Desde la heterodoxia

En defensa del salario mínimo

El actual ejecutivo de Rajoy se ha convertido en el principal problema para la sociedad española. La mentira se ha extendido como moneda de curso legal. La incompetencia e improvisación, día a día, emanan como los rasgos más característicos del gobierno actual. Pero es sin duda alguna el dolor innecesario a que está sometiendo a la mayoría de la población la culminación de un despropósito innecesario. El último ejemplo es la congelación del salario mínimo.

El origen de tanto disparate, como ya detallamos en el blog "Diagnóstico y propuestas para evitar una depresión económica", publicado el 6 de marzo de 2012, es un diagnóstico erróneo de los males que acechaban a nuestra querida España. Por lo tanto, la medicina que aplicaron para mejorar la salud del paciente no ha surtido ningún efecto, ha resultado ser contraproducente. El gobierno tenía distintas alternativas de política económica y libremente decidió inmolarse siguiendo sus principios ideológicos y ciertos intereses de clase.

Congelación del salario mínimo

La última cacicada del actual desgobierno ha sido la congelación, por segunda vez, del salario mínimo. Mientras que en Estados Unidos, el presidente Obama tiene previsto subirlo de los 7,25 dólares actuales por hora a los 10,10; mientras que en Alemania se ha fijado, por presión del SPD, un salario mínimo por hora de 8 euros; aquí el ejecutivo del susodicho Rajoy ha decidido mantenerlo en los 645,30 euros, pura miseria.

Según el indicador de predicción de protestas sociales, elaborado por The Economist en función de las condiciones socioeconómicas, para el 2014 España se sitúa entre los países de más alto riesgo del mundo. ¿Saben ustedes cuáles son las naciones que engloban los grupos de menos riesgo? Obvio, aquellas que tienen los salarios mínimos legales o por convenio más altos. Entre los países de muy bajo riesgo se sitúan Australia, Austria, Dinamarca, Japón, Luxemburgo, Noruega, Nueva Zelanda y Suiza.

El porqué del salario mínimo

El punto de partida para justificar la existencia de un salario mínimo es profundamente teórico. Una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia, se produce sobre la forma de la curva de demanda de trabajo. Para la ortodoxia, véase por ejemplo estudio del BBVA sobre salarios "¿Puede la moderación salarial reducir los desequilibrios económicos?", dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes.

Un ejemplo de fracaso de la política de contención salarial es el último informe de la OCDE sobre Grecia. En dicho documento se advertía, frente a sus propias previsiones y recomendaciones, que las bajadas salariales reales ni han mejorado la competitividad ni han aumentado la demanda. Todo ha ido a márgenes empresariales.

Evidencias, mentiras y correlaciones espurias

La relación negativa entre salarios reales y empleo presentada por los autores del estudio del BBVA para España conforma en realidad una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda los salarios reales caen, y al estar asociada dicho proceso de endeudamiento a una burbuja inmobiliaria se genera una gran cantidad de empleo. Pero cuando estalla la burbuja inmobiliaria, boom, caemos en recesión de balances. No hay ninguna relación causa efecto entre salarios reales y empleo, como nos quería hacer ver tal informe, es una merca correlación espuria.

Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán. La propuesta de recortes salariales hecha por los autores del estudio del BBVA acabaría siendo contraproducente, aceleraría la espiral deflacionista y hundiría rápidamente el sector bancario. Y la deflación por deuda es el peor de los males posible.

Rajoy y su dejación de responsabilidades

Bajo la discusión previa sobre la forma de la curva de demanda del trabajo, si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio subóptimo con débil ocupación y débil nivel de vida.

Dado que el equilibrio alto de empleo es inestable tan solo la intervención del Estado podrá conseguir que la economía se mantenga cerca del mismo. Para ello el Estado debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando por ejemplo un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial; imponiendo salarios elevados en el sector público; adoptando leyes que favorezcan la constitución de sindicatos capaces de contrarrestar el poder de las empresas. La presencia de sindicatos fuertes que, en presencia de paro, impiden la caída de salarios reales, va a tener efectos benéficos sobre el empleo, la producción y el nivel de vida de los ciudadanos.

Pero no, Rajoy ha preferido seguir sus principios ideológicos que ni siquiera siguen sus correligionarios, véase a modo de ejemplo David Cameron en Reino Unido o Ángela Merkel en Alemania. Ambos han fijado salarios mínimos que más que duplican el nuestro.

Pero para lavar su conciencia Rajoy se han apoyado en ciertos informes llenos de hipótesis de partida falsas. Cuando el objetivo de dichos estudios es su publicación como artículos en revistas académicas, pase. Sin embargo, dichos autores deberían ser muy cuidadosos cuando sus recomendaciones, basadas en modelos erróneos, afectan a la vida de sus conciudadanos, especialmente los grupos más débiles. En ese caso se hacen copartícipes de lo que ocurra.


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