Desde la heterodoxia

En defensa del impuesto sobre la renta del suelo

¿Es posible diseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza? La respuesta es sí. Incluso si se diseña adecuadamente daría margen amplio para bajar los impuestos al factor trabajo, al factor capital, y, sobre todo, permitiría reducir de manera ostensible ese impuesto tan injusto que se ceba especialmente sobre los más débiles, el IVA. Pero para ello hay que ser sagaz, tener voluntad política e ir a por lo que en su momento denominamos buscadores de renta, aquellos que están sorbiendo la sangre de nuestros hijos, y que por estos lares abundan en demasía.

La solución ya fue ideada hace más de 100 años por un economista de San Francisco, Henry George. Se trata de establecer un impuesto sobre el valor de la tierra que no solo es técnicamente correcto sino eficiente. Dos economistas ganadores del Nobel, Joseph Stiglitz y Paul Krugman, han desempolvado y retomado los trabajos y propuestas de Henry George. Sobresalen especialmente los trabajos de Stiglitz de la mano de Richard Arnott. Para España destacan las propuestas de Fernando Scornik, abogado, y Fred Harrison, economista inglés.

La tierra, y a través de ella de los inmuebles, tienen valor porque las distintas administraciones públicas proporcionan "bienes públicos"

Todos ellos se percataron de algo obvio; la tierra, y a través de ella de los inmuebles, tienen valor porque las distintas administraciones públicas proporcionan "bienes públicos", desde escuelas, hasta centros sanitarios, pasando por el transporte público, parques y sistemas de alcantarillado. Todos ellos han demostrado que si el valor de un lugar proviene de los bienes públicos, entonces tiene sentido gravar el valor de la tierra en sí para pagar por cosas como la infraestructura. En otras palabras, las personas que reciben el beneficio del gasto público deben ser también los que paguen los costes. En España, además, donde las élites extractivas o buscadores de rentas campan a sus anchas, y se han apropiado de la práctica totalidad de las rentas que genera el suelo, es una obligación moral.

España y los buscadores de renta

En su momento detallamos la necesidad de incorporar en cualquier análisis el papel de las instituciones, lo que Douglas North denominó las "reglas del juego" o las limitaciones derivadas de esaestructura que surge de la interacción política, económica y social. En particular, la discusión sobre el papel desempeñado por las instituciones (formales e informales) que dan origen y soporte a la búsqueda de rentas o apropiación de la riqueza por parte de ciertos grupos (los buscadores de rentas) a través de mecanismos no competitivos.

La búsqueda de rentas se produce cuando las instituciones tienen incentivos para deformar y distorsionar el mercado, permitiendo una apropiación de la riqueza a través de fuerzas ajenas al mercado. Al distorsionar la asignación de recursos para el beneficio de algunos, la búsqueda de rentas no sólo fomenta la desigualdad, sino que también ahoga el crecimiento. Joseph Stiglitz en El Precio de la Desigualdad (2012), especifica como la búsqueda de rentas que ahogan el crecimiento toma muchas formas, desde transferencias ocultas, pasando por subsidios del gobierno a grupos de presión, leyes que favorecen los oligopolios y una aplicación laxa de leyes de competencia.

España es un ejemplo de aplicación de todos esos mecanismos que favorecen la acumulación de renta y riqueza en manos de los buscadores de rentas, destacando la apropiación de las rentas de la tierra. Nuestro modelo de desarrollo económico, especialmente en las últimas cinco décadas, ha primado en exceso la especulación con la tierra y su traslado a los precios de los pisos y locales comerciales, generando una de las mayores burbujas inmobiliarias de la historia. Mientras tanto distintos monopolios y oligopolios -el sector bancario- se frotaban las manos bajo la connivencia de las autoridades políticas.

Pero esta forma de crecimiento ha afectado negativamente al resto de la sociedad ya que los gobiernos que no recaudan ingresos suficientes de la renta de la tierra acaban subiendo los impuestos sobre los salarios de los trabajadores y los beneficios de sus ahorros e inversiones. Si queremos cambiar de manera eficiente nuestro modelo productivo y fomentar la inversión en bienes de equipo, infraestructuras e I+D debemos empezar por gravar las rentas y plusvalías sobre el suelo como ya hacen países como Dinamarca, Australia, y en menor medida Reino Unido. Como decía Joseph Stigliz, “un impuesto duro sobre todas esas rentas no solo reduciría la desigualdad si no que también reduciría los incentivos a dedicarse a las actividades de búsqueda de rentas que distorsionan nuestra economía y nuestra democracia”.

A diferencia de los impuestos actuales sobre la propiedad, el impuesto de Henry George “anima” a los propietarios a construir edificios y estructuras productivas reduciendo además drásticamente el precio de la vivienda

Impuesto neutral

El impuesto diseñado hace más de 100 años por Henry George tiene muchos puntos buenos y apenas inconvenientes. A diferencia de los impuestos sobre la renta, sobre las ventas o sobre los beneficios empresariales, el impuesto sobre el valor de la tierra no tiene ninguna posibilidad de asfixia de la actividad económica. La razón es muy sencilla, la cantidad de tierra es fija, por lo que no hay carga impositiva excesiva, es un impuesto neutral. Pero además, a diferencia de los impuestos actuales sobre la propiedad, el impuesto de Henry George “anima” a los propietarios a construir edificios y estructuras productivas reduciendo además drásticamente el precio de la vivienda, de la tierra, y los alquileres tanto de locales comerciales como residenciales. Y, como el propio Henry George señaló, el impuesto redistribuye la riqueza de los ricos a los pobres sin castigar la creación de riqueza.

Para terminar, solo un dato. En Estados Unidos, excluyendo la tierra y la vivienda, el capital se ha mantenido constante los últimos 40 años. Lo que ha disparado durante las últimas décadas la tasa de retorno del capital ha sido el valor de la vivienda y la tierra. Y como ya saben ustedes, un incremento del valor de la tierra o de la vivienda no aumenta necesariamente la capacidad para producir bienes y servicios. Blanco y en botella. Y no les quepa ninguna duda que los buscadores de renta patrios intentarán otra huida hacia adelante.


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