OPINIÓN

El capitalismo corporativo da la razón a Karl Marx

Es curioso, pero una vez desaparecida la influencia política del marxismo resulta que es ahora cuando justamente se están cumpliendo todas y cada una de las leyes que Karl Marx nos dejó en una de sus obras cumbre, El Capital.

El capitalismo corporativo da la razón a Karl Marx.
El capitalismo corporativo da la razón a Karl Marx.

Debo confesarlo, cada día que pasa soy mucho más negativo de fondo, pensando en términos de ciclos económicos de medio y largo plazo. El sistema de capitalismo corporativo que ha venido funcionando desde la llegada al poder de los neoconservadores y de sus huestes neoliberales no tiene visos de renovarse. Morirá matando, no cabe duda. Pero cuando se derrumbe, desaparecerá por completo. El problema es que en el ínterin está dejando a muchísima gente en la cuneta. Ya no hace falta hacer guerras, basta con extender condiciones laborables miserables aquí y allá para generar caos y miseria. Y eso es lo que hacen cada día las élites económicas psicópatas con el apoyo entusiasta de los distintos gobiernos de turno. Amontonan más riqueza que nunca y para su supervivencia cuentan con el apoyo inestimable de parte de una clase media, asustadiza, pusilánime, cobarde, mediocre.

Tras la Gran Recesión ¿dónde han quedado todas aquellas promesas de renovación?, ¿dónde han quedado los mea culpas?

Echen una ojeada a su alrededor. Tras la Gran Recesión ¿dónde han quedado todas aquellas promesas de renovación?, ¿dónde han quedado los mea culpas?, ¿qué han sido de los distintos actos de contrición prometidos? Nada, enésima vuelta de tuerca. Ya saben nuestro argumento de fondo, hemos sufrido un golpe de Estado corporativo y vivimos en una especie de dictadura que Sheldon Wolin denominó Totalitarismo Invertido. Lo demás, majaderías.

Van a continuar haciendo lo mismo que en las últimas décadas. Enésima vuelta de tuerca a los salarios, enésimo empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, enésimos proceso de privatización de servicios públicos, enésimas bajadas de impuestos para los de arriba, enésimas argucias para trasladar más dinero a paraísos fiscales, enésimo proceso de concentración empresarial (oligopolios). Y parte de la clase media y de los pensionistas (aún no se han enterado que sus pensiones en España las está pagando sus hijos y nietos), manteniendo elección tras elección a esta panda de psicópatas. De los medios de desinformación masiva mejor ni mencionarlos.

La deriva del capitalismo corporativo

Me desternillo cuando veo a ejecutivos de distintas multinacionales hablando de liderazgo, responsabilidad social y responsabilidad corporativa. Palabras huecas, pura cháchara. Desde la Gran Depresión nunca las grandes corporaciones globales habían sido tan inútiles para nuestra sociedad como lo son ahora. Dichas corporaciones están deteriorando todo aquello que tocan de manera inmisericorde, impidiendo de hecho que las empresas crezcan. Se han olvidado de la formación de sus empleados, de la inversión productiva, de la remuneración de sus trabajadores, de la satisfacción de proveedores y clientes. Su única prioridad es retribuir a los accionistas y a su gerencia. Estamos en una fase de neo-feudalismo.

La macroeconomía y las finanzas neoclásicas ofrecen sin duda un amplísimo abanico de pésimas ideas, todas ellas alrededor de hipótesis falsas -eficiencia de los mercados, racionalidad de los inversores…-. Y entre esas malas, malísimas ideas, hay una asumida ya no solo en determinados ambientes académicos, sino también en el oxímoron de la sabiduría convencional, es decir, entre los que habitan en el mundo real. Nos referimos a la maximización del valor de los accionistas.

Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas

La subida a los altares y la sacralización de la maximización del valor de la acción se remonta a un editorial de Milton Friedman de 1970 en el que sostenía que "solo hay una responsabilidad social de las empresas, utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus ganancias...". Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo, desde el lado del gobierno corporativo, en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas. Combinando la hipótesis de eficiencia de mercados con la Teoría de Agencia ello se lograría, según la economía financiera neoclásica, maximizando el precio de la acción. Sin duda alguna fue un camino hacia el desastre completo: menor inversión, mayor desigualdad, y hundimiento de la productividad. Y ahí seguimos.

Lo único novedoso es que se empiezan a oír voces dentro del sistema entonando el mea culpa. De todas ellas permítanme quedarme con una que recoge perfectamente todos los males del capitalismo actual. Me refiero a una afirmación de la principal responsable de la Confederación de la Industria Británica, Carolyn Fairbairn. Según ella, los problemas del capitalismo actual se pueden resumir en cuatro puntos: “la inestabilidad financiera, la primacía del valor para los accionistas a expensas de cualquier otro objetivo, la evasión de impuestos y los elevados salarios de los directivos”.

Carlos Marx ha acabado acertando de lleno

Es curioso, pero una vez desaparecida la influencia política del marxismo resulta que es ahora cuando justamente se están cumpliendo todas y cada una de las leyes que Karl Marx nos dejó en una de sus obras cumbre, El Capital. Al margen de la enorme complejidad de este libro (muchas veces debo leer dos o más veces pasajes del mismo para poder comprenderlo), es indudable que las 5 leyes generales inherentes a la dinámica capitalista que Marx describió en El Capital se están verificando.

En primer lugar, la ley de acumulación y la tasa decreciente de ganancia. Basta echar una ojeada a la evolución de las diferencias de rentas per cápita a escala mundial para confirmar el enunciado. En segundo lugar, la ley de concentración creciente y de centralización de la industria. Es evidente cada día la mayor concentración global en todos y cada uno de los sectores económicos, de manera que hay una tendencia a concentrar más dinero en menos manos. En tercer lugar, la ley del creciente ejercito industrial de reserva (hablando en Román-Paladín, parados). Echen una ojeada a nuestro país para entender como se está cumpliendo a rajatabla. En cuarto lugar, la ley de la miseria creciente del proletariado. Sin comentarios, ¿verdad? Y, finalmente, la ley de las crisis y depresiones, donde Marx vinculó la explicación de los ciclos económicos al gasto en inversión. ¡Touché!

Lo dicho, muerto el marxismo, y una vez desechado el consenso keynesiano, el capitalismo corporativo va a hacer que se cumplan todas y cada una de las grandes premisas de Karl Marx. Y no les quepa duda que este capitalismo corporativo morirá matando. Pero cuando se derrumbe, desaparecerá por completo.


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