Desde la heterodoxia

La conexión entre desahucios y rescates bancarios

El profesor de finanzas la Universidad de Chicago Amir Sufi ha recogido para Estados Unidos, en un gráfico impactante, la distribución del dolor económico de la crisis actual según niveles de renta. Las cifras no dejan lugar a dudas. Para los hogares más pobres y para las clases medias, la actual crisis económica sistémica borra 20 años de acumulación de patrimonio neto. En cambio el descenso para los más ricos es apenas marginal.

En nuestro país es todavía peor. Al no haber dación en pago, las familias desahuciadas, además de perder la casa, es decir, su patrimonio, siguen conservando gran parte de esa deuda hipotecaria. A ello hay que añadir la destrucción de renta derivada de una política fiscal y salarial suicida.

No es extraño, por lo tanto, que algunos de los más ricos se sientan exultantes. El colapso causado por el fraude bancario generalizado apenas les ha afectado, en tanto que ha acabado con la mayor parte de los últimos diez años de crecimiento de las clases medias y bajas.

Esta situación, sin embargo, ha sido en gran medida el resultado de las decisiones políticas y fiscales que han sido realizadas por los gobiernos occidentales en los últimos veinte años, en el que se fomentó una economía financieramente depredadora. Las burbujas financieras son a menudo mecanismos de transferencia de riqueza, y en nuestro país, además, responsables de un empobrecimiento generalizado, cuando finalmente acaban estallando.

Desigualdad, desahucios y rescates bancarios

Como ya detallamos en su momento, si los grandes bancos norteamericanos quebrados se hubieran disuelto, el 80% de los estadounidenses no habrían perdido casi nada. Por el contrario, el 5% habría perdido la gran mayoría de su riqueza y por lo tanto su poder. Este análisis se puede extender perfectamente a nuestra querida España.

A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financieratiene la mayor partede su riquezafinanciera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos. Si se reestructura el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra costa.

Esto mismo está pasando en nuestra querida España. Mientras que se rescata con dinero público a una casta financiera y política quebrada, se somete a la ciudadanía al mayor empobrecimiento de los últimos cuarenta años. Y es ahora, después de la alarma social, cuando los dos grandes partidos políticos parece que se dignan a estudiar la avalancha de desahucios. Tienen un miedo atroz a que éstos acaben convirtiéndose en esa última gota que desborda el vaso, produciendo un estallido social incontrolable para las élites.

La única razón por la que nuestros gobernantes insisten en el rescate de los bancos es que al hacerlo los ricos y los poderosos simplemente se rescatan a sí mismos y garantizan la continuidad de un sistema que les conviene perfectamente. Sin embargo, no solo es el egoísmo, hay algo más, detrás se oculta toda una teoría de legitimación para confundir a los críticos y adormecer a los incautos.

Desmovilización cívica y desesperanza

Desde las élites dominantes se ha alentado durante mucho tiempo, desde un punto de vista político, la "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El miedo y la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.

En este sentido, el mundo financiero, sus amigos políticos, y los medios de comunicación que controlan, la inmensa mayoría, han pasado los dos últimos años tratando de lavarnos el cerebro. “El problema ya no son los bancos, sino que es una crisis de exceso de gasto y endeudamiento público, soberano”. Mienten, las cifras no engañan.

En su felonía venden machaconamente que poner el dinero en los bancos es una cuestión meramente técnica, y que el público en general no debería preocuparse. Según las élites extractivas, la ciudadanía no tiene derecho a preocuparse sobre aspectos meramente técnicos, porque no van a entender aquello que es correcto. Lo único que la opinión pública debería comprender, tal como explican aquellos que se autoproclaman expertos económicos, la mayoría pertenecientes a lobbies bien alimentados, es que el auténtico problema es el de la deuda causada por el exceso de gasto público. De nuevo mienten como bellacos.

Estos mismos incompetentes insisten en que no hay conexión entre las enormes sumas que las distintas naciones han inyectado a los bancos y el globo repentino de la deuda soberana en dichas naciones. Se niegan a ver cualquier conexión entre las políticas de reducción del gasto público en la economía real y una contracción de esa economía.

Se niegan, en definitiva,  a reconocer la relación causa-efecto entre rescates bancarios a costa de los contribuyentes y un empobrecimiento masivo de la ciudadanía. Sin embargo, están sembrando demasiados vientos, demasiados agravios. Y en una situación de desesperanza y de exclusión social la situación puede volverse incontrolable.


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