Desde la heterodoxia

Las desigualdades, fruto del rescate a las élites

Desde estas modestas líneas no nos cansaremos de denunciar el fraude intelectual que hay detrás de todas y cada una de las recomendaciones de política económica implementadas, a lo largo de la actual crisis sistémica, en nuestra querida España. Apoyadas por unos presuntos expertos, ponen de manifiesto la crisis de visión y el vacío ético en el que ha caído la academia económica. Y ahora empiezan a publicarse y conocerse informes de distintos organismos internacionales sobre una de las consecuencias más terribles de la implementación de las mismas, el aumento brutal de la pobreza y las desigualdades en nuestro país. Pero da igual, a aquellos que se les debería caer la cara de vergüenza y ponerse de una vez por todas a trabajar se las “trae al pairo”, pasan, siguen a lo suyo. Y obviamente no esperen que motu proprio hagan nada para remediarlo.

La frialdad de los datos económicos, manoseados hasta límites nauseabundos, oculta una realidad social que algunos pensábamos superada. La pobreza vuelve a instalarse en nuestro país con toda su intensidad. Diversos informes de Cáritas, UNICEF, o Save The Children ya nos avisaban de lo que era un secreto a voces. Pero ahora nos van llegando los informes 'sesudos' de distintos organismos multilaterales -FMI y OCDE- sobre las consecuencias y los efectos de la crisis y de las políticas económicas que ellos mismos recomendaban. Los resultados para nuestro país no pueden ser más demoledores.

Las desigualdades de la recesión

Los datos recogidos por la OCDE revelan que en España la crisis se ha cebado con los más débiles. Para el 10% de los españoles más ricos, la recesión ni siquiera ha comenzado. La actual crisis sistémica ha costado, desde 2007, a los españoles de rentas más bajas unos 2.600 euros por persona, es decir, un 33% de su renta disponible. Por el contrario, los estratos más ricos apenas han perdido un 1% al año desde 2007 hasta sumar un 3% de caída de renta total. El golpe sufrido por las clases medias y bajas en nuestro país ha sido brutal, sus rentas han caído como en ningún otro país desarrollado, a ritmos del 15% anual.

La crisis ha sido aprovechada en nuestro país por quienes la generaron –gerencia bancaria y acreedores foráneos- para hacer un ajuste de cuentas con la ciudadanía. Para ello han contado con la ayuda inestimable de una clase gobernante mediocre e insensible. Pero estas dinámicas no son propias en exclusividad de nuestro país, se pueden extender a la mayoría de los países occidentales.

Los análisis más detallados sobre las consecuencias de la crisis se refieren a la economía estadounidense. Las conclusiones son terribles. Por un lado, respecto a la riqueza, para los hogares más pobres y para las clases medias, la actual crisis económica sistémica borró 20 años de acumulación de patrimonio neto. En cambio el descenso para los más ricos es marginal. Respecto a las rentas, el 10% de las personas de mayor renta se llevó más de la mitad de los ingresos totales del país en 2012, el nivel más alto registrado desde que el Gobierno estadounidense comenzó a recopilar los datos pertinentes hace un siglo. El 1% más rico se llevó la quinta parte de los ingresos obtenidos por los estadounidenses, uno de los más altos niveles desde 1913, cuando el Gobierno instituyó un impuesto sobre la renta.

Las élites se han rescatado a sí mismas

Las cifras ponen de manifiesto que Estados Unidos, Occidente en general, y muy especialmente nuestra querida España, se encuentran inmersos en una fase de aparente recuperación y apogeo de las élites, pero que en realidad oculta un empobrecimiento masivo de la ciudadanía. Se trata de un equilibrio inestable que al final acabará estallando.

No es extraño, por lo tanto, que algunos de los más ricos se sientan exultantes. El colapso causado por el fraude bancario generalizado apenas les ha afectado, en tanto que ha acabado con la mayor parte de lo acumulado durante los años de crecimiento por las clases medias y bajas. Esta situación ha sido en gran medida el resultado de las decisiones políticas y fiscales tomadas por los gobiernos occidentales en los últimos veinte años, en los que se fomentó una economía financieramente depredadora. Las burbujas financieras son a menudo mecanismos de transferencia de riqueza, y en nuestro país, además, responsables de un empobrecimiento generalizado, cuando finalmente acaban estallando.

A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos. Y he aquí el quid de la cuestión. Si se reestructurara el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, diseñaron una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan. ¡Y lo han hecho a nuestra costa!

Pero lo peor de todo es ver como nuestros gobernantes se niegan a reconocer la relación causa-efecto entre rescates bancarios, a costa de los contribuyentes, y empobrecimiento masivo de la ciudadanía. Sin embargo, están sembrando demasiados vientos, demasiados agravios. Y en una situación de desesperanza la situación puede volverse incontrolable.


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