Desde la heterodoxia

La falacia de la competitividad

La ortodoxia económica dominante que fue incapaz de prever la actual crisis económica y financiera, básicamente porque invalidaría los principios esenciales bajo los cuales se educaron, está forzando su receta para salir de la crisis. Dentro de estas propuestas, los políticos, entre ellos los que actualmente gobiernan España, esgrimen la competitividad para justificar lo injustificable. Se da lo que se denomina la falacia del internacionalismo moderno.

La retórica de la competitividad se ha convertido en omnipresente en los líderes de opinión de todo el mundo. La gente que se considera a sí misma con conocimientos sofisticados sobre el tema da por hecho que el problema económico al que se enfrenta cualquier nación moderna es esencialmente el de competir en los mercados mundiales, e ignoran que tal proposición es falsa.

Los países no son empresas

El mundo no es tan interdependiente como nos quieren hacer pensar, de manera que los países no son en absoluto como las empresas. En España o Estados Unidos, por ejemplo, las exportaciones apenas representan el 10% del valor añadido en la economía, de manera que siguen siendo economías que aún producen el 90% de bienes y servicios para su propio uso.

En el mundo empresarial, por ejemplo, si a Coca Cola le va bien, tenderá a ser a expensas de Pepsi Cola. Pero eso no ocurre entre los países. Si a la economía europea le va bien, no lo será necesariamente a costa de los Estados Unidos o Japón. Los principales países industriales cuando compiten entre ellos en la venta de productos, son también sus principales mercados de exportación y sus principales suministradores de importaciones. El comercio internacional, por lo tanto, no es un juego de suma cero.

Sectores de alto valor añadido

Dentro de la política industrial se suele afirmar por parte de los diversos charlatanes que pueblan los círculos de poder la necesidad de orientar la política industrial hacia aquellos sectores de alto valor añadido por trabajador.

¿Saben ustedes cuales son las industrias con mayor valor añadido por trabajador? No, se equivocan, ni la electrónica ni la aeronáutica se encuentran dentro de estas industrias. Las dos industrias de mayor valor añadido en los Estados Unidos, por ejemplo, son los cigarrillos y el refino del petróleo. Los sectores de alta tecnología como el aeroespacial, el informático, o la electrónica están aproximadamente en la media.

Este resultado no sorprende a los economistas convencionales. El alto valor añadido por trabajador se da en sectores que son intensivos en capital, aquellos donde un euro adicional de capital aumenta muy poco el valor añadido extra. Na hay duros a cuatro pesetas.

¿Cómo se puede hablar o escribir libros dedicados a la proposición de que debemos dedicarnos a las industrias de alto valor añadido sin tan siquiera comprobar de que industrias estamos hablando?

Los costes laborales

Es frecuente por parte de los líderes neoliberales europeos mostrar gráficos y cuadros, y otras estupideces similares argumentando que los costes laborales unitarios en Europa han subido más que los de Estados Unidos o Japón. Sin embargo se olvidan de algo básico: el coste laboral no estaba ajustado por tipo de cambio.

Las comparativas internacionales se hacen en una moneda común. En este caso, los costes unitarios laborales europeos no han aumentado en términos relativos cuando se efectúan los ajustes del tipo de cambio. ¿Por qué con los sofisticados recursos estadísticos disponibles se presentan análisis que fallan en el ajuste más elemental?

Comercio, empleo y salarios

Un consenso entre los líderes políticos y del mundo de los negocios atribuye la congelación de salarios al fracaso de los países desarrollados a competir de forma efectiva en una economía cada vez más integrada. Esta visión convencional sostiene que la competencia internacional ha erosionado la base manufacturera de la mayoría de los países desarrollados eliminando puestos de salarios altos. Dicho de otra manera, la renta real de las naciones más desarrolladas se ha quedado atrás como consecuencia de la incapacidad de muchas empresas para vender en los mercados mundiales. De nuevo, este argumento es falso.

La evidencia empírica demuestra que el comercio internacional explica sólo una pequeña parte del declive de los sectores industriales en la mayoría de los países desarrollados. La razón inmediata es que la composición del gasto interior se has desplazado de los bienes industriales a otros bienes y servicios. Ello se debe a que los bienes industriales son mucho más baratos porque la productividad industrial ha crecido mucho más rápido que en los servicios.

El empleo industrial, por lo tanto, se reduce porque las empresas están sustituyendo a trabajadores por máquinas y están utilizando de forma más eficiente aquellas que ya poseían. Análogamente, los salarios se han estancado porque la tasa de crecimiento de la productividad de la economía se ha frenado, y los trabajadores menos cualificados están sufriendo porque una economía de alta tecnología requiere cada vez menos de sus servicios. El comercio con el resto del mundo juega un papel muy pequeño.


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