OPINIÓN

2018, año de inestabilidad económica y geoestratégica

2018, puede perfectamente pasar de la estabilidad al caos, sin que para ello haga falta dinámicas nuevas y complejas. Basta simplemente que continúen aquellas dibujadas tras la Gran Recesión.

2018, año de inestabilidad económica y geoestratégica.
2018, año de inestabilidad económica y geoestratégica. Gtres

El escenario económico y geoestratégico global para 2018 se caracteriza por la enorme debilidad e inestabilidad intrínseca asociada al propio sistema de poder y gobernanza global. Por un lado, no ha habido una estrategia de cooperación global que tuviera en cuenta las aspiraciones de la mayoría de la población. No aprendimos nada de la Gran Recesión. Todo lo contrario, se ha vuelto a una situación parecida a la Guerra Fría, pero con una probabilidad más alta de enfrentamiento directo entre las partes contendientes (Occidente versus Rusia-China). Pero hasta que eso llegue, éstas trasladan su conflicto a distintas zonas del planeta, que no dudan en arrasar (Libia, Irak, Ucrania, Siria…) en aras de los intereses de las élites de cada bloque. Por otro lado, y relacionado obviamente con lo anterior, las decisiones políticas y económicas tomadas por la inmensa mayoría de los gobiernos simplemente se han encaminado a mantener los privilegios de la élite dominante en sus respectivos países. Bajo estos mimbres no está garantizada ni la paz social, ni la paz económica, y mucho menos la ausencia de conflictos bélicos globales. Nos encontramos en uno de los momentos históricos de mayor inestabilidad desde la Segunda Guerra Mundial. Nos movemos en el filo de la navaja.

En la evolución dinámica de las distintas economías, en definitiva, nunca debemos olvidar, además de sus fundamentales internos, determinados aspectos relacionados con las dinámicas de poder. Por un lado, no podemos obviar las prerrogativas de clase, que nos permiten explicar el empecinamiento en la implementación de unas políticas económicas fracasadas. Su única justificación es defender los intereses de la clase dominante, la financiera, frente a la cual la élite política actual ha hecho pruebas consabidas de constante genuflexión. Pero además de las prerrogativas de clase, no debemos desdeñar los conflictos geopolíticos entre los distintos bloques de poder global.

2018, fragilidad e inestabilidad económica global

Los distintos indicadores adelantados sugieren una recuperación de la economía global, especialmente en los países emergentes. Sin embargo, la fragilidad financiera es muy elevada, de manera que la vulnerabilidad de la economía en su conjunto es máxima. Ello implica que, dada una previsión central, el escenario alternativo es el de riesgo, es decir, una desaceleración-recesión global. Los mercados financieros son más vulnerables que en 2007 y este riesgo endógeno no podemos obviarlo en las previsiones. Cualquier cisne negro podría activarlo e invalidar todas las previsiones que realicemos.

La fragilidad financiera es muy elevada, de manera que la vulnerabilidad de la economía en su conjunto es máxima

Ya conocen ustedes nuestra explicación de por qué hemos llegado hasta aquí. La puesta en práctica de la ortodoxia neoliberal ha generado unos costes sociales (pobreza, desigualdad) y económicos (descenso de la productividad del trabajo y del capital) inadmisibles e inasumibles. La inflación de activos, la deflación salarial, el endeudamiento global, las desigualdades, la delicada situación del sistema bancario y el apalancamiento masivo de los bancos sistémicos, son sus consecuencias, profundamente interrelacionadas.

Hubo dos fases bien diferenciadas. En la primera se compensó el vaciamiento de la economía, bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y la tasa de retorno del capital. Mientras duró, los beneficios empresariales se multiplicaron, a la vez que se deprimían los salarios. Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en una recesión de balances privados iniciándose la Gran Recesión.

En una segunda fase, en plena Gran Recesión, se subsidió, financió y rescató a terceros -bancos y acreedores- mediante una expansión de la deuda soberana, a la vez que se promocionaba la austeridad fiscal y la devaluación salarial en aras de la competitividad, lo cual era tremendamente injusto. Sin embargo, ello no se ha traducido en nueva inversión productiva, incluida la formación y remuneración adecuada de los trabajadores. Por lo tanto, hoy, en el 2018, la vulnerabilidad de la economía en su conjunto es máxima. Es cierto que esta burbuja puede engordarse más, lo que aumentará aún más la fragilidad global, pero hemos de ser consciente que tarde o temprano explotará.

Aspectos geopolíticos de cara al 2018

Los conflictos bélicos y tensiones geopolíticas de los últimos años reflejan la situación actual del mundo. Estamos en un mundo multipolar donde los otrora países occidentales ya no son los únicos jugadores relevantes, en gran parte por su declive económico, político y social. Son países cuya única forma de mantener el crecimiento económico es mediante burbujas financieras e inmobiliarias. Frente a ello destaca la pujanza de nuevas economías, las denominadas BRICS (Brasil, Rusia, Indica, China, a las que podríamos añadir Sudáfrica) que pese a sus problemas y desequilibrios, ofrecen un tremendo potencial. Por encima de todas ellas, destacan, por un lado, económicamente, China, quien a pesar de haber puesto las bases para ganar su particular guerra de divisas contra el dólar, es un ejemplo de libro de futura inestabilidad financiera “a la Minsky”; y, militarmente, Rusia.

Europa debería haber tomado la iniciativa y haber contribuido a la búsqueda de soluciones cooperativas globales encaminadas hacia una nueva arquitectura financiera global

En este escenario multipolar, Europa debería haber tomado la iniciativa y haber contribuido a la búsqueda de soluciones cooperativas globales encaminadas hacia una nueva arquitectura financiera global; el diseño de nuevos principios para el comercio transcontinental; la búsqueda de un acceso a la energía libre de conflictos; y el acercamiento Euro-BRICS como un embrión de la futura gobernanza mundial. Se trataba de recomendaciones muy fáciles de implementar y que hubiesen puesto las bases para que lo ocurrido en la última década no volviera a suceder, y que la inmensa mayoría de los ciudadanos entendían y apoyaban. El objetivo, en definitiva, era un mundo mejor. Pero no lo hizo, permitiendo de esta manera que nos encaminemos a un período de conflicto. 2018, en definitiva, puede perfectamente pasar de la estabilidad al caos, sin que para ello haga falta dinámicas nuevas y complejas. Basta simplemente que continúen aquellas dibujadas tras la Gran Recesión.

Espero y deseo fervientemente que no se cumplan ninguna de estas preocupaciones, y que sean simplemente el fruto de una pesadilla de una noche fría de invierno. Les deseo a todos ustedes, un feliz Año 2018 y que alcancen todos sus sueños y anhelos.


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