Desde la heterodoxia

El gobierno de Rajoy aun no sabe leer un balance bancario

Desde este blog hemos mantenido hasta la saciedad que el problema urgente de la economía española es el brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, que habrá que reducir mediante quitas, y, como corolario, la insolvencia de la banca que a la postre fue quien concedió de manera irresponsable dicha deuda, y que finalmente habrá que intervenir.

Reconozco mi más absoluta desazón, impotencia, y hartazgo por el callejón sin salida al que nos han arrastrado la actuación de los ejecutivos actual y anterior, la ortodoxia económica, y la élite financiera. Sin embargo, siendo esto muy grave, lo peor es que nadie asumirá las consecuencias de un mal diagnóstico y unas propuestas de política económica absolutamente disparatadas.

Este fin de semana, se confirmaron mis sospechas cuando empecé a ojear el Real Decreto-ley 18/2012, de 11 de mayo, sobre saneamiento y venta de los activos inmobiliarios del sector financiero. Está todo “cogido con pinzas” y simple y llanamente no saben qué hacer. Las élites económicas y financieras se la jugaron a la carta equivocada, una recuperación del ciclo económico que mejorara el margen de explotación y aliviará su insolvencia. Se equivocaron, y ya es tarde.

Errores conceptuales del actual gobierno.

En las dos reformas del sector financiero impulsadas por el ejecutivo de Rajoy se cometen importantes errores conceptuales. En primer lugar, es necesario sacar los activos tóxicos del balance de los bancos y cajas de ahorro, y no dedicarse a incrementar las provisiones sobre los activos bancarios, problemáticos o no. Se comete el error de dar cifras ridículas, como los 50.000 millones de la primera reforma Guindos, o las provisiones nuevas que están anunciando estos días las entidades para cumplir con la segunda reforma Guindos.

Las provisiones sobre los activos no problemáticos son un sinsentido, salvo que se refieran a las muy voluminosas refinanciaciones de créditos malos con capitalización de intereses, que llevan a computar como válidos un capital y unos ingresos parcialmente ficticios. Se consideran créditos buenos multitud de préstamos que en realidad ya son morosos y sobre los que habría que provisionar mucho más. Pero es que además, el problema no es solo inmobiliario, la mora alcanza cifras muy superiores al 10% del total de préstamos de la banca.

Las normas contables exigen que todo saneamiento se haga contra resultados, y no contra reservas. En la primera reforma Guindos se hizo contra reservas, y ahora muchas entidades intentan hacerlo de nuevo con la segunda reforma. Al hacerlo contra reservas no se reduce el beneficio, que se exagera, se presenta una realidad contable falsa, y además las entidades intervenidas, ¡podrían pagar dividendos! Pero ahí no para todo, cuando las entidades necesitadas acuden a pedir financiación al FROB, se les está dando un préstamo, no inyectando capital. ¡Pero es que sólo se puede amortizar pérdidas con capital!

Con las reformas propuestas por el actual ejecutivo se sigue confundiendo el mero cumplimiento formal del marco regulatorio de las entidades con su saneamiento, y muchas veces me planteo si realmente, el actual como el anterior gobierno, saben leer un balance bancario.

Premisas intervención de la banca española

Varias premisas deberían servir de guión en el saneamiento de la banca. Hay que reducir la capacidad de nuestro sistema financiero de manera que sólo sobrevivan los bancos solventes. La idea es muy fácil de entender. El activo vale muchísimo menos de lo recogido en libros. Lo que no hay que hacer es repetir lo de Cajamadrid con Bancaja, ambas con problemas, o lo de Unicaja con las cajas de Castilla y León, e Ibercaja con Caja3, donde las entidades problemáticas acaban contaminando a la entidad solvente.

Es necesario sacar los activos tóxicos del sistema bancario e integrarlos en un banco malo aparte. No se puede permitir una chapuza como la de Bankia, es decir, un banco malo dentro de la entidad, donde simplemente se cambian de cajón los activos tóxicos, lo que acaba contaminando a todo, Bankia y BFA.

El precio de transferencia al banco malo debería aproximarse al valor fundamental. Basta ya de la opacidad que la banca ha mantenido hasta ahora. El banco tiene que proporcionar información sobre el valor actual confirmado tanto por expertos independientes como por la desacreditada autoridad de supervisión bancaria. El Estado, es decir, los contribuyentes, no puede permitirse el lujo de sobrepagar.

Al sacar el activo tóxico del banco y pagar por debajo de su valor en libros, desde el lado del pasivo no tendrá capital suficiente. Mi aproximación es muy clara y contundente: el Estado antes de poner un duro debe estrujar a los bonistas, transformado los bonos en capital, como en el rescate sueco. Han asumido un riesgo excesivo y se han equivocado. Sólo se garantizan los depósitos. Después, y si hiciera falta, conforme se va limpiando de activos contaminados y estrujando a los acreedores, el Estado podría entrar como accionista en aquellas entidades en las que se pueda garantizar su solvencia. El resto deben ser absorbidas o cerradas.

Banco malo

Existen distintos bancos malos posibles, con nombres y apellidos que me imagino el gobierno de Rajoy estará aún estudiando, porque, sinceramente, leyendo el último real decreto aún no sé si habrá o no banco malo, como se creará y cómo se financiará.

Si finalmente el ejecutivo optara por un banco malo, debería hacerse a costa de la gerencia, de la propiedad, y de los bonistas, siguiendo la experiencia de Suecia en 1992 o de Islandia en 2008. En la propuesta que en su momento planteamos tres economistas en 2008, a la vez que se saneaba el activo de los bancos, se hacía hincapié en la necesidad de reducir la deuda de los agentes económicos endeudados en torno a dichos activos. Esta idea, que sigue siendo tabú para algunos, ya ha sido asumida por el FMI en el capítulo tres de su último informe bianual el título “Dealig with Household Debt”. Hay otras alternativas a la nuestra, muy razonables, y que ya detallamos en otros blogs, como la de Aristóbulo de Juan, muñidor del rescate bancario de los 80, o como el banco malo a la alemana

Lo único que deseo y espero es que al gobierno no se le ocurra un banco malo “a la irlandesa”, donde todo el coste del rescate corre a cargo del Estado o contribuyentes, tanto en financiación del pasivo del banco malo como en la recapitalización del banco intervenido o insolvente. Este sistema simple y llanamente socializa las pérdidas. Sin embargo, me temo que por la evolución de la prima de riesgo estos días parte del mercado ya está apostando por este modelo.


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