Desde la heterodoxia

Lo que no se cuenta

Rajoy, el rey desnudo, no deja de avergonzarnos. Cómo es posible que quien nos ha endeudado como nunca en nuestra historia reciente hable y exija responsabilidad al resto de fuerzas políticas. Cómo es posible que quien ha aumentado la pobreza de sus conciudadanos a niveles insoportables -echen una ojeada a la Encuesta de Condiciones de Vida de 2014 del INE o el último informe sobre pobreza y exclusión social de Obra Social La Caixa-, exija mesura al resto de fuerzas políticas. Cómo es posible que aquel cuya reforma laboral ha creado un mercado donde trabajar ya no garantiza salir de la pobreza, donde empleo es sinónimo de precariedad extrema, se erija como ejemplo de buen gobernante. Cómo es posible que uno de los representantes del Totalitarismo Invertido patrio, muñidor de esa tradición tan hispana de alimentar oligopolios, lobbies, grupos de poder, exija temple a la ciudadanía.

Pero hablemos de lo que no nos cuentan, de la que se nos avecina en los siguientes meses. Como ya expusimos en el blog anterior, las condiciones actuales de los mercados financieros recogen uno de los momentos extremos históricos de mayor sobrevaloración de la historia, utilizando una serie de métricas de valoración que permiten prever y anticipar rendimientos ex post anualizados a largo plazo. Los inversores se han visto forzados por la política monetaria actual a buscar y aceptar más riesgo. Ello permite que mercados sobrevalorados se conviertan en persistentemente más sobrevalorados. Pero en el momento actual, los mercados sobrevalorados son vulnerables a caídas verticales en los precios, a un “crash”.

En este contexto, cuando aumente la aversión al riesgo en mercados financieros y se reactive la desaceleración global, en nuestro querido país se activará una crisis de deuda soberana, continuará la recesión de balances privados, se avivará una crisis de balanza de pagos, y todo terminará en una profunda crisis social. ¿Alguno de los responsables políticos, al menos en privado tiene en cuenta esta posibilidad?

La deuda patria, el problema

El volumen de deuda de nuestro país -privada, pública y externa- simple y llanamente no se va a poder pagar, salvo que se pretenda continuar y ahondar el proceso de pauperización y desigualdad de los últimos años. La carga de la deuda, incluso a los actuales tipos de interés, se ha convertido en un evento extremoutilizando cualquier medida histórica y requerirán una ola de condonaciones de deuda, negociadas o no. Los actuales gobernantes, al igual que ciertas voces de anteriores ejecutivos, confunden condiciones actuales con condiciones permanentes. Veamos un ejemplo.

La refinanciación actual de la deuda del Estado se está haciendo a tipos de interés muy bajos. El tipo de interés efectivo medio de las nuevas emisiones está por debajo del 1%. ¿Qué barato, verdad? Sin embargo, se presentan dos problemas. Primero, el volumen de endeudamiento de las administraciones públicas se encuentra en una senda de insostenibilidad, no ha dejado de subir de manera abrupta desde el inicio de la actual crisis sistémica, superando los 1,4 billones de euros al cierre de 2014, lo que en sí mismo limita profundamente el crecimiento económico. En la actual situación de tipos muy bajos, la carga de la deuda de las Administraciones Públicas superó en 2014 los 34.500 millones de euros, récord histórico. Esta situación se ve agravada además cuando esa deuda no se ha destinado ni a cambiar el modelo productivo de nuestro país, ni a incrementar la renta disponible de las familias.

Pues bien, cuando se produzca un aumento de la aversión al riesgo globaly reviertan a lamedia las primas de riesgo -y esto sucederá- la carga de interesessubirá drásticamente, poniendo de manifiesto la insostenibilidad del volumen de deuda pública actual. La reversión a la media histórica en las primas de riesgo situaría el pago de intereses del Estado Central por encima de 50.000 millones de euros anuales, y de la totalidad de las Administraciones públicas por encima de los 60.000 millones, totalmente inasumibles.

Necesidad de reestructuración

Bajo esta situación de fondo, son necesarias diferentes actuaciones respecto a la deuda soberana. Unas encaminadas, en primer lugar, a conocer el origen de la deuda, ya que su incremento y evolución desde 2008 ha ido más allá de los estabilizadores automáticos. Otras dirigidas a reestructurar la misma con el objetivo de impedir que la carga de la deuda limite el desarrollo económico y social de nuestro país.

Déjenme simplemente esbozar dos medidas ineludibles. Es necesario conocer por qué nos hemos endeudado. De los 597.349 millones de incremento en el montante de la deuda emitida solo por la Administración Central en el período 2008-2013, ¡227.091, casi la mitad, es para financiar a terceros! Técnicamente es deuda ilegítima. Por eso urge conocer a dónde y quién se ha beneficiado del proceso de endeudamiento público.

Además es necesario alargar vencimientos. Se debería haber aprovechado la actual coyuntura de tipos de interés excepcionalmente bajos para financiarse a largo plazo, alargar vencimientos y no concentrar en el corto plazo la mayor parte de los mismos. Los vencimientos en 2016-2020 son excesivos, y ante cualquier aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros globales los problemas serían serios, ahogarían cualquier política de impulso económico (cambio modelo productivo) y social. Pero de esto, mutis por el forro.


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