Desde la heterodoxia

Los beneficios empresariales y el saqueo de lo público

La élite financiera, los grandes medios de comunicación y los centros neurálgicos del poder, día tras día, a pesar de la falsedad de sus argumentos, siguen vociferando a los cuatro vientos las grandes mentiras monetarias neoliberales. Propugnan la necesidad de un Banco Central independiente, la dependencia monetaria de la economía, o el efecto expulsión que ejerce, según ellos, la deuda pública sobre el sector privado. En realidad forma parte de un plan urdido para la acumulación de renta y riqueza en favor de una minoría.

Cuando los Bancos Centrales han sido independientes, es cuando han cometido las mayores tropelías. Son uno de los principales responsables de la actual crisis económica por endeudamiento privado. Ellos solitos, los Bancos Centrales, se bastaron para generar la mayor burbuja financiera e inmobiliaria de la historia, cuyas consecuencias las estamos sufriendo de una manera desgarrada en nuestras propias carnes. Y en última instancia están detrás de la actual insolvencia bancaria. Pero lejos de refrenarse, revisar en que se han equivocado, siguen a lo suyo, ¡la culpa es de los salarios!

Beneficios bancarios y deuda

Otra de las grandes mentiras es la dependencia monetaria de la economía. La realidad es otra bien distinta. Son los beneficios bancarios los que en última instancia se ven impulsados por la dependencia monetaria de una economía, por el volumen de deuda. Los banqueros tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla. Y la aceleración de la deuda es la fuente de las burbujas o inflaciones de activos, germen de la actual crisis económica sistémica. Es necesario, por lo tanto, reducir los niveles de apalancamiento del sistema, poniéndoles límites. No vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable.

Debemos exigir a nuestros políticos que pongan fin al poder ilimitado de la banca para generar dinero, incrementar irracionalmente la deuda y retroalimentar inflaciones de activos. En este blog detallamos en su momento las propuestas del economista postkeynesiano Steve Keen (2012) en “The Debtwatch Manifesto”; o las de los economistas Jaromir Benes y Michael Kumhof (2012) en “The Chicago Plan Revisited”.

Los países deben recuperar el control soberano sobre la oferta monetaria. No habría más quiebras bancarias, y los ciclos de expansión y contracción del crédito serían mucho más suaves.

Beneficios empresariales y élites extractivas

Para poder entender el porqué de tanta desfachatez hay que analizar la dinámica actual de los beneficios empresariales. Para ello acudimos a un estudio reciente, nada sospechoso, de Morgan Stanley, concretamente de su analista Adam Parker. Sólo diez empresas son responsables del 88% del crecimiento interanual de los beneficios empresariales del S&P 500.

Vivimos cada vez más en una economía altamente estratificada donde un pequeño número de corporaciones poderosas, especialmente del sector bancario y del sector de seguros, están cosechando las pocas ganancias que aún quedan por extraer. A lo largo de la era neoliberal, y a un ritmo acelerado recientemente, las ganancias de productividad se canalizan a los miembros más ricos de nuestra sociedad.

El sector financiero y los más ricos están prosperando debido a su gran ingenio para idear nuevas formas de crear demandas de propiedad, y cobrar las rentas de las personas que realmente hacen el trabajo productivo. Para ello no paran de ingeniar nuevos esquemas Ponzi de inversión.

Los plutócratas quieren apropiarse de la sanidad y de las pensiones

En su afán incesante de acumular ganancias y encontrar nuevas fuentes de ingresos, en un mundo en el que los flujos de caja son cada vez menos abundante, los plutócratas ansían los pocos activos restantes que aún no les pertenecen. Las grandes finanzas hace mucho tiempo que están detrás de la Seguridad Social y de los sistemas de pensiones públicos.

Estos sistemas están organizados en torno a los principios anti-plutocráticos basados en la solidaridad social y la obligación intergeneracional, sin pasar por las empresas privadas financieras.

La estrategia consiste en socavar poco a poco a estos programas sociales, disminuyendo los beneficios y el número de beneficiarios, y por extensión, el poder político de la clase beneficiaria. Una vez que se han reducido los programas a los más pobres entre los pobres, serán capaces de dar el golpe final en nombre de la reforma. Los plutócratas no descansarán hasta que hayan sido trasladados los programas de jubilación y de salud a manos completamente privadas.

Las élites extractivas no quieren que entendamos que nosotros, a través de la democracia, podemos en realidad controlar nuestro propio sistema monetario, nuestro destino, y para ello recurren a toda una serie de leyendas urbanas, mitos neoliberales sobre la toma de decisiones. Según estos plutócratas hay que aplacar a las democracias irresponsables sumidas en deuda pública y sacrificar nuestros derechos para que no nos devoren. Se olvidan que la deuda privada multiplica por cuatro la deuda privada, que es impagable, y, que ellos, de facto, serían insolventes si se saneara correctamente el sistema bancario global.


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