Desde la heterodoxia

Un alegato contra el pensamiento único

Es necesario, hoy más que nunca, presentar y dar a conocer a la ciudadanía que existe un antídoto contra el “pensamiento único”. Se trata de la economía postkeynesiana. Desde diversas escuelas económicas dominantes, los nuevos clásicos y monetaristas trasnochados, se quiere confundir al personal y meter a todos los keynesianos en el mismo saco.

Dichas escuelas, por cierto, aún no han pedido disculpas a la ciudadanía por la falsedad de las hipótesis básicas a partir de las cuales se elaboran sus teorías y recetas, y que nos han llevado a la actual crisis sistémica. Desde los mercados financieros hace ya mucho tiempo que se especula contra la hipótesis de mercados eficientes, las expectativas racionales, la exogeneidad del dinero y la ecuación monetaria de Milton, y un largo etcétera de falsedades ortodoxas.

La mayoría de los keynesianos de hoy en día se encuadran dentro de la ortodoxia dominante, y comparten con ella lo que Axel Leijonhufvud llamaba los presupuestos o conceptos esenciales de una escuela de pensamiento que no pueden ser formalizados, y que son previos a la constitución de hipótesis y teorías. Dentro de estos keynesianos, que han abrazado al pensamiento único, englobamos a los denominados keynesianos de la síntesis, que son los que se estudian en las universidades. El postkeynesianismo más radical califica a los mismos como bastardos keynesianos.

El actual “pensamiento único” o “consenso de Washington” propugna políticas económicas basadas en la austeridad, liberalizaciones, y privatizaciones, con el fin de eliminar la inflación, preservar el tipo de cambio, incrementar la tasa de crecimiento de la productividad, y crear puestos de trabajo estables. Si bien los fines u objetivos pueden ser idóneos, no así los medios.

La ortodoxia dominante propone una serie de recetas económicas basadas en un conjunto de “verdades indiscutibles”, cuando en realidad no representan nada más que juicios metodológicos previos, de carácter ideológico.

Propugnan Bancos Centrales independientes, cuando en realidad la FED, el BCE, o Banco de España, sólo han servido, y siguen defendiendo, a la élite dominante que ha generado la crisis actual, el lobby bancario.

Recomiendan una combinación de sindicatos débiles, mayor flexibilidad del trabajo, y congelación y reducción de salarios, cuando en realidad los países de mayor formación, prosperidad económica, y menor corrupción se caracterizan por lo contrario: participación de los sindicatos en la gestión empresarial, altos salarios, y mayor protección del empleo.

Exigen una reducción de los servicios públicos e impuestos, cuando en realidad aquellos países desarmados fiscalmente y con servicios públicos mediocres es donde más golpea la crisis. Dos ejemplos: España y Grecia.

La ortodoxia dominante clama la cuasi desaparición de los déficits públicos, y fija límites a la deuda pública. Pero, ¿acaso se han enterado de que en España, Reino Unido o Estados Unidos la deuda privada es superior al 300% del PIB, y que los errores de asignación de recursos del sector privado están detrás de la brutal crisis actual?

Para rematar consideran que es necesario la privatización de numerosas empresas públicas y el desmantelamiento de numerosas reglamentaciones que regulan mercados para que estos sean más flexibles. ¿Han cogido alguna vez el transporte público en Reino Unido o Estados Unidos? ¿Los ciudadanos españoles han visto mejorar los servicios de luz, gas, electricidad o teléfono, antiguos monopolios naturales?

Frente al pensamiento neoliberal se está construyendo una nueva teoría alternativa que contradice los principales preceptos de la Teoría Neoclásica, utiliza fundamentos microeconómicos diferentes, mucho más realistas, y cuyas teorías macroeconómicas se plasman en políticas económicas que difieren radicalmente de aquellas que se inspiran en fundamentos microeconómicos clásicos.

Y es aquí donde se encuadra la Escuela Postkeynesiana, quien pone en cuestión ciertos “mitos” derivados de la aplicación elemental de la Teoría Neoclásica. Los postkeynesianos defienden que un incremento de la demanda no produce necesariamente un alza de precios. Un incremento del salario mínimo o del salario real no produce un incremento del paro. El aumento del salario real no acarrea la disminución de beneficios de las empresas. La disminución de las tasas de ahorro no provoca una caída de la inversión, ni la moderación del crecimiento, ni la subida de los tipos de interés (la paradoja del ahorro). La flexibilidad de los precios no lleva necesariamente a la economía hacia el equilibrio óptimo.

Frente a la idea de ciencia "lúgubre” asociada a la economía tradicional, donde la sociedad debe sufrir, ser austera, y someterse a una desenfrenada competencia para alcanzar el bienestar, se considera que la cooperación y superación de “relaciones conflictivas” lleva a mejores resultados. La “escasez” es una construcción intelectual que debe ser superada.


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