Desde la heterodoxia

¿Y ahora qué, Rajoy?

La Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2012, junto a las medidas urgentes para la corrección del déficit público de finales de 2011, la reforma del mercado laboral, y la reforma del sistema financiero, constituyen los pilares básicos de la política económica del nuevo gobierno. En el mejor de los casos son fruto de una tremenda improvisación, y de un profundo desconocimiento de cuál es el problema real de la economía española. Sin embargo tras las distintas medidas adoptadas en realidad se oculta y protege a la clase dominante, la financiera, para que sea la sociedad quien pague sus desaguisados.

Serán los ciudadanos quienes paguen en última instancia con sangre, sudor, y lágrimas los excesos de estas élites. Cómo. Ya lo sabemos, a través de recortes salariales, aumentos de impuestos, y un deterioro de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación. Las élites no los necesitan, la acumulación de plusvalías les permite acceder a los mismos pagando.

Sin embargo, hay algo todavía peor desde un punto de vista de la higiene democrática. Los políticos se han acostumbrado a tratar a los ciudadanos como niños, y a mentirnos de manera descarada. Rajoy y su gobierno están haciendo exactamente lo contrario a lo poquito que dijeron que iban a hacer si llegaban al poder. Y no vale refugiarse en la herencia recibida, ya que la mayoría de sus comunidades autónomas no son ningún ejemplo de buen hacer.

Los mercados financieros han encontrado un filón

El ejecutivo y sus aduladores se preguntan aún atónitos como los mercados financieros pueden tener tan poca consideración con un gobierno tan ortodoxo como el suyo. ¡Pero si les estamos dando lo que quieren!

Se equivocan, los mercados no piden nada. Son por definición especulativos. El objetivo último es ganar dinero. Y los mercados financieros han encontrado un tremendo filón en su política económica. El hundimiento económico al que nos va a llevar las medidas implementadas por el ejecutivo hace insostenible el volumen de deuda privada y pública existente, al margen del nivel del coste de la deuda.

Como consecuencia, leña al mono, nuevos ataques a nuestro maltrecho sistema financiero, a la deuda soberana, a nuestra bolsa, al Euro, y entramos en la tormenta perfecta: hundimiento del crecimiento económico y aumento de la carga financiera. ¿Y ahora qué señor Rajoy? ¿No era todo cuestión de confianza?

Política presupuestaria encaminada a reducir el déficit público

La política presupuestaria del actual gobierno tiene como objetivo último reducir el déficit público. El FMI en un estudio reciente, bajo el título “Expansionary Austerity: New International Evidence”, concluye que todos aquellos ajustes fiscales encaminados a reducir el déficit presupuestario tienen fuertes impactos contractivos en las economías que los implementen.

Pero es que además la reducción del déficit se basa en recortes en inversión, lo que presenta un doble problema. Por un lado, hunde más nuestro crecimiento económico. Por otro lado, es puntual y no recurrente, lo cual obviamente no gusta a los acreedores, que prefieren recortes en gastos corrientes, con tal de cobrar sus préstamos.

Ello se adereza con medidas ocurrentes como la anunciada amnistía fiscal. Pero ¿aún no se han dado cuenta que desde junio de 2011 los españoles de más poder adquisitivo, temerosos de la salud de los bancos y del euro, han reducido sus inversiones en instrumentos domiciliados en nuestro país por un valor próximo a los 58.000 millones de euros?

Reforma del sistema financiero: una oportunidad perdida

Es curioso, el único punto donde los dos partidos grandes se han puesto de acuerdo es en la reforma del sistema financiero. En realidad defienden a la élite financiera. Dicha reforma era fruto de la improvisación y de la presión del lobby bancario en contra de un banco malo donde pagaran los platos rotos la gerencia, la propiedad y los acreedores. Como ya detallé en un blog anterior tanto en el procedimiento utilizado, la cuantía de saneamiento estimada, así como en los aspectos técnicos desarrollados eran un despropósito.

La mayoría de los bancos privados, en sus actuales circunstancias, no son instrumentos validos para canalizar el ahorro hacía inversiones a largo plazo. En el caso español, además tampoco existen instrumentos públicos que realmente puedan impulsar la reasignación de excedentes de capital hacia el futuro debido a las presiones a las que se están viendo sometidos distintos Estados, entre ellos el nuestro. En definitiva sigue sin solucionarse el principal problema de nuestra economía: la insolvencia bancaria, que al final acaba arrastrando a la deuda soberana.

Reforma laboral: nos alejamos de Europa

Con la reforma laboral del gobierno del PP, en nombre del internacionalismo moderno y de las mentiras de la competitividad, además de abaratarse el despido, los trabajadores pierden la mayoría de sus derechos. La élite política y económica en vez de promover el talento, la innovación y el emprendimiento, ha decidido para el futuro de nuestros hijos, otra cosa bien distinta.

¿Sabe Rajoy lo que está pasando en Finlandia o en Alemania a nivel laboral? Me temo que no. Finlandia toma medidas para proteger mejor a sus trabajadores. Los asalariados temporales dispondrán de las mismas condiciones mínimas y términos de protección que los empleados de la empresa a la que han sido incorporados. Se incluye además medidas de mayor protección sanitaria y de seguridad con el objetivo de ayudar a los empleados a quedarse el mayor tiempo posible como población activa. En Alemania, tras dos semanas de huelgas ininterrumpidas en el sector público y en el sector servicios, el Gobierno federal anunció el sábado 31 de marzo una fuerte subida salarial del 6,3%. Igualito que en España.

Intereses de clase e insolvencia bancaria

Si el problema de la economía española es la deuda y como corolario la insolvencia bancaria, por qué narices se opta por restricciones fiscales o ajustes salariales. Básicamente por la presión de la clase dominante, la financiera, para que sea la sociedad quien pague sus desaguisados. El sistema bancario, a través de sus diferentes miembros, constantemente propone y aplaude duros ajustes para la economía española. Resulta curioso como después de las tropelías que han cometido exijan sin ningún rubor sangre, sudor y lágrimas al resto de los ciudadanos.

El ingrediente más importante para una recuperación económica sostenida es la reforma de los abusos que permitieron una burbuja espectacular, una mala asignación del capital productivo, y los efectos negativos de los monopolios y los fraudes financieros en la economía real. Y de esto, Rajoy, ni una palabra, ¿verdad?


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