Desde la heterodoxia

Los defensores de la austeridad deben pedir perdón

Después del destrozo económico y social que está provocando el austericidio fiscal y salarial promovido por una élite extractiva insolvente y su brazo político, aquí representado por el indolente Rajoy, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, acaba de reconocer el "error" cometido por el organismo internacional a la hora de recomendar recortes.

Las élites extractivas tratan de proteger su patrimonio a costa de la ciudadanía. Da igual que desde puestos de responsabilidad privada se lleven a la quiebra a entidades financieras, o que los responsables públicos y quienes les asesoran implementen o hagan recomendaciones de política económica que acaban empobreciendo a la mayoría de los ciudadanos. Ahí siguen, en sus poltronas, bien alimentados, sin asumir ninguna responsabilidad.

El señor Olivier Blanchard en el mes de mayo de 2008, justo antes del mayor colapso económico tras la Gran Depresión, afirmó sin despeinarse que la economía global estaba en el mejor momento de su historia. Ahora pide disculpas por sus recomendaciones de política económica. Pero ahí sigue. Y aquí, en nuestra querida España, sin novedades, hartos de contemplar atónitos cómo funcionan “las puertas giratorias”, donde ex Ministros, ex Presidentes de Gobiernos, y banqueros de postín pasan de lo público a lo privado y viceversa sin ningún control. Eso sí, la gente preparada, formada, y honesta tiene que hacer las maletas y buscar fuera El Dorado.

El papel de la academia

Para todo ello han contado con la inestimable ayuda de una parte del mundo académico y de diversos Think Tank neoliberales bien alimentados. Eran ellos quienes justificaban intelectualmente toda una serie de recomendaciones de política económica, bien acogidas por la plutocracia, y que no dejaban de ser meras propuestas ideológicas. En este sentido, la actual crisis económica y financiera ha puesto de manifiesto una crisis más profunda de la que apenas se discute y se habla en los medios de comunicación: el vacío intelectual y el escaso soporte empírico de la mayoría de las teorías macroeconómicas y microeconómicas que se enseñan en las Facultades de Ciencias Económicas y Empresariales de todo el mundo.

La inmensa mayoría de los técnicos, asesores, académicos liberales, y defensores de los ajustes de oferta que asesoran a los gobiernos, ni predijeron la actual crisis económica, ni se enteraron del perverso mecanismo de endeudamiento privado financiado por un colateral, o inflación de activos. Y ahora, para más inri, dichos gobiernos, aunque no todos, aplican sus recetas, vestidas bajo el eufemismo de reformas. Las consecuencias de las mismas ya las conocemos todos, recesión, paro, y miseria social.

Los juicios de valor ideológicos de la ortodoxia neoclásica

Desde la ortodoxia dominante, “el pensamiento único” o “consenso de Washington”, se proponen una serie de recetas económicas basadas en un conjunto de “verdades indiscutibles”, cuando en realidad no representan nada más que juicios metodológicos previos, de carácter ideológico. Se trata de políticas económicas basadas en la austeridad, liberalizaciones, y privatizaciones, con el fin de eliminar la inflación, preservar el tipo de cambio, incrementar la tasa de crecimiento de la productividad, y crear puestos de trabajo estables. Si bien los fines u objetivos pueden ser idóneos, no así los medios.

Propugnan Bancos Centrales Independientes, cuando en realidad la FED, el BCE, o Banco de España, además de ser la semilla negra de la actual crisis de deuda privada, sólo han servido, y siguen defendiendo, a la élite dominante que ha generado la actual crisis, el lobby bancario.

Recomiendan una combinación de sindicatos débiles, mayor flexibilidad del trabajo, y congelación y reducción de salarios, cuando en realidad los países de mayor formación, prosperidad económica, y menor corrupción se caracterizan por lo contrario: fuerte implantación sindical, participación de los sindicatos en la gestión empresarial, altos salarios, y protección del empleo.

Exigen una reducción de los servicios públicos e impuestos, cuando en realidad aquellos países desarmados fiscalmente y con servicios públicos mediocres es donde más golpea la crisis. ¿Quieren dos ejemplos? Ahí los tienen: España y Grecia.

La ortodoxia dominante propugna la cuasi desaparición de los déficits públicos y fija límites a la deuda pública. Pero, ¿acaso se han enterado de que en España, Reino Unido o Estados Unidos la deuda privada es superior al 300% del PIB, y que los errores de asignación de recursos del sector privado están detrás de la brutal crisis actual?

Para rematar consideran que es necesario la privatización de numerosas empresas públicas y el desmantelamiento de numerosas reglamentaciones que regulan mercados para que estos sean más flexibles. ¿Han cogido alguna vez el transporte público en Reino Unido o Estados Unidos? ¿Los ciudadanos españoles han visto mejorar los servicios de luz, gas, electricidad o teléfono, antiguos monopolios naturales? ¿Se han enterado de que Alemania es un país muy regulado?

El fracaso de la mezcla de políticas económicas de la ortodoxia

A la hora de trasladar sus verdades indiscutibles, la ortodoxia económica propuso para salir de la crisis una combinación de política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (ampliación de los balances de la FED o del BCE), y deflación salarial, bajo una serie de hipótesis que han resultado ser falsas. Ha hecho un diagnostico absolutamente erróneo de lo que está pasando en el mundo. Como consecuencia, sus recetas económicas han fracasado, y, como corolario, han empezado a revisar y revisarán de manera continuada y adaptativa sus previsiones económicas.

El multiplicador monetario no ha funcionado, al estar en trampa de la liquidez. El impacto negativo de las restricciones presupuestarias sobre el crecimiento económico ha sido casi cuatro veces superior al estimado por los modelos del FMI, y ya no hablemos respecto a las tonterías pregonadas por los neoricardianos. El abaratamiento generalizado de los salarios y del despido ha acabado hundiendo la demanda efectiva, es lo que se conoce como paradoja der costes.

Las medidas de política económica recomendadas por la ortodoxia, e implementadas a pie puntillas por el actual ejecutivo de Rajoy, han hundido aún más la demanda efectiva, y han trasladado la crisis de deuda privada a deuda soberana. Por mantener los privilegios de una élite, si nadie lo remedia, la quiebra de deuda soberana podría ser una realidad.

Desde este blog volvemos a hacer hincapié, por enésima vez, en que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasa por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario patrio y global, que además conlleve una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufran la correspondiente quita.

Sin embargo, y tristemente, aún no se ha hecho nada en este sentido. ¿Por qué? La razón es muy sencilla, si se reestructura el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra costa.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba