Desde la heterodoxia

¡Que no engañen, la mora bancaria supera el 15%!

Según los datos que publica el Banco de España, el volumen total de créditos dudosos concedidos por nuestro sistema bancario se situó en junio de 2013 en los 176.420 millones de euros, de manera que la tasa de morosidad alcanzó el 11,6%, nuevo récord histórico. Sin embargo, en las cifras presentadas hay gato encerrado, al no computar como morosos los más de 50.000 millones de euros traspasados por la banca a la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb). Sin este efecto contable, la morosidad de junio ascendería a 226.000 millones de euros, de manera que la tasa de morosidad se situaría realmente en cifras próximas al 14,5%.

Después de varios rescates, incluido el esperpento del banco malo Sareb, todos ellos a costa de los contribuyentes y pequeños acreedores patrios (preferentistas y poseedores de deuda subordinada), la banca sigue necesitando más capital, presenta un problema de solvencia, y se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Nuestra banca sigue deambulando como un zombi, sigue teniendo mucha porquería en sus activos, necesita más capital y, obviamente, el crédito al sector privado no solo no se le espera sino que en términos interanuales alcanza nuevos mínimos históricos.

Mora real muy por encima del 15%

Entre los experimentos con gaseosa del FROB, con sus esquemas de protección de activos e inyección directa de capital, y la necedad del banco malo Sareb, llevamos tirados a la basura más de 100.000 millones de euros, a los que habría que añadir el saldo vivo de los avales prestados a la banca, alrededor de 110.000 millones en junio de 2013, último dato disponible.

Los rescates de nuestro sistema financiero suponen una socialización en toda regla de las multimillonarias pérdidas privadas provocadas por una élite financiera y política que, aún hoy, sin ningún tipo de rubor, sigue exigiendo sangre, sudor y lágrimas al resto de los ciudadanos. Además, no valdrá para nada. La cuantía necesaria, según cálculos que presentamos en 2012, rondará finalmente los 300.000 millones de euros frente a los más de 100.000 millones ya succionados por ese pozo sin fondo en que se han convertido nuestras entidades crediticias.

El problema no es solo inmobiliario, la crisis sistémica ha acabado contaminando al resto de la economía española. La mora real, al margen de trucos contables, está muy por encima del 15% del total de préstamos de la banca. La pregunta es muy sencilla: ¿qué hacemos con los préstamos concedidos a grandes empresas inmobiliarias, de servicios, de medios de comunicación y un largo etcétera, cuya actividad está cayendo en picado?

Reestructuración del sistema bancario

El sector bancario presenta problemas estructurales que no fueron resueltos tras el inicio de la crisis en 2008, donde los bancos centrales pusieron sobre la mesa una liquidez sin precedentes. El problema era otro, la insolvencia de un sector sobredimensionado y excesivamente apalancado, demasiada deuda en el sistema. Y tristemente, hasta ahora, no se ha hecho la auténtica reforma estructural que se tenía que haber implementado: la reestructuración del sistema bancario en su totalidad.

Existen, como ya detallamos en su momento, dos modelos básicos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria, como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. El modelo sueco, donde las pérdidas se reconocen hoy, o el japonés, bajo el cual éstas se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas.

España, desde 2008, optó por el modelo japonés, de manera que las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Esto es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito.

Es más necesario que nunca que los españoles sepamos realmente la situación de nuestros bancos y cajas de ahorro. Y es ahí donde el Banco de España y sus inspectoresdeberían hacer una auditoría sin injerencias políticas y financieras, para saber el grado de insolvencia real. Y una vez hecho, implementar el modelo sueco, a costa de la gerencia, accionistas y bonistas senior.

Si no se hace así, tendremos más de lo mismo. Los precios de las viviendas continuarán sin ajustarse lo que deberían, las variaciones interanuales del crédito a empresas y familias seguirán en mínimos históricos, mientras se lían a comprar deuda soberana patria para llevarse el carry. Y lo peor de todo es que cuando vuelva a aumentar la aversión al riesgo de los mercados nuestro sistema bancario se verá seriamente afectado por una nueva recaída cíclica asociada a un proceso de normalización del coste de capital y primas de riesgo. Y entonces, ¿qué?


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