Desde la heterodoxia

Los delirios de la ortodoxia económica

Durante la última semana hemos asistido impávidos a los S.O.S. lanzados por aquéllos cuyos diagnósticos y recetas nos han arrastrado a la mayor crisis sistémica de Occidente desde la Gran Depresión. ¿Alucinante, verdad? Sus recomendaciones de política económica, una mega-expansión monetaria, completamente inútil en recesión de balances, nos han llevado hasta aquí. Y ahora se quejan amargamente de la reacción de los mercados y de un proceso de acumulación masivo de deuda. Nos referimos a los discursos y advertencias de Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal; y del nuevo economista jefe del Banco Internacional de Pagos (BIS), el coreano Hyun Song Shin

En una conferencia que dio la semana pasada para el FMI Janet Yellen, la flamante nueva presidenta de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) afirmó, con razón, que la política monetaria y sus herramientas tienen “serias e importantes limitaciones para contrarrestar los riesgos de la estabilidad financiera”. De un plumazo invalidó toda la política monetaria desplegada por sus dos predecesores, quizás los mayores responsables de la actual crisis sistémica. Por un lado, Allan Greenspan, quien dirigió la FED en el período 1987-2006; y, por otro, Ben Bernanke, al frente de la misma desde 2006 hasta 2013.

El fracaso de la política monetaria

Bajo el mandato de Allan Greeenspan, neoliberal empedernido, la FED abogó en favor de una desregulación masiva, y se activó un problema de riesgo moral, el papel de la política monetaria como elemento incentivador de la toma de riesgos excesivos. Los inversores, especialmente los bancos, asumieron importantes riesgos en sus apuestas a sabiendas de que si al final las cosas iban mal, las autoridades monetarias los rescatarían, como así sucedió. Las consecuencias fueron dramáticas. Bajo su mandato se gestaron dos de las grandes burbujas del siglo XX, la  tecnológica y la inmobiliaria.

En el año 2002 la FED incorporó en su consejo de gobierno a Ben Bernake, un académico reputado al que se consideraba un experto en la lucha contra la deflación por deuda. El Banco Central estadounidense, desde el estallido de la burbuja tecnológica, y especialmente desde el 2008, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria y las quiebras bancarias, aplicó la hoja de ruta de Bernanke recogida en su discurso ante el Club Nacional de Economistas, el 21 de noviembre de 2002:Deflation: making sure it doesn’t happen here.” Se trata de la percepción errónea de que inundando de dinero al sistema se reactivará el ciclo económico. La Teoría Monetaria de Milton Friedman es falsa. Lo estamos comprobando ex-post

La reactivación insostenible de la deuda

En su último informe, el Banco Internacional de Pagos (BIS), muy ligado al FMI, también advirtió que “la euforia de los mercados financieros está desfasada respecto de las perspectivas económicas y la tambaleante geopolítica mundial” Y añadió que, en sus excesos, los mercados financieros “se han desprendido de la realidad”. El nuevo economista jefe del BIS, el coreano Hyun Song Shin, dijo que se ven “elementos de creciente riesgo en el sistema financiero”. El bajo crecimiento alimentado por una alta deuda no es sostenible, dijo Song Shin, pues está llevando la economía a un modelo de crecimiento basado en la deuda (pública y privada) que, con el tiempo, podría terminar sembrando las semillas de su propia destrucción.

Nada nuevo en el horizonte. Después de más de seis años de intensa recesión, ninguna de las causas que originaron la actual crisis sistémica, un volumen brutal de deuda y una banca insolvente, se han solucionado. Se optó por reactivar otro proceso de endeudamiento, que retroalimentó nuevas burbujas financieras, como único camino de superación de la crisis. Sin embargo hay una notoria diferencia respecto a 2008. Mientras que en 2008 la mayoría de la deuda era privada, los procesos de resolución de la crisis bancaria, y otros, socializaron pérdidas privadas disparando el volumen de deuda pública a niveles inasumibles.

Buscando soluciones

Una vez que los mercados estallen y algún que otro banco sistémico quiebre, será la hora de remangarse. Además de una reestructuración ordenada de la deuda y del sistema bancario hace falta mucho más. Si realmente se quiere introducir una mayor estabilidad financiera, además de imponer mayores requisitos de reservas, se debe reinstalar la ley Glass-Steagall, acabar con el apalancamiento de la banca, y terminar con la idea de que la política monetaria debe implementarse con el fin de gestionar riesgos.

Siguiendo a Hyman Minsky, padre de la hipótesis de inestabilidad financiera, que permitió predecir con antelación lo que ha sucedido, los bancos centrales deben de ser mucho menos transparente en sus comunicaciones, incluir la inflación de activos en su función de reacción, ser visto como menos proactivos, y permitir una mayor ciclicidad en el PIB. En definitiva no deben adoptar públicamente el paradigma de gestión de riesgo en su aproximación a la política monetaria. Pero han perdido mucho tiempo, han generado mucha miseria y pobreza. Y ninguno ha asumido aún las consecuencias de sus decisiones. ¡Porca miseria!


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