Desde la heterodoxia

¡Qué envidia Islandia!

La agencia de rating Fitch acaba de elevar la calificación crediticia de Islandia y osa afirmar que “la política poco ortodoxa de respuesta a la crisis de la isla ha tenido éxito”. Sí, digámoslo fuerte y claro, otra política económica es posible. En 2008 el enojo, la cólera, y la furia del pueblo islandés se tradujo en una respuesta distinta y heterodoxa a la crisis económica. En el pequeño país nórdico sus otrora élites políticas y financieras han pagado el precio de una avaricia desmedida, donde pensaban que todo valía con tal de mantener sus privilegios. ¡Qué envidia!

Sí, digámoslo fuerte y claro. Frente a la ortodoxia económica neoliberal, la salida heterodoxa del modelo islandés; frente a los recortes sociales de nuestro país, la expansión del gasto social de Islandia; frente a la reforma laboral de Rajoy, la imputación de cargos criminales a los ex ejecutivos principales de los tres bancos más grandes de Islandia; frente a la parálisis democrática y ética de nuestro país, la lección de dignidad de Islandia; frente a la intensa recesión de España, la expansión económica de la pequeña isla nórdica. En definitiva frente a las élites, el ejemplo moral y ético de Islandia.

La salida islandesa

Las similitudes entre las causas que originaron las crisis bancarias en Islandia, y las que sitúan al sistema financiero español, y en especial a las cajas de ahorro, ante las especulaciones del mercado sobre su solvencia, hacen surgir el debate de qué solución adoptada para restablecer un sistema financiero solvente es más eficiente social y económicamente.

Islandia se vio abocada a la nacionalización del sistema financiero por su tamaño, llevando a cabo un proceso selectivo de los pagos a acreedores, que fueron damnificados junto a los propietarios del capital mediante la aceptación de una quita estimada de la deuda del 70%, garantizando los depósitos en moneda local y protegiendo al contribuyente. Además los principales ejecutivos de los bancos más grandes acabaron de patitas en la calle, y algunos de ellos en la cárcel.

Islandia propuso una política económica distinta para luchar contra la crisis económica. Incluía, además de la reestructuración de la deuda bancaria, una devaluación de la divisa, un aumento del gasto social para mitigar los efectos sobre los grupos más débiles, y la introducción de restricciones de capital. El papel del FMI con el decidido apoyo de Dominique Strauss Kahn fue clave. Además de propugnar un corte de pelo a los acreedores, vislumbró la necesidad de control de capitales.

La solución heterodoxa de Islandia en el rescate bancario ofrece una doble ventaja. Aligera el castigo a los contribuyentes y reduce el problema de riesgo moral que potencia cualquier rescate o bail out, limitando la probabilidad de comportamientos oportunistas futuros de los agentes económicos, que al sentirse asegurados contra la realización de un resultado negativo asumen las decisiones de mayor riesgo.

Islandia ya está creciendo

La alternativa islandesa está dando un mejor resultado que la solución ortodoxa adoptada, entre otros, por las autoridades españolas. El PIB de Islandia creció un 3% en 2011, y podría superar el 2,5% en 2012. Según estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el crecimiento de la economía islandesa superará este año al de la zona del euro y del mundo desarrollado, lo que redundará en un continuo y progresivo descenso del paro, y en un superávit público.

Pero es que además los mercados financieros han acabado rindiéndose a la evidencia. La apreciación de su divisa, el OMXI Main, el buen comportamiento relativo de su bolsa en 2011 y en lo que llevamos de 2012, así como la reducción de los CDS de Islandia, entendidos como el precio de los contratos de seguro frente a un impago, conforman un escenario más alentador que el sombrío panorama que se cierne sobre España. Actualmente cuesta menos asegurarse contra una quiebra en Islandia que contra un posible problema de crédito en Irlanda, Italia, o España.

Con razón la mayoría de las encuestas muestran ahora que los islandeses no quieren unirse a la Unión Europea, sumida en una profunda crisis económica, financiera y política.

España opta por la ortodoxia y la recesión

Como ya hemos comentado en otros blogs el problema de la economía española no es la competitividad, tampoco la productividad, ni siquiera los salarios o el mercado laboral, el problema urgente es otro. Se trata del brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, y que habrá que reducir mediante quitas. Y como corolario la insolvencia de la banca que a la postre fue quien concedió de manera irresponsable dicha deuda a los distintos agentes económicos.

Por lo tanto, es más necesario que nunca que la gerencia, los propietarios y los acreedores paguen los platos rotos. Y después de ello, si hace falta, que el Estado entre como accionista. Siempre que se ha hecho así, las cosas han vuelto a la normalidad con relativa rapidez. Sí, como Islandia en 2008 o Suecia en 1992.

Frente a ello las élites de nuestro país han impuesto la austeridad económica para mantener sus privilegios. Son los ciudadanos quienes están pagando en última instancia los excesos de estas élites a través de recortes salariales, aumentos de impuestos, y un deterioro de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación.

Al final, frente a discursos grandilocuentes y vacuos, el sentido común. Aquello que es socialmente justo acaba siendo económicamente más rentable. ¡Qué envidia Islandia!


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