Desde la heterodoxia

La incompetencia económica como problema social

Llama la atención la persistencia de los distintos líderes económicos y políticos europeos por anticipar una recuperaciónque no se va a producir en los plazos que ellos estiman. Se trata de meros deseos, muy alejados de las realidades que tienen que sufrir la inmensa mayoría de los ciudadanos.

La condición necesaria, aunque no suficiente, para que se inicie un despegue económico, pasa por hacer un diagnóstico distinto de los males que nos acechan. Ello requiere dejar de creer a pies juntillas en una serie de dogmas presentes en la mayoría de las decisiones adoptadas por las autoridades económicas y políticas, educadas bajo los principios del neoliberalismo. Mientras eso no ocurra, cada año iremos a peor, aumentando el riesgo de colapso total.

En nuestra querida España es indudable que desde un punto de vista económico 2012 fue peor que 2011, el deterioro en 2013 aún será mayor que en 2012, y, si todo sigue igual, 2014 empeorará respecto a 2013. Mientras nuestro Gobierno anticipaba una recuperación para finales de 2012, que luego retrasó a la segunda mitad de año, y que ahora pospone para 2014, los diversos analistas e instituciones económicas iban revisando de manera adaptativa y a la baja sus previsiones. Nada nuevo en el horizonte. Los modelos que emplean se basan en supuestos e hipótesis que no se dan en la realidad y por lo tanto fallan estrepitosamente.

Mario Draghi y el dogma de la política monetaria

Prevemos la recuperación para la segunda mitad del año. Es una situación donde existe lo que un día llamé un contagio positivo en el mercado financiero y en las variables financieras pero no vemos que eso se extienda por ahora a la economía real”, afirmaba recientemente el gobernador del Banco Central Europeo, Mario Draghi.

Lo que está haciendo el señor Draghi es aplicar un dogma: la efectividad de la política monetaria, cuando en una situación como la actual de recesión de balances privados, tal como hemos denunciado desde estas líneas, es totalmente inefectiva.

Tanto Mario Draghi como Ben Bernanke aún no se han enterado de que la Teoría Monetaria de Milton Friedman es falsa. Lo están comprobado ex-post. El principal efecto de un cambio en la base monetaria, como consecuencia de la expansión cuantitativa del balance de la FED o del BCE, es cambiar la velocidad monetaria y los tipos de interés a corto plazo. Sin embargo, una vez que los tipos de interés a corto plazo caen a cero, las expansiones adicionales en la base monetaria simplemente inducen un colapso proporcional en la velocidad de circulación del dinero, y la economía entra en la trampa de la liquidez. Esta política monetaria, a su vez, es tremendamente injusta, ya que de la generación de burbujas o creación temporal de riqueza sólo se benefician las clases de renta más alta, abriéndose aún más la brecha entre ricos y pobres.

Si realmente quieren introducir una mayor estabilidad financiera, además de imponer mayores requisitos de reservas, deben reinstalar la ley Glass-Steagall, acabar con el apalancamiento de la banca y terminar con la idea de que la política monetaria debe implementarse con el fin de gestionar riesgos. Al revés, siguiendo a Hyman Minsky, padre de la hipótesis de inestabilidad financiera, que permitió predecir con antelación lo que ha sucedido, los bancos centrales deben ser mucho menos transparente en sus comunicaciones, incluir la inflación de activos en su función de reacción, ser vistos como menos proactivos y permitir una mayor ciclicidad en el PIB. En definitiva no deben adoptar públicamente el paradigma de gestión de riesgo en su aproximación a la política monetaria.

La OCDE y los dogmas de sus indicadores adelantados

La OCDE, además de no enterarse de la actual recesión, ni siquiera de oídas, lleva anticipando varios trimestres una recuperación económica a nivel global. Para ello utiliza una serie de indicadores adelantados de muy escasa utilidad. La razón es muy sencilla, gran parte de las variables utilizadas (pendiente de la curva, agregados monetarios…), que en el pasado eran indicadores adelantados, ya no lo son.

Ello se debe a los efectos distorsionadores de la política monetaria de la FED, BCE o del Bank of England. A través de políticas ultraexpansivas, los bancos centrales generan inflaciones en todos los activos de riesgo, aumentos de la propensión al riesgo por parte de los inversores, donde la única manera de ganar al mercado era tomando beta y apalancarse. En este contexto, la pendiente de la curva de tipos de interés no predice nada, al igual que los agregados monetarios.

Resulta especialmente sangrante la inutilidad de la OCDE de anticipar absolutamente nada, teniendo en cuenta que, en el momento actual, el 30% de los países de la OCDEllevan dos trimestres con crecimiento negativo, y el 51% llevan al menos un trimestre con tasas de expansión negativas.

Rajoy y sus dogmas

Nuestro presidente del Gobierno, después de tirar a la basura sus previsiones económicas para 2013, nos dice ahora que todo está controlado y que 2014 será el año de la recuperación. El señor Rajoy, al igual que Mario Draghi o la OCDE, hace estas afirmaciones en base a una serie de dogmas que impulsaron su política económica. Pero la realidad es tozuda.

La piedra angular de la política económica del Gobierno, la reforma laboral, es un absoluto fracaso. Se diseño con la intención de abaratar los salarios para crear empleo. Pero se olvidaron de dos cosas. Primero, de la demanda efectiva. Sin demanda no hay nada, sin crecimiento económico todo es mentira. Las empresas, viendo el percal que les esperaba, aprovecharon la reforma laboral para despedir, y punto. Segundo, en aquellos países que funcionan ocurre lo contrario, es decir, los salarios suben y mejoran la productividad vía capital, aquella que en nuestro país literalmente se ha hundido por procesos de sobreinversión en sectores improductivos.

El otro elemento clave de la política económica del actual Ejecutivo, la austeridad presupuestaria hace aguas por todos los lados. En su primer año de gobierno, la deuda pública ha crecido a tasas de dos dígitos sobre PIB, y el impacto negativo de las restricciones presupuestarias sobre el crecimiento económico ha sido casi cuatro veces superior al estimado por los modelos del FMI.

Como la demanda interna está hundida, diversos asesores del actual inquilino de la Moncloa se fijaron en el sector exterior, y al unísono gritaron: ¡el sector exterior es la solución! Sin embargo, la realidad se acaba imponiendo. No todos los países pueden exportar a la vez; alguien tendrá que importar y la austeridad provocará un largo periodo de desempleo que los sectores exportadores no absorberán porque la elasticidad del gasto interno es mayor que la del exterior. Tan sencillo como eso.

Cuando la economía se basa en una serie de dogmas, derivados de una concepción antropomórfica de la misma, es cuando toma sentido la afirmación del filósofo francés Edgar Morin, "la economía, que es la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia social y humanamente más retrasada, pues ha abstraído las condiciones sociales, históricas, políticas, psicológicas y ecológicas inseparables de las actividades económicas… Quizá la incompetencia económica haya pasado a ser el problema social más importante“.


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