos de interés han estado y están siendo manipulados. Benefician a unos pocos, media docena de bancos cuyos representantes se reúnen el tercer miércoles de cada mes

Al escándalo del los tipos de interés Libor le sucede un nuevo “affaire”, la manipulación de los swaps o permutas sobre tipos de interés, claramente en conexión con el del Libor. Lo que se demuestra es que los tipos de interés han estado y están siendo manipulados. Sólo se benefician unos pocos, media docena de bancos cuyos representantes se reúnen el tercer miércoles de cada mes en algún punto de Manhattan, y, como siempre, a costa de los demás. Se trata de un mercado de casi 400 billones de dólares, aproximadamente 7 veces la economía mundial. Por cierto, Obama, uno de los mayores fraudes de la historia, acaba de destituir aGary Gensler, el presidente de la Comisión de Negociación de los Mercados Derivados, básicamente por “presionar demasiado” a los distintos bancos por éste y algún que otro escándalo más. Y a quién ha puesto en su lugar. ¡Premio! A una ex Goldman-Sachs, Amanda Rentería.

A la manipulación de los precios de la energía y ciertos metales preciosos, se acaba de unir la última bomba dada a conocer esta semana por Bloomberg, la manipulación de los tipos de cambio, el mayor mercado financiero del mundo por volumen. Los traders de algunos de los mayores bancos del mundo manipulan de manera reiterada los tipos de cambio de referencia utilizados para establecer el valor de billones de dólares de inversión, de acuerdo con distintas fuentes consultadas por dicha agencia de noticias.

La conclusión es clara. ¡No existen los mercados, ni libres ni oligopolios! Todo es mentira, todo está controlado por una economía financiera amañada, que no se dedica ni a sacar carbón o cobre de una mina, ni a vender petróleo en una gasolinera, ni a plantar arroz. Pero lo peor es que ya hemos iniciado el desmantelamiento de esta farsa, apoyado en una política monetaria irresponsable, y cuyas consecuencias sobre el crecimiento económico, al ser un riesgo endógeno, serán notorias.

La patraña de la eficiencia de los mercados

La actual crisis económica ha puesto de manifiesto la enorme debilidad de la teoría económica dominante cuyos presupuestos esenciales son en el mejor de los casos discutibles, si no falsos. La fe ciega en la eficiencia de los mercados de capitales y en la perfecta racionalidad de los inversores espoleó toda una corriente económica, política y académica que, entre otras cosas, defendió a toda costa la desregulación y unos modelos de remuneración salarial de los ejecutivos absolutamente ineficientes, injustos, y que favorecieron un masivo fraude contable. Las consecuencias ya las conocemos todos: la mayor crisis económica sistémica desde la Gran Depresión.

Las decisiones económicas y políticas basadas en la teoría dominante han acabdo generando sobreoferta de productos agrícolas, superabundancia de bienes de consumo, desempleo y pobreza

La Teoría Neoclásica considera que si los mercados son eficientes, los recursos se colocaran automáticamente de manera óptima en línea con los objetivos de largo plazo de la sociedad. Más aún, mientras que el concepto inicial de la Economía de la Incertidumbre de Kenneth Arrow consideraba que los agentes tenían diversas opiniones sobre el futuro, y regularmente se equivocaban en sus previsiones, la Escuela de Chicago impuso el dogma de las expectativas racionales: los agentes saben y están de acuerdo sobre la distribución de probabilidad verdadera de las noticias futuras, de manera que los mercados ciegamente valoran correctamente los activos.

Detrás de ello está el origen de toda una familia de teorías que predicen que el riesgo de los mercados financieros es muy pequeño, completamente valorable y manejable. Mediante este razonamiento, se justificaba intelectualmente los extremadamente peligrosos niveles de endeudamiento y apalancamiento que han llevado al colapso de la economía, mientras que en el mundo real la mayor parte del riesgo era endógeno.

Las autoridades económicas y financieras a lo largo del mundo han utilizado estos argumentos para legitimar decisiones económicas y políticas, que acabaron generando una superabundacia de bienes de consumo, una sobreoferta de productos agrícolas, desempleo, pobreza, y stress medio ambiental, y que en el fondo han constituido el germen de la actual crisis económica y financiera. Pero lo peor es que aún no se han dado cuenta que las teorías detrás de esas recetas se basan en hipótesis falsas. ¡Ojalá la ingente cantidad de papel utilizada para explicarlas se hubiese destinado a otros menesteres! Ya me entienden ustedes.


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