Desde la heterodoxia

Los desahucios y el cinismo de las élites extractivas

El cinismo y la caradura de cierta clase política patria y de las élites extractivas de nuestro país alcanzan límites insospechados. Es ahora, ante la avalancha de desahucios, después de la alarma social provocada por la actitud miserable de unos bancos que imponen, embargan y ejecutan hipotecas, tras ser rescatados con dinero público, a nuestra costa, cuando los dos grandes partidos políticos parece que se dignan a estudiar el tema.

No se preocupen, no saldrá nada bueno para la ciudadanía. Ya es tarde, sólo cabe la dación en pago; o una profunda restructuración o quita de las deudas hipotecarias, centradas en primera vivienda y para colectivos cuya situación económica les lleva al desahucio y a la marginalidad social.

Clamor judicial contra los desahucios

Determinados jueces españoles, como funcionarios de carrera, viendo el abanico de inmoralidades desplegados por nuestro sistema bancario, quebrado e inservible para su propósito, han dicho basta. No están dispuestos a quedarse con los brazos cruzados ante la avalancha de desahucios. Dos miembros delConsejo General del Poder Judicial y dos jueces decanos, entre ellos la de Barcelona, defendieron una reforma de las leyes que regulan el desalojo obligatorio por impago de la hipoteca.

Algunos de ellos fueron más allá. Apuntaron la necesidad de modificar el código de buenas prácticas de las entidades financieras, promovido por el Gobierno del PP, para imponer a los bancos la concesión de una moratoria en el pago de las cuotas hipotecarias en determinados supuestos de impago. Ya está bien de tomaduras de pelo, las normas de buena conducta jamás han funcionado con el sistema bancario, que hace y deshace a su antojo.

Ciertos ingenuos pensaban que cuando los gobiernos y banqueros centrales se embarcaban en una política de rescate de las deudas de los bancos privados, al menos eran sinceros, que realmente trataban de arreglar las cosas a favor de la ciudadanía en general. La realidad es bien diferente.

La autorregulación en la banca nunca funciona

La dinámica avaricia-miedo de Hyman Mynsky, y su crítica a la autorregulación del sistema financiero vuelve de nuevo a funcionar. Prevalece siempre el poder de los incentivos económicos que dirige el comportamiento humano hacia el auto-interés, el corto plazo, y no hacia el interés propio bien entendido. Pasó con las murallas chinas, con la banca privada, y vuelve a pasar con el paripé del código de buena conducta en los préstamos hipotecarios.

No, cuando la banca es insolvente, no hay que negociar ni consultar nada con ella. Como hicieron Roosvelt en la Gran Depresión, los suecos en 1992, o los islandeses en 2008, se les impone las condiciones, y punto.

Sin embargo, queda terriblemente claro que ni la élite financiera quebrada ni su brazo político ejecutor tienen la menor intención de estar al lado de la ciudadanía en todo aquello que se nos está imponiendo. Las rebajas salariales, aumentos impositivos al factor trabajo, los desahucios, incrementos del IVA, recortes en la asistencia social, la salud, la educación, todo ello se hace para mantener los privilegios de las élites extractivas. Prometieron y prometen que el reparto será equitativo. Mentira.

Hemos visto como la gerencia, propietarios, y acreedores de los bancos intervenidos hasta ahora, han salido de rositas, pero aquellas familias, humildes en su inmensa mayoría, que por la pérdida de empleo no pueden pagar sus hipotecas, se las desahucia de manera miserable.

Reestructuración de la deuda de las familias

La banca occidental presenta un problema de solvencia, y se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Resulta imprescindible detener esta sangría de fondos hacía un sistema financiero que no cumple el papel social que tiene asignado.

Por lo tanto, es más necesario que nunca que la gerencia, los propietarios y los acreedores paguen los platos rotos. Y después de ello, si hace falta, que el Estado entre como accionista. Siempre que se ha hecho así, las cosas han vuelto a la normalidad con relativa rapidez. Véanse los ejemplos de Islandia en 2008 o Suecia en 1992.

Los gobiernos, Tesoros, y organismos supranacionales a la vez que sanean el sistema financiero deberían reducir el valor facial de cierta deuda, a un nivel, por ejemplo, donde los propietarios de casas pudieran permitírselo, evitando ejecuciones masivas de las mismas. Ello reduciría la deuda de las familias.

Los mecanismos de reducción de la deuda, la limpieza de balances, y de reordenación del sistema financiero ya se implementaron con éxito en el pasado. Véase, por ejemplo, el rescate bancario en la Gran Depresión promovido por la administración Rooslvelt, o la experiencia islandesa de 2008. Ambos ejemplos son analizados por el FMI en su informe bianual del 10 de abril de 2012, donde abiertamente propone la necesidad de reducir la deuda de las familias mediante quitas o reestructuraciones de deuda, estudiando diversas experiencias históricas.

El elemento clave, por ejemplo, en el rescate bancario de la administración Roosvelt fue el Home Owners Loan Corporation (HOLC). Es el equivalente macro del Banco Malo pero con diferencias. Fue creado para comprar hipotecas a distintos bancos a un precio descuento, reduciendo además el valor facial y disminuyendo los tipos fijos de las hipotecas. Se refinanciaba a los hipotecados en “distress”, apunto de ejecutarles la hipoteca, en nuevas hipotecas con menor valor facial y tipos hipotecarios más bajos.

Este programa masivo permitió a millones de familias evitar perder sus casas y que se ejecutaran sus hipotecas. Se aplicó solo sobre primera vivienda y valor de la casa inferior a 20.000 dólares. El HOLC compró hipotecas durante 2 años y gestionó tales activos durante 18, a un coste fiscal relativamente bajo (comprados a descuento, con una quita en el valor facial).

¿Han oído ustedes que el rescate de nuestro sistema bancario introduzca algo parecido a una reducción de deuda de las familias? La respuesta es no, y como el problema fundamental es de endeudamiento, seguiremos igual de mal. En realidad, una auténtica política reformista exige hacer frente a los monopolios empresariales y financieros, la especulación, la banca insensible, los antagonismos de clase, y al sectarismo. Pero nuestras élites políticas a por uvas, liadas con otras reformas que en realidad son recortes sociales que les validan ciertos académicos que ni han olido ni entenderán la crisis. Sinceramente, creo que no son conscientes de lo que están haciendo, porque en caso contrario simplemente serían peligrosos.


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