Desde la heterodoxia

¿Quiénes son los auténticos antisistema?

El devenir de la actual crisis sistémicapone de manifiesto algo muy preocupante, el profundo desconocimiento por parte de quienes nos desgobiernan –oligopolios varios, adláteres políticos, voceros mediáticos y asesores “bien pagados”- de aquellas teorías económicas (Irving Fisher, Nicholas Kaldor, Michal Kalecki, Hyman Misnky,…) que permitían anticipar, diagnosticar y tratar los males que nos acechan. Digo desconocimiento porque si no fuera así y alguno de los que dirigen nuestros destinos fueran medianamente doctos en las mismas, estaríamos hablando de algo peor; deslealtad, felonía, indignidad.

Si hubiesen entendido la paradoja de costes kaleckiana, la teoría de los ciclos endógenos de Nicholas Kaldor, la paradoja del ahorro, la deflación por deuda de Irving Fisher, o la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, no hubieran puesto en marcha todas y cada una de las barrabasadas económicas de los últimos años. Nos hubiésemos ahorrado una política monetaria incendiaria, generadora de enormes burbujas y profundas desigualdades; no se habría activado una política fiscal al servicio exclusivo de quienes nos han empobrecido (rescates bancarios, lobbies de oligopolios de distinto pelaje); y jamás se hubiesen atrevido a plantear siquiera una miserable política de devaluación salarial. Hubiésemos, en definitiva, evitado un empobrecimiento de la ciudadanía sin parangón en nuestra reciente historia.

Asesores económicos y consejos de administración

En realidad la inmensa mayoría de ese consejo de profesionales o asesores económicos, que forman y dan cuerpo a la ideología dominante, aún a fecha de hoy no sabe cómo se forman los beneficios empresariales (ecuación de Levy-Kalecki), ellos que tanto hablan de emprendedores. No han estudiado qué factores idiosincráticos y macroeconómicos explican, por un lado, la probabilidad de que una empresa exporte o no, y cuáles de ellos determinan la intensidad de las exportaciones (nada que ver con los costes salariales). No comprenden por qué la deflación salarial, el desplome de los costes financieros, y la flexibilidad laboral extrema no han sido capaces de atraer inversiones productivas privadas.

Si hay algo peor que un gobierno miope que elabora un cuadro macroeconómico de abajo arriba, son aquellos economistas seguidores y adaptativos que no explican nada, que no argumentan nada, pero que ponen su mejor cara en los múltiples consejos de administración de los cuales cobran generosamente. Definitivamente solo les guía la defensa de los intereses de clase. Todo ello aderezado con teorías económicas suministradas por escuelas de pensamiento vacuas. Por eso les ha vuelto a sorprender la actual dinámica económica que convergerá en una profunda intensificación de la actual recesión.

El factor propagador de la crisis

Sí, ya estamos inmersos en la dinámica que nos llevará a nuestro escenario central, la Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016). Las rentas salariales colapsan, las inversiones productivas huyen, el comercio mundial se frena, los beneficios empresariales se comprimen… Es cuestión de tiempo esperar el derrumbe de unos mercados financieros sobrevalorados. Y de nuevo, el estallido de la actual burbuja financiera pondrá encima de la mesa el origen y causa de la crisis, un brutal volumen de deuda impagable, la insolvencia del sistema bancario occidental, y la concentración de riqueza en unas pocas manos. En el caso español supondrá una crisis de deuda soberana y de balanza de pagos que ya detallamos.

En este análisis, sin embargo, tal como me apuntaba un estimado amigo, falta algo. Concretamente, qué elemento propagará y expandirá como una epidemia el colapso del sistema financiero. En 2008 fueron productos financieros ligados al mercado inmobiliario, las famosas hipotecas “subprime”, empaquetadas en instrumentos y activos variopintos. ¿Cuál será el instrumento financiero que tomará el relevo de las hipotecas basura? La respuesta parece clara: ¡los derivados!

Solo los cincobancos sistémicos de los Estados Unidos, aquellos demasiado grandes para quebrar, tienen cada uno más de 40 billones de dólares en exposición a derivados, 40 trillones en terminología estadounidense. Y a diferencia de las acciones y los bonos, estos derivados no representan "inversiones", constituyen en esencia apuestas de papel sobre lo que sucederá en el futuro. La negociación de derivados es básicamente una forma de juego legalizado. Cuando esta burbuja estalle, el dolor que causará sobre la economía global será mayor de lo que podamos imaginar. Si las operaciones en derivados son tan arriesgadas, ¿por qué se permite que los bancos sistémicos jueguen al casino? ¿Por qué no se limita su apalancamiento? Simplemente por avaricia y codicia.

El colapso de Lehman Brothers y del resto de la banca de inversión occidental, que tuvo que ser rescatada, reflejaba en realidad un solo problema, la falta de transparencia. Si se acuerdan de esa excelente películaMargin Call”, en clara referencia a Lehman Brothers, nadie podía entender los riesgos que el banco había asumido en operaciones con derivados. Se nos prometió que con la crisis todo esto se arreglaría. Craso error, el problema se ha convertido en mucho más grande.

Según el Banco de Pagos Internacionales, en la actualidad el valor nocional total de los contratos de derivados de todo el mundo se ha disparado a la asombrosa cifra de 710 billones de dólares. Si los cálculos que me aportan son exactos, los cinco bancos sistémicos estadounidenses (JPMorgan Chase, Citibank, Goldman Sachs, Bank Of America, Morgan Stanley) más el Deutsche Bank tienen una exposición total a derivados próxima a los 330 billones de dólares para unos activos totales que apenas llegan a los 10 billones de dólares. Si se hubiese reformado definitivamente el sistema financiero como algunos proponíamos, las cosas podrían haber resultado muy diferentes. Ahora, sin embargo, estamos a punto de cosechar las consecuencias de tanta codicia y de la inacción de aquellosque nos desgobiernan en las últimas décadas. En realidad todos ellos son los auténticos antisistema.


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