Desde la heterodoxia

El fracaso de la ortodoxia y el cambio de actitud del FMI

Analizando la aceleración del brutal deterioro económico y social de nuestro país, queda meridianamente claro que la mezcla de políticas económicas auspiciadas por las élites financieras globales y su brazo derecho, la ortodoxia académica, ha resultado ser un fiasco de magnitudes imprevisibles a fecha de hoy. Pero a pesar de ello, ahí los tienen, dando consejos y cobrando por ello.

La ortodoxia neoliberal, imbuida por una serie de verdades indiscutibles que sólo representan meros juicios de valor de carácter ideológico, no ha dado una en los últimos 12 años, desde el estallido de la burbuja tecnológica. Sobre todo, no han entendido el papel de la deuda privada en esta crisis. Como consecuencia su diagnóstico ha sido erróneo, y sus propuestas han acelerado la actual crisis sistémica.

Sin embargo, llama la atención, y hay que reconocerlo, el cambio importante de actitud de ciertos economistas del FMI, cuyos artículos y recomendaciones empiezan a posicionarse dentro de lo que denominamos la heterodoxia. Braman contra los inquisidores económicos de la austeridad y sus terribles consecuencias. Reclaman una reestructuración de la deuda de las familias en países como España, Estados Unidos o Reino Unido. Frente a la terquedad de Europa piden en las actuales negociaciones con Grecia que los acreedores foráneos asuman una quita de deuda por valor de 350.000 millones. Proclaman incluso que es posible reducir el poder de los banqueros. Bienvenidos.

La ortodoxia y la deuda privada

Mientras la deuda privada crecía de manera descomunal y el colateral que alimentaba dichos empréstitos subía, todo iba viento en popa. Pero cuando empieza a hundirse el colateral de la misma, los sectores privados, esos que según la ortodoxia siempre son eficientes y se comportan racionalmente, entran en quiebra con un exceso de pasivo. Los neoclásicos nunca han entendido el papel de la deuda privada y la endogeneidad del dinero, claves para comprender el actual colapso económico. La razón es obvia, no pueden entender que haya sido el sector privado quien ha hecho una mala asignación de recursos. Sí, señores neoliberales, el mercado no es eficiente, los agentes económicos no son racionales, y los ciclos capitalistas son endógenos. Repasen sus apuntes de teoría económica.

Como consecuencia, su diagnóstico actual es erróneo, y sus propuestas han intensificado la recesión económica, empobreciendo a millones de ciudadanos de todo el mundo. La ortodoxia económica propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de la FED o del BCE), y deflación salarial, bajo una serie de hipótesis que han resultado ser falsas. Las consecuencias las estamos sufriendo en nuestra carne. Y acuérdense de nuestras previsiones globales para 2013, un horror.

El FMI, ¿un nuevo radical?

Frente al pensamiento neoliberal se está construyendo una nueva teoría alternativa que contradice los principales preceptos de la Teoría Neoclásica, utiliza fundamentos microeconómicos diferentes, mucho más realistas, y cuyas teorías macroeconómicas se plasman en políticas económicas que difieren radicalmente de aquellas que se inspiran en fundamentos microeconómicos clásicos. Los nuevos universitarios deben conocer los modelos propuestos por la heterodoxia (Steve Keen, Hyman Minsky, Richard Koo…). La idea es evitar que vuelva a suceder un colapso económico y financiero como el actual. En este blog ya hemos hablado largo y tendido sobre ello.

Sin embargo hay algo novedoso, el cambio de actitud y las recomendaciones y propuestas de ciertos economistas del FMI que empiezan a disentir de la ortodoxia bajo la cual se educaron.

En “Expansionary Austerity; New International Evidence”, publicado a finales de 2011, ya bramaban contra los inquisidores económicos de la austeridad y sus terribles consecuencias. Concluían que todos aquellos ajustes fiscales encaminados a reducir el déficit presupuestario tendrán fuertes impactos contractivos en las economías que los implementen. Para el caso español la reducción del déficit público asumida por el gobierno Rajoy para el período 2012-2013 supondría, según estos cálculos, una contracción superior al 2% del PIB para dicho período. Como reconocía el propio FMI recientemente, se han quedado cortos, la caída será mayor de la asumida en sus multiplicadores.

En el capítulo 3 del informe bianual del FMI del 10 de abril de 2012, bajo el título “Dealing with Household Debt”, los autores proponen la necesidad de reducir la deuda de las familias mediante quitas para países como España, Reino Unido o Estados Unidos. Analizan diversas experiencias históricas donde se implementaron tales quitas, entre otras el banco malo de la Gran Depresión, el Home Owner Loan Corporation (HOLC); y las medidas implementadas en Islandia 2008. En todas ellas se tiene un cuidado exquisito de evitar problemas de riesgo moral. Estos días, frente a la terquedad de Europa, el FMI presiona en las actuales negociaciones con Grecia para que los acreedores foráneos asuman una quita de deuda soberana por valor de 350.000 millones. Todo un avance.

En “The Chicago Plan Revisited”, los economistas del FMI Jaromir Benes y Michael Kumhof, proclaman incluso que es posible reducir el poder de los banqueros. Consideran que sepodría a la vez reducir la deuda privada, impulsar el crecimiento, estabilizar los precios, y convertir a los banqueros en meros comparsas de la realidad económica. Se podría hacer limpiamente, sin dolor, por mandato legislativo, mucho más rápido de lo que nadie imagina. Bastaría con reemplazar el actual sistema de dinero creado por la banca privada por dinero creado por el Estado. Para ello habría que acabar con la banca de reserva fraccional. Si los prestamistas se ven obligados a respaldar con reservas el 100% de los depósitos, la banca pierde el privilegio exorbitante de crear dinero de la nada. El país recuperaría el control soberano sobre la oferta monetaria. No habría más quiebras bancarias, y los ciclos de expansión y contracción del crédito serían mucho más suaves.

El objetivo final no es en absoluto el de tranquilizar los mercados financieros, sino el de domarlos. La meta no es la de dar sentido a la austeridad sino la de reconstruir la justicia social. Y no se preocupen, si se implementaran estas medidas, las catástrofes que anunciarían los financieros, los distinto lobbies, y sus medios de comunicación, no ocurrirán. ¡Justo al contrario! Para catástrofes, las que ya tenemos, las derivadas de sus políticas económicas.


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