Desde la heterodoxia

El corte de mangas del Banco de España

Las últimas propuestas y recomendaciones del Banco de España reflejan hasta qué punto una serie de funcionarios, aparentemente tecnócratas, pueden llegar a vivir en una realidad paralela, al margen de quienes les rodean, sin tan siquiera asumir la responsabilidad de sus actos. Carecen de la más mínima imaginación, siempre más de lo mismo, recortar salarios, recortar pensiones, trabajar como esclavos, recortar, recortar, recortar, bla, bla, bla. La defensa que el gobernador del Banco de España, Luis Linde, hizo de los descensos de las rentas salariales, en mínimos históricos en relación al producto nacional, pasará a los anales de la estupidez humana. No entendieron la naturaleza sistémica de la actual crisis económica, y siguen sin comprender absolutamente nada.

Quienes nos han llevado hasta aquí, deberían en primer lugar hacer un propósito de enmienda, entender qué ha fallado en su diagnóstico, y, por qué no, pedir perdón por los errores cometidos. Creen proponer respuestas técnicas a los graves problemas económicos que nos acucian, cuando en realidad no hacen otra cosa que prescribir un recetario de la ideología más rancia, la que nos ha conducido a la actual crisis sistémica. Son los principales responsables de la actual recesión de balances en la que estamos inmersos.

No contentos con ello, aquellos que fueron incapaces de entender el papel de la deuda privada en la economía, y que aún a fecha de hoy desconocen el bucle de retroalimentación entre deuda privada e inflación de activos, siguen demandando una mezcla de políticas económicas, básicamente recortes fiscales y salariales, altamente tóxica para nuestra salud.

En el fondo, esto pasa porque en los últimos veinte años, se intentó burdamente reinterpretar el pasado. Como señaló recientemente Richard Koo “hubo un período en la profesión económica, desde finales de los 80 hasta principios de los 2000, donde muchos académicos notables intentaron reescribir la historia argumentando que fue la política monetaria y no la fiscal la que permitió a los Estados Unidos salir de la Gran Depresión. Para ello utilizaron el argumento de que la oferta monetaria se incrementó significativamente desde 1933 a 1936. Sin embargo, ninguno de estos académicos se tomó la molestia de mirar qué ocurrió en el lado de los activos de los balances bancarios”. Y de aquellos barros estos lodos.

Para cuando el mea culpa de Banco de España

La disección sobre la actual situación económica que hace Luis Linde es cuanto menos parcial. Obvia una de las causas más evidentes de la actual crisis económica, la actitud pasiva que los órganos rectores del Banco de España y el Gobernador de turno mantuvieron durante el insostenible crecimiento del crédito bancario. Hubo falta de determinación del organismo regulador a la hora de exigir el rigor necesario en la asunción de riesgos a gestores de recursos ajenos.

El problema de la economía española no es la competitividad, tampoco la productividad, ni siquiera los salarios o el mercado laboral, el problema urgente es otro. Se trata del brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, y que habrá que reducir mediante quitas. Y como corolario la insolvencia de la banca que a la postre fue quien concedió de manera irresponsable dicha deuda a los distintos agentes económicos.

Y es aquí donde el Banco de España, especialmente los dos antecesores de Linde, MAFO y Caruana, tienen una enorme responsabilidad en lo ocurrido. Por lo tanto, absténganse de ofrecernos sus recetas, sin antes hacer un acto de mea culpa.

El fracaso del paradigma neoclásico

La práctica totalidad del análisis e investigación económica del Banco de España se encuadra dentro del paradigma neoclásico. Ignoraron el papel de la deuda privada, siendo uno de los principales responsables de la actual crisis económica por endeudamiento privado. Los bancos centrales, se bastaron para generar la mayor burbuja financiera e inmobiliaria de la historia, cuyas consecuencias las estamos sufriendo de una manera desgarrada en nuestras propias carnes. Y en última instancia están detrás de la actual insolvencia bancaria.

Pero decidieron continuar echando leña al fuego, ampliando enormemente sus balances. Sin embargo, por mucho que los bancos centrales inyecten liquidez a bancos zombies, o compren deuda pública o privada en el mercado secundario, el impacto en la economía real es nulo, el dinero no circula, se queda en el circuito bancario para otros propósitos. La velocidad de circulación se hunde.

Las expansiones de los balances de la FED o del BCE solo han generado un aumento de la propensión al riesgo, inflando los mercados financieros, sin que ello se traduzca en un aumento de la renta del país. Como la riqueza neta en relación al PIB es constante, si la riqueza crece muy por encima de las rentas se producirá una reversión a la media mediante un descenso del precio de los activos. Esta política monetaria, a su vez, es tremendamente injusta, ya que de la generación de burbujas o creación temporal de riqueza sólo se benefician las clases de renta más alta, abriéndose aún más la brecha entre ricos y pobres

Dejen ya, por lo tanto, de bombardeándonos sobre la necesidad de reformas estructurales, cuyo objetivo último es pagar las consecuencias de su mala supervisión e intervención del sistema bancario. ¡Qué morro y qué jeta!


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