Desde la heterodoxia

La deuda impagable de España

En el blog anterior, utilizando los datos de Eurostat, detallamos cómo la acumulación de deuda pública durante los años de Rajoy no alcanza parangón en nuestra historia democrática. Pero, ¿qué ocurre con la deuda privada? Como saben ustedes, siempre hemos mantenido que la actual crisis sistémica de la economía española se encuadra dentro de lo que técnicamente se denomina una recesión de balances privados. Es fundamental, por lo tanto, seguir, actualizar y analizar la evolución de la deuda de nuestro país a partir de los datos publicados por Banco de España y recogidos, dentro del apartado de estadísticas, en el epígrafe cuentas financieras de la economía española, concretamente en el capítulo 2. El 19 de julio se dieron a conocer las cifras correspondientes al primer trimestre de 2013.

Con los nuevos datos se confirman dos tendencias en la dinámica de la deuda total patria. En primer lugar, las sociedades financieras apenas han reducido marginalmente su volumen de deuda respecto al cierre de 2012. En realidad en todo el período que llevamos de crisis incrementaron su deuda, a pesar de encontrarnos, por un lado, en pleno proceso de reestructuración bancaria, y, por otro, en una fase de desendeudamiento del resto de sectores privados. En segundo lugar, lo que empezó siendo una brutal crisis de deuda privada, acaba transformándose, como venimos avisando desde estas líneas hasta la saciedad, en una crisis de deuda soberana.

La deuda durante la crisis (2008-actualidad)

Cuando se inicia la crisis son los sectores privados los que presentan problemas de solvencia. La deuda de las familias, empresas, y entidades financieras a cierre de 2008 se sitúa alrededor del 320% del PIB, y el precio del colateral que soportaba la mayor parte de la misma se desploma. Como consecuencia los sectores privados entran y están en una profunda recesión económica. Las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro, las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes. Nos encontramos ante lo que se conoce técnicamente como una recesión de balances. El objetivo, por encima de todo es reducir deuda. Sin embargo, el ritmo de reducción si se deja todo a la austeridad es muy lento. Ver cuadros 1 y 2.

Cuadro 1.- Evolución Deuda de España por sectores, período 2008-actualidad (millones de euros)

Cuadro 2.- Evolución Deuda de España por sectores en el período 2008-actualidad (%PIB)

Analizando los cuadros 1 y 2 se observa cómo desde 2008 la deuda privada apenas se ha reducido. Pero, profundizando un poco en los datos, existen comportamientos divergentes entre los sectores que la componen –empresas no financieras, sociedades financieras y familias. Las familias son las primeras que empiezan a reducir su deuda, desde 2008, proceso que se acelera a partir de 2010, momento en que nuestra economía es intervenida de facto por Europa. En total, las familias han reducido su volumen de deuda alrededor de los 90.000 millones de euros.

Las empresas no financieras empiezan tarde, a partir de 2010, pero de una manera intensa. Han implementado un proceso de desinversión que ha supuesto una reducción de su montante de deuda en alrededor de los 170.000 millones de euros.

Por el contrario, y a diferencia de otros países como Estados Unidos, donde quebraron entidades financieras pequeñas y medianas, la deuda de las sociedades financieras residentes en nuestro país continuó aumentando, concretamente en 100.000 millones de euros desde 2008, lo cual es especialmente llamativo en pleno proceso de reestructuración bancaria y limpieza aparente de sus balances.

La combinación de estas dinámicas contrapuestas en el sector privado está detrás del hundimiento del crédito en nuestro país. Las empresas y familias tratan de reducir deuda a toda costa, y por lo tanto no demandan nuevos créditos; la banca, en pleno proceso de reestructuración, apenas ha reducido su deuda, síntoma de que en sus balances bancarios sigue habiendo mucha porquería, y, por lo tanto, no presta. Como consecuencia se produce la mayor restricción de crédito de nuestra historia moderna.

Explosión de deuda pública

Sin embargo el hecho más destacado de los cuadros 1 y 2 es el fuerte incremento de la deuda pública, en más de 600.000 millones de euros desde el inicio de la crisis. Desde el cierre de 2008 el volumen de deuda pública sobre PIB ha aumentado más de 60 puntos porcentuales, produciéndose la mayor aceleración en los gobiernos Rajoy. Ello se debe básicamente a dos razones. Por un lado, el rescate bancario, que se ha hecho a costa de los contribuyentes; y, por otro, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Según nuestras expectativas, las nuevas necesidades de financiación de las administraciones públicas para el período 2013-2015 oscilan entre 470.000 y 621.000 millones de euros. Si se confirmaran, el montante final de nuestra deuda soberana en 2015 alcanzaría entre el 140% y el 160% de nuestro PIB.

De este análisis podemos sacar dos conclusiones:

1ª.- El proceso de reducción de la deuda privada se está concentrado exclusivamente en familias y empresas no financieras. El sector financiero, que fue quien concedió esa deuda, es insolvente, y aún así ha continuado incrementado su deuda.

2ª.- La deuda del sector público se dispara al activarse los estabilizadores automáticos, tanto en ingresos como en gastos, como consecuencia de la recesión económica en la que estamos inmersos. Este proceso se ve acelerado, por un lado, como consecuencia de una fuerte reducción del gasto social y una salvaje devaluación interna -en 2012 la remuneración de asalariados cayó un 8,5% interanual; y, por otro, por un rescate bancario que se ha diseñado única y exclusivamente a favor de la gerencia y acreedores, a costa de los contribuyentes.

Estas cifras, inasumibles, reafirman la idea de que habrá reestructuración de nuestra deuda, tarde, mal, y desordenada, con lo fácil que hubiese sido una quita pactada que además conllevara una reducción de la carga financiera mediante el oportuno control de capitales. Pero que se le va hacer.


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