Desde la heterodoxia

La deflación de Occidente

Desde el inicio de este blog en 2011 avisamos del riesgo de la deflación. Llevamos casi 7 años de crisis sistémica en Occidente, pero seguimos sin solucionar el problema de fondo, un brutal endeudamiento masivo, inicialmente privado, ahora ya, además, público. La ortodoxia trató de centrifugar la deuda privada, y continúa haciéndolo, a través de los contribuyentes, incrementado la deuda soberana, pero el resultado final es el mismo, una deuda total en subida libre, impagable.

Las políticas económicas implementadas se están agotando y se encuentran al borde del fracaso más absoluto. Constituyeron una auténtica huida hacia adelante, en principio por incompetencia académica, ahora simple y llanamente por defensa de unas élites quebradas de facto, las bancarias y sus aledaños. Sin embargo, toda huida hacia adelante llega a su fin. Venimos alertando como la actual crisis sistémica está entrando ya en una nueva fase de profundización de la misma, la Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016), en una depresión económica que se conoce como deflación por endeudamiento.

El origen de la crisis

Recordemos brevemente el origen de la actual crisis sistémica. Se trata de una recesión de balances privados donde el descenso del precio del colateral que alimenta una deuda monstruosa fuerza a las familias a disminuir el consumo y tratar de recuperar, si pueden, ahorro. Pero como no se generan rentas, resulta imposible incrementar ese ahorro. A su vez, las empresas no financieras no invierten y destruyen el capital ya instalado.

Cuando se entra en una recesión de balances sólo hay una opción, reestructuración ordenada de la deuda, control de capitales, y una política fiscal expansiva centrada en gasto social y en un vasto programa de infraestructuras públicas a escala mundial. Éste último no supondría ningún aumento de deuda pública. Se podría financiar vía bancos centrales, lo que además ahuyentaría el riesgo de deflación.

Por “infraestructuras”, nos referimos especialmente el conjunto de los servicios públicos esenciales como la educación, el acceso a la asistencia médica y a los servicios esenciales (agua, electricidad, telecomunicación) y programas científicos emblemáticos (medicina, espacial, energía). Se trataría de garantizar de manera eficaz y sostenible el crecimiento mundial utilizando mejor los desequilibrios actuales en materia de recursos financieros: los países que gozan de excedentes considerables encuentran de esta forma un medio útil y seguro para reciclarlos.

Ahora ya es tarde. Se optó por fomentar la especulación, la pobreza y la miseria. Por un lado, una política monetaria expansiva al servicio exclusivo de las élites, especialmente las bancarias, como venimos denunciando desde estas líneas. Lo único que genera es un estado de nirvana, una mera ilusión óptica, vía inflación de activos. En esas estamos ahora. Hace ya bastantes años el economista jefe del banco de inversión Nomura, Richard Koo, avisó que la política monetaria en recesión de balances es inefectiva, solo genera burbujas que al final acaban estallando provocando una recesión más profunda.

Paralelamente, se está produciendo una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. Pero el objetivo no es reactivar el ciclo mediante el gasto social y un vasto programa de infraestructuras. Sólo se está incrementando la deuda pública para financiar a aquellos que nos han llevado hasta aquí. Y luego hay unos cuantos cachondos que dicen que se está aplicando keynesianismo. ¡No! Puro monetarismo "a lo Milton Friedman", con un pufo profundamente conservador, y un tremendo latrocinio. La ortodoxia legitimó la interpretación que Milton Friedmany Anna Jacobson Schwartz hicieron de la Gran Depresión, y se han equivocado y de qué manera.

¿Y ahora qué?

Un vez que los mercados financieros, tremendamente sobrevalorados, estallen, como lo hicieron en el 2000-2002 y en el 2007-2008, la economía de Occidente, especialmente los Estados Unidos, entrarán en una gran recesión, en una fase de intensa deflación por deuda. Entonces sí, ya no les quedará más medio que asumir una reestructuración global de la deuda, una reordenación del sistema financiero y monetario internacional, el establecimiento temporal de control de capitales, y la implementación de un vasto programa internacional de inversión en infraestructuras.

Será fundamental, dentro de las reformas a implementar, una reestructuración del sistema bancarioglobal. Debe reducirse su tamaño acorde con la economía real. Se deben poner bajo supervisión pública los principales centros financieros internacionales. Los grandes bancos sistémicos deben trocearse y evitar así el problema de riesgo moral "too big to fail", demasiado grande para quebrar. Finalmente, se debe restablecer la ley Glass-Steagall de separación entre banca de inversión y banca comercial.

De aquí debería salir un nuevo mundo multipolar, más equilibrado, donde la cooperación sea la moneda de cambio y de trabajo. La alternativa es la autodestrucción y el caos, aquel que algunos intentan expandir vía conflictos geopolíticos -Siria, Libia, Irak, Afganistán, Ucrania,....


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