Desde la heterodoxia

La corrupción intelectual de las élites económicas

Cada día que pasa el olor a nauseabundo que emana y fluye por las alcantarillas del poder de nuestra querida España alcanza límites insoportables. La ciudadanía, desorientada y hastiada, no da crédito. ¿Cómo es posible tanta ignominia? Sin embargo, y aunque parezca mentira, existe una corrupción moral e intelectual todavía peor, la de aquellos responsables de instituciones económicas, públicas o privadas, no elegidas democráticamente, y que asesoran, imponen, jadean y aplauden las políticas que están empobreciendo a la mayoría de los ciudadanos. Por cierto, se trata de aquellos responsables e instituciones que ni olieron la crisis, ni entienden lo que va a pasar en los siguientes meses, y cuyos análisis provocan, en el mejor de los casos, cierta hilaridad.

Ambas corrupciones están relacionadas. Las puertas giratorias de lo público a lo privado y viceversa no han dejado de funcionar, a toda máquina, en la inmensa mayoría de los países democráticos. Y, cuando todo estalla, es la ciudadanía quien acaba pagando en última instancia con sangre, sudor, y lágrimas los excesos de estas élites.

Fijémonos, por ejemplo, en nuestro país. Rajoy y su ejecutivo, con sus medidas económicas han protegido a unas élites extractivas económicas y financieras insolventes, se han arrodillado ante nuestros acreedores, se han plegado por ideología a toda una batería de recortes y políticas económicas impuestas desde la troika. Pero detrás de dichas políticas ha habido unas instituciones económicas, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea o el Fondo Monetario Internacional, que han dado el soporte técnico e intelectual. Se trata de las mismas instituciones que no previeron la actual crisis sistémica, que no dejan de revisar adaptativamente sus previsiones, y que en última instancia acaban siendo controladas por la plutocracia.

La caradura o desmemoria del comisario Olli Rhen

Desde el 10 de mayo de 2010 España no ha hecho otra cosa que implementar las recomendaciones de los burócratas europeos: austeridad fiscal y deflación salarial. Desde esa fatídica fecha el crecimiento económico hispano se ha hundido, el paro se ha disparado, y la prima de riesgo no ha dejado de crecer, salvo en períodos muy puntuales de incremento del apetito por el riesgo de los inversores globales.

Pero ahí tienen al comisario europeo de economía y asuntos monetarios, Olli Reihn, afirmando sin pestañear que “si España e Italia no hubieran adoptado esas medidas en los últimos dos años no veríamos esa reducción en los costes de financiación”, y, para rematar asevera que las políticas de ajuste han generado “confianza”.

No señor Olli, además de empobrecernos, la carga financiera de nuestra deuda se ha multiplicado y al no haber crecimiento económico es insostenible. Respecto a la bajada de la prima de riesgo desde finales de 2012, ya ocurrió entre el tercer trimestre de 2011 y febrero de 2012 para luego dispararse. Se trata de un incremento en la propensión o apetito al riesgo de los inversores globales promovido por una expansión monetaria insostenible. En 2013, igual que ocurrió en 2012, paralela a la recesión global, nuestra prima de riesgo aumentará y mucho.

El desconocimiento de la realidad española de Mario Draghi

En una noticia publicada por Antonio Maqueda en este medio, se señalaba como Mario Draghi se mostraba satisfecho con la reforma laboral en España, pero crítico con la evolución de los precios. Se detallaba como el presidente del BCE transmitía su satisfacción con la rebaja de los costes laborales que se está llevando a cabo en España. Sin embargo, estaba muy molesto con el alza de la inflación a pesar de las duras condiciones que atraviesa la economía española. O al señor Mario Draghi no le han pasado bien la información económica de nuestro país, o no tiene ni idea de economía. Vayamos por partes.

Llama la atención el profundo desconocimiento de los datos por parte del BCE o de quien se los suministre. España no mejora su competitividad por recortes salariales, sino por destrucción de empleo. La productividad está creciendo alrededor del 3% interanual por una destrucción de empleo superior al 4%, y esa es la razón básica de la mejora de nuestros costes unitarios laborales. La remuneración de los asalariados cae un 5,5% interanual, no tanto por el descenso de la retribución por asalariado sino por la masiva destrucción de empleo.

Por lo tanto, la piedra angular de la política económica del gobierno del PP, la reforma laboral, jadeada e impuesta por ese organismo llamado BCE, es un absoluto fracaso. Se diseño con la intención de abaratar los salarios para crear empleo. Pero se olvidaron de dos cosas. Primero, de la demanda efectiva. Sin demanda no hay nada, sin crecimiento económico todo es mentira. Las empresas viendo el percal que les esperaba aprovecharon la reforma laboral para despedir, y punto. Segundo, en aquellos países que funcionan ocurre lo contrario, es decir, los salarios suben y mejoran la productividad vía capital, aquella que en nuestro país literalmente se ha hundido por procesos de sobreinversión en sectores improductivos.

Pero aún resulta más llamativa la segunda afirmación del presidente del Banco Central Europeo, su preocupación por el alza de la inflación. El alza de precios en nuestro país en 2012 ha sido consecuencia de una de las recomendaciones impuestas desde Europa, la subida del IVA y otros impuestos. El INE publica la evolución del IPC cada mes, y en los últimos boletines además recoge cual es el impacto de las subidas de impuestos en la inflación y como se hubiese quedado finalmente sin las mismas. Pues bien señor Draghi, la inflación total repuntó en 2012 un 2,9%, y sin los impuestos la variación interanual hubiese sido del 0,9%. Algo parecido pasa con la inflación subyacente. Si bien la tasa de variación interanual acabó en 2012 en el 2,1%, sin subidas de impuestos solo hubiese repuntado un 0,2% interanual. Nuestro riesgo, señor Draghi, es el contrario, deflación por endeudamiento.

Estos dos ejemplos son dos muestras del desconocimiento de los datos y de la corrupción intelectual de estas élites económicas, que a pesar de los destrozos ahí siguen, sin aplicarse a sí mismas la reforma laboral que tan alegremente exigen a los demás, pero con el agravante que la ciudadanía con su trabajo diario genera riqueza, y ellos, con su labor cotidiana, destrozos.


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