Desde la heterodoxia

¿Se acaba la fiesta de los bancos centrales?

En este blog, en comparación con el consenso del mercado, siempre hemos sido más negativos respecto al ciclo económico global y, muy específicamente, respecto a la economía española. Desde un principio, y a diferencia de la ortodoxia, hemos mostrado nuestra preocupación por las dinámicas de deuda, la situación del sistema financiero occidental, y los efectos frenadores de la política monetaria.

Nuestra auténtica preocupación es el estallido de la actual burbuja financiera, derivada de una política monetaria irresponsable, que pondrá de nuevo encima de la mesa el origen y causa de la crisis: un brutal volumen de deuda impagable, la insolvencia del sistema bancario occidental, y la concentración de riqueza en unas pocas manos.

Los Bancos Centrales, capitaneados por los inefables Allan Greenspan y Ben Bernanke, han tenido que “engañar” repetida y deliberadamente a los inversores. Ocultar la realidad se ha convertido en una habilidad clave requerida en la descripción del trabajo de un banquero central. Revelar el verdadero estado de las finanzas nacionales en momentos en que se avecina una posible crisis financiera implicaría la pérdida inmediata de la práctica totalidad de las reservas del banco central.

Las mentiras de la política monetaria

En la actualidad, en las economías desarrolladas, cuando los banqueros centrales se comprometen a objetivos de inflación o aseguran a sus países que pueden evitar las crisis financieras o reactivar el crecimiento económico, nadie los culpa cuando estas promesas resultan ser completamente falsas. Pues bien, a pesar de un largo registro histórico de promesas y compromisos incumplidos, los bancos centrales gozan de más respeto y confianza que cualquier otro funcionario público. En la actual crisis sistémica tienen mucha más culpa que los políticos de turno.

Ahora mismo, de nuevo, nos están engañando. Olvídense de la situación de los países emergentes, son cortinas de humo. El problema de fondo ha sido una nueva ola de incertidumbre sobre perspectivas económicas globales, y muy en especial sobre el compromiso de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) y otros Bancos Centrales importantes para seguir estimulando el crecimiento económico.

Cuando los mercados financieros entraron en pánico en mayo del año pasado en respuesta a las sugerencias de que la Fed podría reducir gradualmente el estímulo monetario, Bernanke tuvo que retractarse, prometiéndoles que no iba a aumentar los tipos de interés al menos hasta 2015. Después de esta garantía, los mercados, como niños, se calmaron y el proceso de disminución gradual de los estímulos comenzó con bastante calma a finales del año pasado. Pero este mes las rabietas de los mercados financieros se han vuelto a reactivar, incluso antes del comienzo de la siguiente etapa del estrechamiento monetario anunciado el miércoles pasado por la propia Reserva Federal. En realidad, la continuación del estímulo y el dinero fácil son las únicas políticas económicas que sirven a los intereses institucionales de la Fed y otros Bancos Centrales Pero la historia sugiere que tales promesas pueden no ser creíbles. Cuando eso ocurra ya no habrá muro de contención. Veamos el porqué.

Dinámicas de deuda y economía real

Dado que el crédito bancario crea dinero y el pago de la deuda lo destruye, la variación de la deuda juega un papel integral en la macroeconomía variando dinámicamente el nivel de la demanda agregada. La omisión de incorporar este factor en los modelos económicos es la razón de que estos modelos no advirtieran de los peligros de la brutal acumulación de deuda privada desde 1993, cuando la recuperación financiada con deuda de la recesión de 1990 llevó el nivel agregado de la misma más allá del pico causado por la deflación en la década de 1930.

Es también la razón por la que la ortodoxia no previó la crisis que comenzó en 2007, y en su lugar continuó prediciendo que, como afirmaba la OCDE en junio 2007, "la situación económica actual es en muchos sentidos mejor que lo que hemos experimentado en años... Nuestro pronóstico central sigue siendo de hecho bastante benigno". Los responsables políticos que confían en los principales economistas como expertos sobre el funcionamiento de la economía no recibieron advertencia alguna acerca de la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Por tanto, la ausencia de la dinámica de la deuda privada por parte de la profesión económica ha generado un enorme daño social y económico. Y ello, obviamente es lo contrario de la meta deseada por la teoría y la política económica. Si la teoría y la política económica han de cumplir su función prevista, es imperativo que se reformule de nuevo una macroeconomía donde los bancos, el dinero y la dinámica de la deuda jueguen un papel integral.

Por eso, cuando los mercados financieros estallen, las dinámicas “olvidadas” de acumulación de deuda adicional durante la crisis –véase España, Reino Unido, Estados Unidos…- reaparecerán otra vez con nitidez. Entonces se iniciará la siguiente fase de reducción de deuda que nos llevará de nuevo a una recesión global. Y todo, como advertimos desde estas líneas, por no reestructurar de manera coordinada una deuda privada de Occidente que no se va a poder pagar y que, por errores de política económica, ha acabado contaminando a las deudas soberanas.


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