Desde la heterodoxia

El desorden internacional

La era de estabilidad global forjada tras las cenizas de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial toca a su fin. Literalmente se está desintegrando. Se puede afirmar que las actuales convulsiones económicas, sociales, y geopolíticas reflejan un mundo en descomposición. Nos dirigimos a una nueva era en la que definitivamente las fuerzas dominantes han dado carpetazo a una salida cooperativa. La única pregunta es cuánto caos y dolor infligirá la transición a un nuevo orden. Si les digo la verdad, no soy nada optimista.

Algunos, ingenuamente, pensábamos que la crisis económica era un momento ideal para poner orden. La idea era corregir los errores y avanzar en favor de una solución cooperativa más justa. Se trataba de buscar, en primer lugar, una nueva arquitectura financiera donde seredujera el tamaño de los bancos, se restaurara de nuevo la ley Glass-Steagall, y se creara un nuevo sistema monetario internacional basado en una cesta de monedas de las principales economías del mundo. No va a ocurrir nada de eso.

Estados Unidos y China

Se están dibujando dos grandes bloques. El primero gira alrededor de los Estados Unidos, y que desea mantener el actual statu quo. La alternativa se amalgama entorno a China que, poco a poco, sin apenas llamar la atención, está dispuesto a romper distintas tendencias globales de largo plazo. Una de ellas, a la cual ya nos referimos en su momento, consiste en poner fin al dólar como moneda reserva global. Dicha ruptura vendría precedida, bajo mi análisis, por la terminación de otra tendencia de medio plazo, las compras masivas de deuda gubernamental estadounidense por parte del gigante asiático. Para el diseño de esta estrategia, China, sorprendentemente, cuenta con la cooperación de ReinoUnido y la City. Esta dinámica de confrontación implícita permite explicar, por ejemplo, la crisis de Ucrania, ya que Rusia definitivamente se ha posicionado al lado de China.

Desde el lado energético, más de los mismo. La solución cooperativa requería diseñar un acceso a la energía libre de conflictos, donde además se pusiera fin al monopolio de la City de Londres sobre la gestión del riesgo y coberturas del petróleo. Paralelamente se debería impulsar la iniciativa de un fondo mundial para la financiación de la investigación y el despliegue inicial de las tecnologías sobre la energía limpia. Ello incluiría diseñar un plan integral para reducir y/o eliminar los subsidios a la energía fósil. No ha pasado nada de eso. Los dos grandes bloques, capitaneados por Estados Unidos y China, se lanzan al control de las materias primas tumbando y derrocando a quien haga falta.

La solución cooperativa pasaba además por buscar nuevos principios para el comercio transcontinental, reduciendolos enfoques de libre comercio al intercambio dentro de las distintas entidades regionales. Mientras, el comercio entre bloques regionales se basaría en programas de “facilitación del comercio” donde se garantizara la transparencia en las negociaciones y la participación de las sociedades civiles interesadas en este campo.

Caos económico y social

Pero además de estas tendencias geopolíticas y estratégicas ha habido otras dinámicas internas caóticas, especialmente en las democracias occidentales. La actual crisis sistémica -económica, social y política- es una consecuencia inmediata de la ruptura del consenso keynesiano de la posguerra. Desde un punto de vista económico fue sustituido en favor de un recetario neoliberal basado en la inequidad, en unos bajos salarios con su correspondiente baja demanda y los consiguientes excesos de inversión. Todo ello aderezado con unos bajos impuestos o una nula tributación para los evasores corporativos, y el fomento del mayor proceso de acumulación de deuda de la historia, muy lucrativo para la banca mientras perduran las inflaciones de activos, pero nefasto para la ciudadanía cuando estallan.

La crisis, bajo este análisis, se ha aprovechado para rediseñar una nueva política económica bajo los eufemismos de austeridad fiscal expansiva y devaluación interna. Mediante ella, ciertas élites capitalistas, con la ayuda entusiasta de sus apéndices políticos, quieren recuperar sus tasas de gananciaa base de sacrificios de los trabajadores y de espaldas a las aspiraciones de las poblaciones del resto del mundo. La consecuencia ya la sabemos todos, un aumento brutal de la pobreza y de las desigualdades en Occidente y muy especialmente, por mucho que le pese a nuestro inefable Cristóbal Montoro, en España.

Totalitarismo invertido

Desde el punto de vista político el final del consenso keynesiano de la posguerra ha traducido en la aparición del totalitarismo invertido, término acuñado por el profesor emérito de filosofía política de la Universidad de Princeton Sheldon Wolin. Recordémoslo brevemente. El totalitarismo invertido es el momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. Mientras que las corporaciones se vuelven más políticas, el Estado se orienta cada vez más hacia el mercado. España, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de ello. La antidemocracia y el dominio de la élite son elementos básicos del totalitarismo invertido.

La antidemocracia no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Políticamente, significa alentar la "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El ritmo intenso de trabajo y los horarios de trabajo prolongados combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.

Nos encontramos, en definitiva, ante un desorden internacional sin precedentes desde el período de entreguerras. Y miren que había soluciones más justas y cooperativas. Les recomiendo, en este sentido el libro de Frank Biancheri 'Crisis Mundial. Encaminados hacia el Mundo de Mañana'. En él se ofrecían dos salidas, la cooperativa y, alternativamente, el caos. Biancheri se atrevía a hacer distintas predicciones bajo cada escenario. Sorprendentemente muchas se están cumpliendo.


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