Desde la heterodoxia

El declive de Occidente

Durante los últimos años estamos asistiendo a determinadas dinámicas que reflejan, por un lado, un paulatino declive político, económico, y militar de los Estados Unidos, y, por otro, la incapacidad de Europa de despegarse definitivamente del país norteamericano, y ofrecer una voz propia. Lo sucedido en Irak, Afganistán, Libia, Siria, y ahora Ucrania constituyen un reflejo de esta decadencia. Se financia a grupos insurgentes por intereses geoestratégicos, y es tal la que se monta que la resolución final del conflicto acaba siendo explosiva, descontrolada, siendo la población autóctona la que acaba pagando los platos rotos.

Es necesario promover una reordenación de la gobernanza mundial sino queremos que el caos, el desorden, la guerra y la pobreza acabe devorándonos a todos. Las noticias recientes sobre Irak, Siria o Ucrania son paradigmáticas. Los mismos que se echan las manos a la cabeza por el extremismo islamista de ISIS, grupo fundamentalista que está asesinando indiscriminadamente a miles de cristianos, deberían saber que fueron financiados generosamente por los Estados Unidos y algún que otro país europeo. Otro ejemplo es la crisis de Ucrania y las sanciones a Rusia. Como una partida de ajedrez, Rusia aguardó pacientemente y cuando las cancillerías europeas se daban por satisfechas, anunció sus sanciones, simbólicas pero tremendamente efectivas. Los BRICs, la pujante Asia -donde Estados Unidos ya no ejerce influencia alguna-, Latinoamérica, y el despertar de África suponen una multipolaridad, complejidad y riqueza cada vez mayor donde las soluciones cooperativas aportarían sin duda un incremento del bienestar global.

Crisis política y económica de los Estados Unidos

Estados Unidos hace décadas que dejó de ser el adalid de la libertad y de la democracia, transformándose en un "Totalitarismo Invertido" donde la antidemocracia, y el dominio de la élite constituyen los elementos básicos. Los presentes acontecimientos de Ferguson, en Missouri, así lo atestiguan. Se trata de una sociedad donde las desigualdades alcanzan niveles insoportables, donde las élites se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política.

Este esquema es fomentado por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores; por una máquina de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas; por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a la identificación disidentes internos o extranjeros sospechosos. La represión cada día es mayor.

Sin embargo, la crisis estadounidense es más profunda, y es por encima de todo económica. Siguiendo los trabajos de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff"This Time Is Different: Eight Centuries of Financial Folly" y “Financial and Sovereign Debt Crises: Some Lessons Learned and Those Forgotten”, publicados en 2008 y 2013 respectivamente, los imperios acaban siendo devorados finalmente por sus deudas, y Estados Unidos está en ello. Los niveles máximos de deuda, las desigualdades extremas, y la sobrevaloración de los distintos activos financieros, implicarán quiebras al estilo de los años 30 en gran parte del mundo occidental.

Europa en un mundo multipolar

Europa debe buscar una voz propia, contribuir a la búsqueda de soluciones cooperativas. Los europeos, a partir de nuestro proyecto común, con todas sus contradicciones y profundas diferencias, tenemos mucho que aportar sobre cómo, desde un punto de vista práctico, podemos solucionar conflictos de intereses integrando la heterogeneidad.

Como siempre hemos defendido desde estas líneas, Europa, junto a los países BRICS, debería haber impulsado el proceso de creación de una nueva divisa de reserva mundial y un nuevo sistema monetario y financiero. Era una prioridad estratégica. Sin ella, nada significativo y sostenible puede hacerse ya que toda medida que se implemente se encuentra pervertida por un patrón, el del dólar, devenido frágil, elástico e imprevisible. Por lo tanto, Europa debe rechazar sin paliativos la propuesta del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Se trata de una huida hacia adelante, con la intención última de crear una nueva divisa internacional, el eurodólar, imposible ya de materializar.

Como segunda prioridad Europa debería haber promovido el control público parcial o completo de los principales establecimientos financieros mundiales. Y finalmente, junto a los BRICS, debería haber lanzado un vasto programa decenal de infraestructuras públicas a escala mundial. Por “infraestructuras” nos referimos a un conjunto de servicios públicos como la educación, el acceso a la asistencia médica y a los servicios esenciales (agua, electricidad, telecomunicación), así como programas científicos emblemáticos (medicina, espacial, energía).

Todo ello garantizaría de manera eficaz y sostenible el crecimiento mundial utilizando mejor los desequilibrios actuales en materia de recursos financieros: los países que gozan de excedentes considerables encuentran de esta forma un medio útil y seguro para reciclarlos. Sin embargo, Europa parece decidida definitivamente a auto-inmolarse de la mano de los Estados Unidos.


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