Desde la heterodoxia

La directiva sobre rescates bancarios no es clara

Los ministros de Economía de los Veintisiete encontraron, finalmente, la poción mágica para  que en los próximos rescates bancarios sean los accionistas y acreedores quienes paguen las consecuencias de la mala gestión de la gerencia bancaria, y no los contribuyentes.  Siendo un paso importante, que tantas veces hemos reclamado desde este modesto blog, resulta aún insuficiente. Por un lado se introducen excepcionalidades a esta regla, y, por otro, falta concretar el modelo a seguir para reconocer la insolvencia bancaria.

Según el acuerdo alcanzado se fija un orden de prelación en todo rescate bancario. Los primeros en pagar serían los accionistas. Posteriormente vendrían los poseedores de deuda subordinada y de bonos júnior (en esta categoría se incluirían las preferentes). Más tarde los que tuvieran deuda sénior, en manos básicamente de fondos de inversión y de pensiones, y que no se por qué razón hasta ahora no han participado en el rescate de las entidades intervenidas, salvo en Islandia.  Solo en última instancia tendrán que aportar parte del dinero los depósitos no asegurados, es decir, los de más de 100.000 euros.

En el caso de Chipre los depositantes pagaron los platos rotos por que las entidades bancarias apenas tenían deuda. En nuestro país, con datos de cierre de 2012, la suma de accionistas y bonistas representa aproximadamente el 33% del total del pasivo de nuestro sistema bancario, es decir, hay suficiente cantidad de fondos donde hacer un corte de pelo antes que tocar depósitos.  

Únicamente después de imponer quitas privadas, se permitirá la intervención del fondo de rescate europeo, financiado con dinero de los contribuyentes de toda la zona euro.

Excepcionalidades

En circunstancias excepcionales, la directiva autoriza el uso de fondos públicos nacionales y del MEDE antes de que todos los acreedores pierdan por completo su inversión, mediante un préstamo al Estado que computa como deuda pública. La recapitalización directa solo podrá intervenir en una segunda fase, una vez que se hayan agotado todas las quitas posibles, si el banco sigue necesitando ayuda.

Frente a unas reglas de juego claras, que dieran poco margen a los gobiernos e impidiesen, en último término, que los contribuyentes vuelvan a hacerse cargo de la factura, algunos países -Francia, España, Reino Unido entre ellos- querían una mayor flexibilidad. Curiosamente son aquellos con mayores problemas bancarios los que finalmente lograron introducir esta flexibilidad, y que podría edulcorar, en defensa de ciertos campeones nacionales, la letra de la directiva.

Y como mucho me temía, enseguida aparecieron voces de la élite financiera agarrándose a esta excepcionalidad. Pongamos un ejemplo. Dinamarca antes de esta directiva aplicaba de manera muy estricta los rescates bancarios a costa de accionistas y resto de acreedores. Pues bien Bancos daneses, dirigidos por Danske Bank adujeron que la legislación de su país pone en desventaja a los bancos daneses en relación a los competidores, donde los acreedores pueden esperar apoyo estatal. Concretamente desde dicha entidad se afirmaba, "nuestra interpretación del compromiso es que en los países que lo deseen - y se lo puedan permitir - sería posible hacer una recapitalización de un banco sin imponer un rescate de los acreedores". ¡Toma ya! Menos mal que el gobierno danés lo tiene muy claro y continuará aplicando su estricta legislación sobre rescates bancarios, donde no hay margen a ninguna excepcionalidad.

Qué ocurre desde el lado del activo

Tampoco queda claro cómo solucionar la insolvencia bancaria desde el lado del activo, tan o más importante para el desarrollo económico que quienes pagan los platos rotos desde el lado del pasivo bancario. Como ya detallamos desde este blog, existen dos modelos básicos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. El modelo sueco, donde las pérdidas se reconocen hoy, o el japonés, bajo el cual éstas se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas.

Bajo el modelo japonés, las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Ello, obvio, es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito.

Por el contrario, bajo el modelo sueco los bancos reconocen hoy las pérdidas derivadas de los excesos de endeudamiento en el sistema financiero. La deuda de cada prestatario se reduce a un nivel donde éste pueda permitirse el lujo de hacer frente a los pagos de la misma, pero a su vez el importe de las pérdidas asociadas a dichos préstamos se limita de forma que no suponga la creación de capital para el prestatario. De esta manera, cuando los bancos absorben las pérdidas por los excesos de deuda en el sistema, la carga del servicio de la misma se quita de la economía real. El capital que es necesario para el crecimiento, la reinversión, y el soporte del contrato social ya no se dirige al servicio de la deuda, y la economía real empieza a crecer.

Obviamente el modelo sueco es malo para los bancos, particularmente para su capital en libros, y excelente para la economía, ya que evita la distorsión en los precios de los activos financieros e inmobiliarios, y permite el acceso a la financiación, frente a la ocultación de pérdidas bajo el modelo japonés.

En España mucho me temo que se da una combinación de lo peor de cada casa. Nuestro país desde 2008 optó por el modelo japonés y las consecuencias son bien conocidas.Los precios de las viviendas no han caído lo que deberían, las variaciones interanuales del crédito a empresas y familias alcanza mes a mes nuevos mínimos históricos, mientras se lían a comprar deuda soberana patria para llevarse al “carry”. En definitiva nuestro sistema bancario se verá seriamente afectado por una nueva recaída cíclica asociada a un proceso de normalización del coste de capital y primas de riesgo. Y entonces querrán además que se aplique la excepcionalidad. ¡Menudos son! 


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