Desde la heterodoxia

Las falacias económicas de Rajoy al descubierto

A pesar de los fuegos de artificios de nuestro Gobierno y de cierto seguidismo fatuo, véase el discurso del propio gobernador de Banco de España, lo que queda cada día más claro es que la vuelta al crecimiento de la economía española queda muy lejos. El año 2012 fue peor que el 2011, y el actual en curso será peor que el anterior. Y ya veremos que ocurrirá en el 2014.

Absténganse de mentir a la gente, olvídense del 'España va mejor', hace ya tiempo que bajamos a los infiernos desde una “champion league” en la que nunca participamos. Pero por encima de todo, dejen ya de “suavizar” los datos de contabilidad nacional en aras de un patriotismo mal entendido. La economía española desde la segunda mitad de 2011 cae mucho más de lo que nos cuentan los datos del INE, y deben ser, y serán, revisados a la baja.

La razón es muy sencilla. Las causas que nos han llevado a la situación actualno solo no se han corregido, sino que han empeorado. La deuda privada apenas se ha reducido y la pública se ha disparado, como consecuencia de errores garrafales de política económica. Además, nuestra banca sigue sin estar saneada, siendo un pozo sin fondo del dinero de todos los contribuyentes patrios.

Las previsiones del FMI y nuestro sector exterior

Y en estas llegó el Fondo Monetario Internacional (FMI) con malas noticias para nuestra economía, enfriando el optimismo de un Gobierno que intenta insuflar ánimos al calor de una mejora meramente estacional de algunos datos. Para 2014 prevé un estancamiento, un crecimiento del 0%, frente al +0,7% previo. La razón de fondo, aunque no lo diga el organismo multilateral, es la situación de nuestro sector financiero. Alguno de los españoles que trabajan en dicho organismo, y, por cierto, de una enorme profesionalidad, saben perfectamente como está nuestro sistema bancario, y siempre se han mostrado muy cautos. Pero les aseguro que la realidad aún será más cruda.

En realidad el FMI, que ni previó ni anticipó la gravedad de la actual crisis sistémica, simplemente vuelve a adaptar sus expectativas de crecimiento económico global a la baja. Se equivocarán de nuevo, se quedarán vez cortos por enésima vez, y volverán a adaptar sus expectativas con nuevos recortes en el crecimiento. Es muy sencillo, frente a las previsiones del FMI, Estados Unidos también entrará en recesión, lo que unido a la fuerte desaceleración de china colapsará el comercio internacional.

Entonces el discurso del ejecutivo de Rajoysobre que nuestro sector exterior nos sacará de los actuales datos negativos de actividad económica se convertirá en agua de borrajas, se diluirá como un azucarillo. Y pondrá al descubierto la enésima falacia de la ortodoxia económica. Es absolutamente falso que en España se estén produciendo ajustes en el sector privado que lo hagan más eficiente, simplemente echen una ojeada a la evolución de los indicadores de competitividad.

El hilo argumental del Gobierno y sus adláteres de que ante la imposibilidad de recurrir a una devaluación interna solo cabe afianzar la competitividad en precio de los productos españoles, conteniendo el alza de los salarios y aumentando la productividad, no solo no es cierto, sino que además es contraproducente. España jamás perdió competitividad en las últimas dos décadas. Junto con Alemania el nuestro era el único país que en la última década mantuvo e incrementó su cuota de exportaciones, ya no solo por margen intensivo, sino tambiénpor aumentos en el margen extensivo, la exportación de nuevos productos y hacia nuevos destinos.

Siempre confundieron productividad aparente del trabajo con competitividad. España tenía una baja productividad porque el modelo de crecimiento propuesto por las élites patrias –políticas, financieras, inmobiliarias, y oligopolistas- era intensivo en mano de obra, pero muy lucrativo para ellas.

Las políticas de oferta del gobierno Rajoy y de sus ideólogos se toparán con la paradoja de costes: si todas las empresas consiguen rebajar los salarios, mientras aumenta su margen de beneficios y conservan los precios a un nivel fijo, las empresas en su conjunto venderán menos productos y sus beneficios caerán.

Los auténticos problemas de fondo

Los problemas de fondo son otros. Empecemos por los bancos, no hacen su labor. Es mentira que en España haya una mejoría del crédito, al revés, tal como puede verse en los últimos datos de Banco de España, la financiación de los sectores privados, familias y empresas, especialmente éstas últimas, han colapsado, situándose su variación interanual en mínimos históricos. Nuestro sector bancario está zombi.

Pero además, tal como demuestra las reacciones de los mercados a la última reunión del Banco Central Europeo, se están agotando los efectos de la política monetaria sobre los precios de los activos financieros, de manera que aumentará fuertemente la aversión al riesgo, y la salud económica de nuestro país sufrirá una nueva recaída.

Por eso, el problema de la economía española no es la competitividad, tampoco la productividad, ni siquiera los salarios o el mercado laboral, el problema urgente es otro. Se trata del brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, y que habrá que reducir mediante quitas. Pero no solo eso. Lo que empezó siendo una brutal crisis de deuda privada, ignorada por los asesores económicos del actual ejecutivo y del anterior, se va transformando en una crisis de deuda soberana. El volumen de deuda pública según mis estimaciones superará el 120% a finales de 2015.

Por lo tanto, hay que afrontar, de una vez por todas, nuestro auténtico drama: una monstruosa deuda privada y pública cuyo montante total superó a finales de 2012 el 425% del PIB, y que no se podrá pagar. Obviamente, nuestro sistema bancario, que fue quien la concedió mayoritariamente, es insolvente en su conjunto. Pero como no se reestructura ni nuestro sector bancario ni nuestra deuda, la crisis sistémica continuará.


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