Desde la heterodoxia

Las falacias sobre la insostenibilidad de las pensiones (I)

A lo largo de diferentes blogs hemos puesto de manifiesto las carencias y falsedades de las teorías e hipótesis que están detrás de la política económica neoclásica dominante, agrupada bajo el denominado Consenso de Washington. Está imbuida por una serie de verdades indiscutibles que sólo representan meros juicios de valor de carácter ideológico. Lo estamos viendo cada día, por ejemplo, en el fracaso de los ajustes fiscales y salariales, o de las expansiones monetarias. El daño que están infligiendo a la sociedad, especialmente a los más débiles, es insoportable. Sin embargo, a pesar de ello, los diferentes gobiernos, bajo el eufemismo de reformas estructurales, siguen aplicando sus recetas, desde la austeridad expansiva hasta la devaluación interna. Eso sí disimulada por una expansión monetaria, ineficiente en recesión de balances, que paradójicamente aumenta la desigualdad.

El trofeo que persiguen las élites, guiadas por su instinto de clase, es otro, de caza mayor. Se trata de mantener o no el estado de bienestar

En realidad el problema no es la austeridad, ni siquiera la devaluación salarial. Son meras excusas. El trofeo que persiguen las élites, guiadas por su instinto de clase, es otro, de caza mayor. Se trata de mantener o no el estado de bienestar. Se trata de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o el modelo chino. Se trata de si el sector público tiene o no un papel en la economía. Se trata de pervertir el contrato social, de privatizar, de forrarse. Estamos en una profunda guerra de clases, y si no les paramos a tiempo nuestra sociedad acabará como la de la trilogía de Los Juegos del Hambre.

Déjenme introducir uno de esos elementos donde lavisión dominante vuelve a engañar a la ciudadanía sin ningún complejo, bajo la mirada depravada de unas élites financieras profundamente corrompedoras y corrompidas. Nos referimos al intento de reducir, sino eliminar, los sistemas de pensiones públicos de reparto.

El problema de las pensiones

El esquema de pensiones públicas basado en el sistema de reparto se encuentra sometido a un ataque constante por parte de la ortodoxia neoclásica. Estos sistemas han funcionado bien en el pasado, sin embargo en la actualidad presentan una serie de problemas de financiación como consecuencia del envejecimiento de la población, la ralentización del crecimiento salarial, y los cambios en la distribución de la renta.

A partir de estos problemas reales, los responsables de las políticas públicas están hablando de una nueva crisis que se avecina, la de las pensiones públicas basadas en el sistema de reparto. Las soluciones que proponen implican generalmente una reducción de los beneficios logrados, mediante el aumento de la edad de jubilación, y un movimiento claro en favor de sistemas pre-financiados, total o parcialmente, que incluso lleve a una privatización de parte o de la totalidad del sistema.

Lo que pretendo es desmontar las bases teóricas que están detrás de las opiniones neoclásicas dominantes que justifican la adopción obligatoria de esquemas de pensiones completamente financiados, públicos o privados, como sustitutos totales o parciales del actual sistema de reparto, no financiado.

La evidencia empírica valida la hipótesis postkeynesiana, rechazando la causalidad neoclásica

Hipótesis de partida falsas

La hipótesis de partida de la ortodoxia neoclásica es que la transición desde un sistema público de reparto a otro completamente financiado, público o privado, tendrá un efecto positivo real de dotar a las generaciones futuras de un mayor capital y un producto per cápita más alto, ya que debería producir un aumento del ahorro agregado y del stock de capital, lo que permitirá preparar a la economía para afrontar desarrollos demográficos futuros. En el corazón de este razonamiento se encuentra la causalidad neoclásica de que “el ahorro genera inversión”, frente al punto de vista postkeynesiano donde “es la inversión la que genera ahorro”. La evidencia empírica –basta analizar la actual crisis sistémica– valida la hipótesis postkeynesiana, rechazando la causalidad neoclásica. Los modelos de vectores autorregresivos muestran como los impulsos a la inversión afectan positivamente al ahorro, pero impulsos al ahorro no impactan en la inversión (véanse los estudios de Thomas Palley).

Tal como sostenía Keynes, no hay que confundir el deseo de algunos individuos de disponer de más riqueza financiera con un aumento en la acumulación de capital. Este deseo, a través de la paradoja del ahorro, afecta negativamente a la demanda efectiva y al empleo, de manera que disminuirá los ingresos de otras personas y su ahorro. El resultado neto es que la riqueza financiera global y su contraparte real, el stock de capital, no se ven afectados. El principio keynesiano de independencia de la inversión del ahorro, vía demanda efectiva, se ve reforzado con las aportaciones de otro economista postkeynesiano, Piero Sraffa. La teoría del capital de Sraffa fortalece el principio keynesiano de la independencia de la inversión del ahorro. Lo que Sraffa demuestra teóricamente es que en líneas generales no es cierto que una caída de los tipos de interés produzca un aumento del capital intensivo por parte de los empresarios.

Recientemente, en el informe de primavera de este año del Fondo Monetario Internacional, concretamente en el capítulo 4, que ya comentamos en su momento, bajo el título Private Investment: What is Holdup? se analiza por qué la inversión fija privada en las economías avanzadas apenas se ha recuperado respecto a los niveles de inversión existentes en 2007, tras la fortísima contracción en plena crisis sistémica. La conclusión no puede ser más keynesiana y sraffiana. La razón de la ausencia de inversión productiva es la debilidad generalizada de la actividad económica. Por mucho que mejoren los beneficios empresariales, vía menores costes financieros o laborales, la inversión productiva no despega por falta de demanda.

Las críticas y trabajos empíricos que rechazan la visión neoclásica de la relación ahorro-inversión, invalidan, en definitiva, la opinión dominante sobre la reforma de las pensiones

Los problemas reales son otros

Las críticas y trabajos empíricos que rechazan la visión neoclásica de la relación ahorro-inversión, invalidan, en definitiva, la opinión dominante sobre la reforma de las pensiones. Pero además, las implicaciones económicas de este tipo de políticas no sólo no resolverán el problema planteado por tener una gran cohorte de jubilados, sino que podrían agravarlo, al ser deflacionistas y retardar en realidad la acumulación de capital.

Sin embargo, todo es mucho más sencillo, los problemas asociados al actual sistema de pensiones público de reparto, y que se deberían atacar, son otros: el estancamiento del crecimiento de los salarios, la desigual distribución de la renta, y la caída de la productividad. Remediar el estancamiento de los salarios y la desigualdad salarial, unido a un crecimiento de la productividad son, por lo tanto, partes intrínsecas que permitirían solucionar los problemas de las pensiones públicas bajo el sistema de reparto, sin necesidad de acudir a sistemas financiados y a sus efectos perversos.


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