Desde la heterodoxia

Hacia otra crisis de liquidez y solvencia

Deben ustedes reconocer conmigo que desde este modesto blog anticipamos con suficiente antelación lo que podía suceder en los mercados financieros y, como consecuencia, en la economía global. Pero más que acertar o no en un momento determinado, me interesan los argumentos detrás de toda previsión, el esquema formal o marco teórico que refleja cómo pensamos que se mueve la economía y los mercados financieros. No somos como esos economistas que no se mojan, no dicen nada, y luego explican ex post en los medios de comunicación convencionales lo que está sucediendo.

La mayoría de los economistas, formados en el paradigma neoclásico, obviaron la dinámica de la deuda privada y su proceso de retroalimentación con distintas burbujas financieras e inmobiliarias; y no entendieron, y siguen sin entender, el carácter endógeno del dinero, la teoría monetaria de Milton Friedman es un auténtico dislate. Esos mismos economistas se “olvidaron” de la senda de evolución reciente de los mercados financieros y su impacto en las variables macroeconómicas, y lo consideraron como algo exógeno.

El mundo se ha mantenido en un equilibrio artificial como consecuencia de las expansiones cuantitativas de los bancos centrales y el constante soporte para ofrecer liquidez sin límites. La premisa para este apoyo se basa en el efecto riqueza inexistente que culmina injustamente en el apoyo a los ricos en detrimento de los que no tienen. Pero las cosas están cambiando rápidamente. Se ha empezado abrir una nueva puerta, la “normalización” del coste del capital y de las primas de riesgo.

Crisis de liquidez

Los mercados financieros mundiales se encuentran ahora en una situación muy peligrosa, y hay una probabilidad muy elevada de que todo acabe mal. La reciente declaración del presidente de la Reserva Federal, BenBernanke, reveló hasta qué punto la política monetaria simplemente había incentivado una tremenda especulación, y ahora hay una carrera acelerada por buscar dinero en efectivo, lo que constituye la fase inicial de toda crisis de liquidez.

Cualquier cosa que se pueda vender se vende. Cuando escaneamos los distintos mercados en las últimas semanas, todo lo que uno puede encontrar son ventas -acciones, materias primas…-, y ese es el primer indicio de que no estamos experimentando una rotación sectorial u otra ingeniosa estrategia de carteras diseñada para salir de una clase de activos a otra -por ejemplo, de renta variable a bonos-. Veamos los datos.

Empecemos con el lugar donde se esconde potencialmente el mayor de los problemas, los bonos. Comencemos con los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años, punto de referencia para muchos otros tipos de interés, como por ejemplo los bonos hipotecarios. La primera conclusión a la que se puede llegar es que el precio actual de los bonos del Tesoro a 10 años es ahora más bajo que en cualquier otro momento desde finales de 2011. Ello ha ocurrido a pesar tanto de la 'Operación Twist' como del QE3, es decir, después de todos los cientos y cientos de miles de millones de dólares de incremento de la base monetaria. Y no son sólo los tipos de interés a 10 años los que han repuntado, la pendiente de la curva 5 años-30 años se ha incrementado. Una de las primeras víctimas de estas subidas han sido los tipos hipotecarios, que han repuntado alrededor 40 puntos básicos (0,40%) en el último mes.

Obviamente, en este contexto, los tipos de interés están subiendo con fuerza en los países periféricos como España, Grecia o Portugal. Mientras que en Estados Unidos el cambio de tendencia en los tipos de interés se produjo a mediados de mayo, en España empezó a principios de mayo.

El mayor error del gobierno actual

En este contexto, si se normalizaran los tipos de interés a nivel global, España tendría problemas para pagar la deuda, privada y pública, y la banca sería aún más insolvente. Lo que queda cada día más claro es que la compra de deuda española por parte del sistema de pensiones de la Seguridad Social obedeció a razones más políticas que de prudencia económica. Durante un tiempo la estrategia funcionó, pero ahora se han esfumado la mayoría de las ganancias para casi todos los bonos soberanos españoles que compró en 2013.

La primera idea, por lo tanto, es que los bonos se están vendiendo en todo el mundo. Esto es muy malo para la renta variable, ya que hay una conexión entre la caída del tipo de interés de los bonos y el aumento del precio de las acciones. Cuando caen los tipos de interés de los bonos soberanos, la propensión al riesgo de los inversores sube porque se necesitan rendimientos, por lo que colocan más dinero en acciones y materias primas. Esto es especialmente cierto cuando los tipos de interés reales son negativos, lo que significa que rinden menos que la tasa de inflación, y eso es precisamente lo que la Fed trató de diseñar.

Sin embargo, esta moneda tiene dos caras, y la cara menos virtuosa combina el aumento de los tipos de interés de los bonos con la caída de la renta variable. Es simplemente el reverso del resultado deseado y fabricado durante los anteriores años por parte de la Reserva Federal. Si nos fijamos en el mercado de valores de Estados Unidos, tomando como referencia el S&P 500, vemos que éste alcanzó su punto máximo en mayo y ha disminuido de manera constante durante el mismo período que las tasas de interés han ido en aumento.

Este proceso de venta ya se inició antes en las materias primas, concretamente en abril de este año, si bien forma parte de un movimiento bajista de los dos últimos años.

En conjunto, las ventas de materias primas, bonos y acciones en todos los mercados a nivel mundial nos dice que se trata de un guión al estilo del 2008, donde el objetivo es la búsqueda de liquidez o dinero en efectivo. Son signos del final de una fase especulativa.


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