Desde la heterodoxia

No exprimamos más al factor trabajo

El nivel de explotación de los asalariados ha llegado a extremos absolutamente intolerables. Ya no basta con tener más de 5,3 millones de parados, y unos míseros salarios, donde el 58% de los trabajadores, después de impuestos y cotizaciones a la seguridad social, ingresan menos de 1.000 euros mensuales. Ya ni siquiera vale que los trabajadores por cuenta ajena paguen cinco veces más de impuestos que las empresas que los contratan, tal como sucedió en 2011. ¡No! Es necesario apretar un poquito más. Y vaya si lo han conseguido.

Con la reforma laboral del gobierno del PP, en nombre del internacionalismo moderno y de las mentiras de la competitividad, los trabajadores pierden la mayoría de sus derechos. La élite política y económica, con una formación académica y un bagaje intelectual en muchos casos inferior a la de sus empleados y electores, en vez de promover el talento, la innovación y el emprendimiento, ha decidido, para el futuro de nuestros hijos, otra cosa bien distinta.

La propuesta de Rajoy para nuestra querida España es muy clara: los jóvenes españoles bien formados acabarán en el exilio, y el resto de camareros y crupieres de los millones de turistas que vengan a España a tomar sol y playa. Y los lobbies a lo suyo, a campar a sus anchas por los ministerios, cambiar leyes, reducir el número de reguladores, y acelerar la constitución de monopolios, monopsonios, y oligopolios. Vamos, lo que siempre han hecho. Y aún se atreven muchos de ellos a citar a Adam Smith. ¿Cuántos oligopolios o monopsonios operan en Reino Unido?

Otra reforma laboral es posible

Y es en este contexto cuando observo con envidia los pasos que en materia laboral se están dando en otros países, aquellos que marcan tendencia, que siempre cogen el tren de la historia, que rompen con la rutina, con el pesimismo, con lo inevitable.

Cuando España anuncia el abaratamiento del despido, Finlandia toma medidas para proteger mejor a sus trabajadores. El periodista Faris Sanhaji en un reciente artículo detalla los puntos básicos de dicha reforma. Los asalariados temporales dispondrán de las mismas condiciones mínimas y términos de protección que los empleados de la empresa a la que han sido incorporados. Se incluye además medidas de mayor protección sanitaria y de seguridad con el objetivo de ayudar a los empleados a quedarse el mayor tiempo posible como población activa.

Pero además Finlandia se preocupa por sus parados. Como consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo, las prestaciones básicas por desempleo pasarán de 25,74 euros a 31,36 euros al día, lo que representa un aumento de casi 120 euros al mes.

El Estado finés, en la más pura tradición nórdica, gasta en consumo social, es decir, aquellos proyectos que permiten reducir los costes de reproducción de la fuerza trabajo, tales como ayudas en vivienda, o guardería. La ayuda a la renta y al subsidio de vivienda también aumentará. Así, una persona soltera recibirá 461,05 euros al mes como ayuda básica a la renta.

El objetivo último de todas estas medidas es aumentar el excedente y la tasa de beneficio de las empresas, y con ello incrementar la acumulación de capital. Sí, el gobierno finlandés opta por la innovación, el talento, el emprendimiento, por Nokia.

Teoría económica alternativa

La ortodoxia dominante propone una serie de recetas económicas basadas en un conjunto de “verdades indiscutibles”, cuando en realidad no representan nada más que juicios metodológicos previos, de carácter ideológico.

Desde el punto de vista del mercado laboral, el pensamiento único recomienda una combinación de sindicatos débiles, mayor flexibilidad del trabajo, y congelación y reducción de salarios, cuando en realidad los países de mayor formación, prosperidad económica, y menor corrupción se caracterizan por lo contrario: participación de los sindicatos en la gestión empresarial, altos salarios, y protección del empleo.

Hoy más que nunca es necesario poner en cuestión ciertos “mitos” derivados de la aplicación elemental de la Teoría Neoclásica. Los postkeynesianos, entre los que me incluyo, además de prever la intensidad de esta crisis, defendemos planteamientos distintos a la ortodoxia. Un incremento de la demanda no produce necesariamente un alza de precios. Un incremento del salario mínimo o del salario real no produce un incremento del paro. El aumento del salario real no acarrea la disminución de beneficios de las empresas. La disminución de las tasas de ahorro no provoca una caída de la inversión, ni la moderación del crecimiento, ni la subida de los tipos de interés (la paradoja del ahorro). La flexibilidad de los precios no lleva necesariamente a la economía hacia el equilibrio óptimo.

A la hora de analizar la evolución del crecimiento económico es mucho más importante el efecto renta, según el cual la evolución de la actividad económica se explica mejor por las fluctuaciones de los ingresos y los cambios técnicos, que el efecto sustitución, que considera que el crecimiento económico se determina por la evolución de los precios y costes relativos de una economía. En la actual crisis económica, la flexibilidad de precios y salarios es desestabilizadora ya que en vez de ayudar a enderezar la economía hacia el pleno empleo, en realidad reduce la demanda efectiva. La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta. Sin embargo Rajoy, al igual que antes Zapatero, guiados por sus asesores económicos, aún no se han enterado, y para cuando se enteren ya será demasiado tarde. Entonces sus economistas le explicarán y le alertarán de una crisis que se aceleró con sus reformas, la del factor trabajo.


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