Desde la heterodoxia

El informe del Senado de EE.UU. que perturba a los grandes bancos

Casualidades de la vida, a la vez que se extendía el sainete sobre la quiebra de Chipre y su rescate, en Estados Unidos se daba a conocer el informe Levin-McCain sobre las investigaciones del correspondiente subcomité del Senado en relación a las multimillonarias pérdidas en operaciones de derivados de JP Morgan, acontecidas entre abril y mayo de 2012 en sus oficinas de Londres. Ambos casos ponen de manifiesto la necesidad de limitar el tamaño del sistema financiero y de los bancos individuales en relación a la economía. Sin embargo, en nuestro país la tendencia es exactamente la contraria, se tiende a concentrar todavía más, en unas pocas manos, la actividad bancaria. No hemos aprendido nada.

Si se permite que unos pocos bancos sean muy grandes en relación a la economía, entonces sus pasos en falso suelen causar enormes daños, y al final, como está demostrando el devenir de la actual crisis sistémica, los costos acaban recayendo sobre la ciudadanía. Las pérdidas sufridas por los bancos chipriotas, alrededor de los 6.000 millones de euros, equivalen al 30% de su PIB. En nuestra querida España el fiasco bancario ya ha incrementado nuestra deuda pública, entre chapuzas del FROB y el posterior rescate europeo, en más de un 10%, mientras que los avales del Estado al sistema bancario rondan al 20% de nuestro PIB. Y esto sólo acaba de comenzar, y todo a costa de los ciudadanos. Recuerden nuestras previsiones: al final el rescate bancario español nos costará entre el 30% y 35% de nuestro PIB.

Nada acerca de esta situación es justa para la prosperidad económica. Unos pocos bancos chipriotas apostaron a lo grande en los bonos griegos, y sus pérdidas representan alrededor de un tercio del PIB de Chipre. En el caso de JP Morgan Chase en su affaire en derivados conocido bajo el apodo del trader que lo ocultó y montó, “Whale”, las pérdidas finales superaron los 6.500 millones de dólares. Si JP Morgan Chase sigue siendo a fecha de hoy rentable, es precisamente porque recibe enormes subsidios implícitos de su condición de ser “demasiado grande para quebrar”, lo que a su vez, y paradójicamente, constituye un motivo y oportunidad para ser aún más grande.

El informe Levin-McCain: una reseña sobre los abusos y riesgos en derivados

Entre abril y mayo de 2012 JP Morgan en su sucursal de Londres experimentó enormes pérdidas por las posiciones especulativas en los famosos derivados CDS, swaps de incumplimiento crediticio. Bajo ningún control aparente, un solo trader, apodado “Whale”, acumuló en el mercado una descomunal posición en CDS que acabó en enormes pérdidas. Con cierto retraso y lentitud, el subcomité de investigación del Senado de los Estados Unidos inició una serie de pesquisas con el fin de examinar el sistema de gestión de riesgos y sus controles internos de la entidad estadounidense. Dicha investigación ha cristalizado en el informe Levin-McCain, dado a conocer la semana pasada, el 15 de marzo.

En el informe se concluye que los bancos pueden manipular sus posiciones financieras para que parezcan más seguras de lo que son, y que los reguladores no se enteran

Los senadores Carl Levin de Michigan y John McCain de Arizona pusieron al descubierto cómo JP Morgan Chase ha sido dirigido desde la crisis financiera y desde la aprobación de la Ley Dodd-Frank, el enésimo intento de autorregulación y lavado de cara del sistema financiero y bancario. El informe revela un profundo desconocimiento de los riesgos por parte de los ejecutivos del mayor banco del mundo. Peor aún, el informe nos muestra con cierto detalle como los bancos, incluso después de la ley Dodd-Frank, pueden manipular fácilmente medidas complicadas de riesgo a fin de que sus posiciones parezcan más seguras de lo que realmente son. Los reguladores bancarios son claramente incapaces de seguir el ritmo de la "innovación financiera", que en realidad es sólo una manera inteligente de dar una información errónea sobre el nivel de riesgo. Los reguladores siguen siendo dóciles y claramente engañados. La idea de que una "regulación inteligente" puede frenar el exceso de asunción de riesgos es completamente inverosímil.

Acabar con el riego moral “demasiado grande para quebrar”

Pero también empiezan a aparecer voces inteligentes que reclaman un cambio radical. Quizás la declaración reciente más contundente sobre como piensa y actúa el sistema financiero moderno y la necesidad de hacerlo menos peligroso, fue la conferencia del presidente de la Reserva Federal de Dallas Richard Fisher este 16 de marzo bajo el título “Ending too big to fail”. El momento era probablemente una coincidencia, sin embargo, también refleja la rapidez con la que las personas inteligentes están reevaluando los riesgos planteados por la mala gestión de las instituciones financieras.

Al final se trata de la política. Y Richard Fisher dio con el enfoque correcto: “En la Fed de Dallas, creemos que cualquiera que sea el número exacto de subsidio, éste existe, es importante y permite a las organizaciones bancarias más grandes, junto con sus subsidiarias no bancarias (muchas empresas de inversión, agencias de valores, o compañías de financiación), crecer más y tomar aún más riesgo… Esto es claramente injusto. Se convierte en un campo de juego desigual, inclinado en beneficio de Wall Street contra Main Street (la economía real), colocando al sistema financiero y a la economía en constante peligro… También socava la fe de los ciudadanos en el Estado de derecho y la democracia representativa”.

La era del apalancamiento ha terminado y nos ha llevado a la mayor crisis de deuda de la historia: hay que lidiar con el final de la misma

Peroo, ¿cómo actuar?. Barack Obama debería usar su posición actual para ir directamente a por Wall Street. Es su única oportunidad. Así de simple. Además, si no lo hace, acabará como uno de los peores presidentes de Estados Unidos, como un hombre que permitió que su país acabara en un caos sin límites. Obama debería terminar con la era del apalancamiento que pusieron en marcha Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que nos ha llevado a la mayor crisis de deuda sistémica de la historia. Detrás de sus políticas económicas, impulsadas por las élites extractivas, hay un profundo desconocimiento de cómo se mueven los ciclos capitalistas. La edad del apalancamiento ha terminado, a pesar de todas las protestas en sentido contrario por parte de la plutocracia, y hay que lidiar con el final de la misma.

Es más necesaria que nunca la política con mayúsculas, entendida como servicio a los ciudadanos. Franklin Delano Roosevelt, un político excepcional, cuando se enfrentó a una elección similar, tomó la elección acertada, a través de una avalancha de decisiones ejecutivas. Pero lo más importante que hizo no fue lanzar el New Deal, sino cortar las alas a la industria financiera a través de la ley Glass Steagall. Obama ya no tiene espacio fiscal o financiero para un nuevo New Deal, pero tiene el espacio y peso para reducir el tamaño del sector financiero. Y si no lo hace, su segundo mandato acabará siendo una pesadilla y terminará descendiendo a los infiernos.


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