Desde la heterodoxia

El colapso de nuestra querida España

La dinámica en la que está envuelta la economía española no permite ver la luz al final del túnel. Muy al contrario, si no se hace nada para cambiarla en los siguientes trimestres, se producirá un colapso a nivel económico, financiero y social. La combinación no puede ser más explosiva: insostenibilidad de la deuda, deflación por endeudamiento, destrucción de empleo y pérdida de competitividad. Las tremendas desigualdades sociales unidas a la explosión de una burbuja financiera global nos darán la puntilla final.

La ortodoxia económica hizo un diagnostico absolutamente erróneo de las razones que hay detrás de la actual crisis sistémica. Ni entendió ni entiende lo que es una recesión de balances. Desconoce cómo se forman los beneficios empresariales (son hilarantes aquellos análisis que sugieren una mejora de beneficios por reducción de costes). Sus recetas económicas, altamente tóxicas, están llevando a las economías de medio mundo a un callejón sin salida.

Olvídense, por lo tanto, de la verborrea que hay detrás del aparato mediático, económico, y académico próximo al actual ejecutivo. El encefalograma en esos entornos es prácticamente plano. Pero vayamos por partes.

Insostenibilidad de la deuda

La deuda total de nuestra economía, privada y pública, se aproxima a los 4,5 billones de euros, alrededor del 425% de nuestro PIB. Hablemos con claridad, ya saben nuestra opinión, no se puede pagar, es impagable, y lo saben. Pero no solo no hacen nada sino que desde 2010 se han promovido políticas económicas que tienen como objetivo último que sean los contribuyentes quienes sufraguen los desaguisados de los sectores privados que generaron la actual crisis sistémica -bancario, inmobiliario, y monopolios naturales-. Y derivado de estas políticas se detectan dinámicas divergentes en la acumulación de la deuda.

Por un lado, hay un proceso de reducción de la deuda privada concentrado exclusivamente en familias y empresas no financieras. Como consecuencia de ello estamos en una recesión de balances privados: el consumo y la inversión, y por lo tanto la demanda interna, se han hundido, todo se destina a reducir esa deuda, especialmente complicado en un contexto de bajadas de rentas salariales.

Mientras, el sector financiero, insolvente, que fue quien concedió esa deuda, continuó incrementando la suya en plena crisis. Normal, ya que son los contribuyentes -vía FROB, SAREB y avales a esa deuda bancaria- quienes están sufragando sus multimillonarias pérdidas. Como consecuencia se produce una explosión del volumen de deuda pública.

El último dato conocido, correspondiente al segundo trimestre de 2013, publicado esta semana por Banco de España, sitúa el volumen de deuda de las Administraciones Públicas, según el protocolo de déficit excesivo, en el 92,2%, nuevo récord histórico. La acumulación de deuda pública durante los años Rajoy no alcanza parangón en nuestra historia democrática: ha pasado del 70,4% a finales de 2011 al 92,2% actual. Normal, la política económica de Rajoy se diseño en beneficio de las élites financieras y de nuestros acreedores. Rescates bancarios y carga financiera explican esta explosión.

Deflación por deuda

El IPC de agosto de 2013, publicado también esta semana, confirma que España está en deflación por deuda. En agosto de 2013 las tasas de variación interanuales del IPC general a impuestos constantes aceleraron su caída al pasar de -0,2% a -0,5%, y la inflación subyacente de -0,3% a -0,4%. En septiembre de 2013, teniendo en cuenta que la subida del IVA se aplicó con fecha 1 de septiembre de 2012, la inflación en nuestro país entrará en territorio negativo.

Pero este descenso en los precios no está asociado a progresos tecnológicos y mejoras de productividad, como sugieren alguno de los espabilados que pueblan algún que otro Ministerio. El descenso de precios se debe en última instancia a los estragos sufridos por nuestra demanda interna, proceso que se acelerará por la incapacidad de los deudores para pagar sus deudas, salvo que se cambien radicalmente las actuales políticas económicas.

España pierde competitividad

Paradojas de la vida, desde que llegó al poder el actual ejecutivo los índices de competitividad han empeorado. Tal como puede verse en el gráfico adjunto, publicado por Banco de España, todos los indicadores de competitividad –con precios industriales, precios de consumo, valores unitarios de la exportación- no han dejado de subir, lo que representa una pérdida de competitividad, ver nota a pie de página. Entonces, ¿de qué mejora de la competitividad hablan Montoro, Guindos, y compañía?

El hilo argumental del gobierno es que gracias a sus políticas de oferta las empresas españolas son más competitivas, exportan más, y el sector exterior es nuestra tabla de salvación. ¡No! La razón real del incremento de las exportaciones es el hundimiento brutal de la demanda interna y la necesidad de nuestras empresas, haciendo de ésta virtud, de buscarse la vida allende nuestras fronteras.

El escenario actual de nuestra querida España, por lo tanto, no puede ser más desolador: insostenibilidad de la deuda, deflación por endeudamiento, destrucción de empleo, pérdida de competitividad, y empobrecimiento de la ciudadanía. Y en este contexto serán, finalmente, los mercados financieros los que acabarán dando la puntilla a nuestro país. La mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, y es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. Ello sacará a la luz las miserias de nuestra economía.


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