Desde la heterodoxia

Seis años perdidos, volvemos a 2008

Al igual que en los meses previos al colapso de 2008, el Banco de Pagos Internacionales, más conocido por sus siglas en inglés (BIS), vuelve a distanciarse del optimismo reinante en la ortodoxia dominante. En su último informe trimestral nos pone sobre aviso de las tremendas vulnerabilidades presentes en los mercados financieros, y nos advierte de la fragilidad existente en última instancia en la economía global. De nuevo, con ironía, critica el papel desestabilizador de los Bancos Centrales.

Claudio Boro, responsable del departamento económico y monetario del BIS, constata en la nota de prensa, a modo de resumen del informe trimestral, una realidad evidente, la tremenda volatilidad de los mercados financieros. Textualmente señala, “la volatilidad se disparó a mediados de octubre, los precios de las acciones cayeron drásticamente y los diferenciales de crédito se dispararon. Incluso la deuda soberana de los Estados Unidos registró una inestabilidad extraordinaria, en términos intradía más que en plena crisis de Lehman Brothers…. Sin embargo, sólo unos pocos días más tarde, la aparente calma anterior había regresado. La volatilidad en la mayoría de las distintas clases de activos se había hundido de nuevo a las profundidades de los dos años anteriores… Entonces, ¿qué está pasando?”.

El somnífero de los Bancos Centrales

A juicio de Boro, estos hechos ponen de manifiesto la creciente fragilidad oculta bajo dinamismo de los mercados, y, muy especialmente, el grado en que los mercados confían en los bancos centrales. Dependen de cada gesto, de cada palabra que emiten los bancos centrales. Dicho de otra manera mucho más burda, y permítanme cierta dureza en las palabras, los mercados financieros solo se mantienen por la droga suministrada por esos nuevos traficantes de sueños denominados Bancos Centrales.

En realidad los Bancos Centrales, mediante el suministro de ese nuevo somnífero denominado expansión cuantitativa, han presionado fuertemente a la baja a los rendimientos de los bonos soberanos de referencia, llevándolos a mínimos extraordinarios. Las primas por plazo han entrado incluso en territorio negativo. Sin embargo, en estas dinámicas hay algo muy preocupante según Boro, “cuando lo impensable se convierte en rutina”.

Con estas palabras el BIS simplemente reflexiona en voz alta sobre algo sobre los que desde estas líneas venimos avisando. En la política monetaria expansiva diseñada por los Bancos Centrales está el origen demuchos de nuestros problemas. Solo genera inflación de activos, burbujas, riqueza temporal a una élite, hasta que acaba estallando. Ya van tres grandes burbujas desde 1998, la tecnológica, la inmobiliaria, y la actual, mezcla entre energética y de deuda soberana, la madre de todas las burbujas.

Las divisas y el precio del petróleo

El BIS muestra además su preocupación por ciertas dinámicas presentes en los mercados financieros. En primer lugar, constata lo que en su momento denominamos desde este blog la continua “guerra de divisas” de los distintos bloques comerciales, con el fin de “empobrecer al vecino”. Por otro lado, muestra su preocupación por la caída del precio del petróleo y de otras materias primas. Ambas dinámicas generan vulnerabilidades muchas veces olvidadas.

Las economías emergentes son muy sensibles a las condiciones cambiantes en los mercados financieros de materias primas y divisas internacionales. Los exportadores de productos básicos podrían enfrentarse a retos muy difíciles, especialmente los que están en las últimas etapas de fuertes auges de crédito y precios de los inmuebles (Brasil, por ejemplo), así como aquellos que han aprovechado la fuerte propensión al riesgo en los mercados financieros para financiarse en moneda extranjera. Entrarían en un círculo vicioso.

Si el ciclo de aversión al riesgo se consolidara en los siguientes meses, los inversores continuarían cerrando sus posiciones cortas en dólares, en torno a la cual se endeudaban para tomar riesgo en los mercados. Como consecuencia, el dólar continuaría apreciándose temporalmente, lo cual elevaría la carga de deuda de países emergentes. Pero el proceso iría más allá. Después de la crisis, en plena propensión al riesgo, los bancos internacionales han seguido aumentando sus préstamos a las economías de mercados emergentes, especialmente a China, que ascendieron a 3,1 billones dólares a mediados de 2014, principalmente en dólares estadounidenses. Y el total de títulos de deuda internacionales emitidos por las economías emergentes se situó en 2,6 billones de dólares, de los cuales tres cuartas partes eran en dólares. Se añade al apalancamiento del sector energético. La bomba de relojería está servida.

En esta dinámica no habría ninguna posibilidad de diversificación de riesgos. Las bolsas occidentales están carísimas, vean los análisis de GMO, también lo estarían las emergentes, no hay posibilidad de diversificación según estilos bursátiles (“value/growth”; “small/large”). Algo parecido ocurre con los bonos corporativos y soberanos. Si al final todo acaba estallando, la economía global entraría en recesión, La Segunda Fase de la Gran Recesión, y las materias primas continuarían colapsando. Entonces más de un banco sistémico global podría quebrar. Otra vez habría problemas de liquidez y solvencia. Y todo ello por obra y gracia de los Bancos Centrales.

Después de todo el dinero gastado en rescatar a quienes generaron la actual crisis sistémica, tras empobrecer masivamente a la población, resulta que finalmente volveríamos de nuevo al punto de partida, verano de 2008. ¿Quién asumirá entonces el coste correspondiente? ¿Quién tendrá el coraje de una vez por todas de acabar con el poder mafioso del dinero organizado? Estaremos atentos.


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